3 març 2015

González Ledesma, entre la novela negra y el quiosco


El escritor fallece a los 88 años Pionero del noir y creador del comisario Méndez, escribió cientos de novelas del oeste con el seudónimo Silver Kane
Abogado, periodista, guionista e icono de la novela negra. Esas son algunas características que definen a Francisco González Ledesma, pero el escritor fallecido ayer era ante todo un hombre humilde, generoso y bonachón, curtido en la dura posguerra y al que el franquismo le acusó de «rojo y pornógrafo».

Nacido en Barcelona en 1927, González Ledesma con 21 años ganó el Premio Internacional de Novela con Sombras viejas, un libro que no pudo publicar en 1948 por la censura franquista y que le llevó a escribir bajo el pseudónimo de Silver Kane. Un nombre con el que firmó más de 400 novelas del Oeste entre los años 50 y 70. Novelas de pistoleros, damas de salón, indios, cementerios, caballos y sheriff que se vendían en los quioscos de pipas disputando el espacio a Manuel Lafuente Estefanía o Corín Tellado.

Un género que volvió a recuperar en 2010, cuando publicó con 83 años La Dama y el recuerdo, para rendir homenaje a una buena parte de su vida, a esas novelas que le dieron «juventud» y «emoción» y algo de dinero. «Esas novelas me dieron dinero», decía.

«Se vendían muy bien porque no había televisión y la gente se entretenía», explicaba en una entrevista con Efe, en 2010, González Ledesma. Novelas baratas de las que se llegaron a vender 60.000 ejemplares al mes, en una España en blanco y negro y que eran alimentadas de «ingenuidad, rapidez y entusiasmo».

Ledesma cobró por su primera novela 150 pesetas que le pagaron a plazos. Tiempos grises en los que el joven escritor tenía que imaginarse un Oeste que nunca había visitado viendo películas, aunque luego, llegada ya la democracia, sí que pudo visitar el Oeste americano.

Pero este escritor de mil caras, nacido en el barrio de Poble-Sec, en la calle Tapioles y que comenzó trabajando en la editorial Bruguera, escribió con otros seudónimos: Enrique Moriel, extraído de uno de uno de los personajes de su primeras novelas, o el de Rosa Alcázar, con el que escribió literatura romántica.

Como periodista trabajó en El Correo Catalán y después en La Vanguardia, y en ambos fue redactor jefe. En 1966 fue uno de los doce fundadores del Grupo Democrático de Periodistas, asociación clandestina durante la dictadura en defensa de la libertad de prensa. Pero el que hoy sea uno de los pioneros e iconos de las novela negra junto a Vázquez Montalbán y por lo que será recordado es por su comisario Méndez, personaje con el que comenzó una serie que inició en 1983 con Expediente Barcelona y con la que quedó finalista al Premio Blasco Ibáñez. Un año después llegaría su consagración definitiva con el Premio Planeta por Crónica sentimental en rojo.

El comisario Méndez paseó su particular manera de hacer por las páginas de todas sus novelas: Las calles de nuestros padres (1989), La dama de CachemiraHistoria de Dios en una esquina (1991), El pecado o algo parecido (2002) y Una novela de barrio (2007). A estos títulos siguieron No hay que morir dos veces (2009), Barcelona Noir (2011) y en 2013 publicó Peores maneras de morir, la última entrega de su inspector, ya envejecido y paseando por una ciudad que casi no reconoce. En 2014 salió a la venta su última creación, El adoquín azul, una novela corta en la que relata el cao de una víctima de la brigada político-social del franquismo.

Carmen Sigüenza. Información, 3 de marzo de 2015