El francés Leo Malet escribió una historia por cada distrito de París.
3 de març 2015
Francisco González Ledesma: El autor que se pateaba las calles
El francés Leo Malet escribió una historia por cada distrito de París.
6 de febr. 2013
En un racó de comissaria
2 de gen. 2008
Zorro viejo
Lilian Neuman
Francisco González Ledesma
Una novela de barrio
RBA
297 PÁGINAS
19 EUROS
PREMIO INTERNACIONAL DE NOVELA NEGRA
Que triunfe el vencido, que nadie olvide una ciudad que ya no existe y de la que quedan algunos supervivientes, entre ellos uno de honor: el inspector de policía Méndez. Siempre a punto de la jubilación, este zorro viejo es testigo de la desaparición del Barrio Chino ("se han ido las madames y han llegado los dentistas") y, pese a ser expedientado una y otra vez y tener su escritorio cerca del retrete, es quien le ha dado importantes premios a su autor como protagonista de Crónica sentimental en rojo y El pecado o algo parecido (premios Planeta y Hammett) y de Cinco mujeres y media (Prix Mystère de la crítica francesa), y ahora este premio Internacional de Novela Negra que no viene más que a ratificar lo que sus seguidores sabíamos: la serie de este policía compone, entrega tras entrega, una gran novela sobre Barcelona. Tan fiel, negra, sarcástica, combativa y fidedigna; toda ella desfilando como un río en la mirada de astuta serpiente de este solitario que se va quedando sin viejas amigas prostitutas para sentarse a charlar.
La escena del crimen es un piso que alguna vez fue una célebre casa de citas. Es un asesinato a sangre fría que sacude al lector desde las primeras páginas. Aunque madame Ruth hace años que se fue de allí y subió de categoría, tiene mucho que decir sobre este caso.
Prostitutas redimidas, la dura calle que aguarda más allá de las paredes de los servicios sociales, guardaespaldas solitarios y un abogado arruinado y corrupto. Un caso a la medida de Méndez, tozudo y valiente, que no descansa hasta dar con la verdad. Una verdad que se sustenta en la venganza, que tiene en vilo al lector hasta la última página. No confundirse: Méndez es filósofo afilado, pero sobre todo es hombre de acción: en medio del fuego cruzado entre el vengador y su futura víctima –y en medio de esta gran reflexión sobre la paternidad y la orfandad– está él, lento de reflejos, pero hábil y sagaz como un chaval que no soñó nunca con conseguir, nada menos, que el vencido algún día pueda ser vencedor.
Hay quienes siguen ignorando que detrás del legendario nombre de Silver Kane se escondía aquel joven escritor llamado Francisco González Ledesma (1927), que debía ganarse la vida de algún modo, para acabar sus estudios de Derecho. El único modo que la censura franquista le permitió –escribir novelas de aventuras a ritmo vertiginoso, bajo un pseudónimo norteamericano– después de haberle asestado un golpe que no cualquiera habría sabido encajar: prohibir la publicación de su novela ganadora del premio José Janés, en 1948 (con Somerset Maugham entre los miembros del jurado).
Recuperada ahora por Destino, Sombras viejas tiene como principal personaje a un joven llamado Enrique Moriel; nombre hoy muy famoso con el que González Ledesma firmó su exitosa novela La ciudad sin tiempo. Moriel, en esos oscuros años, era un joven que se enfrentaba a un futuro controvertido y duro. Y es notable, sesenta años después –con Moriel como autor de la narración de un vampiro solitario que lo sabe todo de nuestra ciudad–, leer lo que en su día predijo para él su creador: "Un hombre alcanza su plenitud cuando observa a sus semejantes desde un lugar solitario". "Y él deseaba que algún día sus semejantes dijeran: Ése es el único que ha sabido observarnos bien."
La Vanguardia, 2 de enero de 2008
24 d’ag. 2005
El inspector Méndez y las mujeres
Cinco mujeres y media
Planeta
390 páginas
20,50 EUROS
Lilian Neuman
Mujeres de armas tomar, mujeres de clase alta, mujeres muertas de miedo, mujeres aplastadas por sus maridos, mujeres cultas y reservadas, mujeres sin esperanza. El título hace justicia a su contenido, porque todo lo que aquí sucede está vinculado al talante femenino. Un tema que a este inspector de policía del Raval desplazado por sus superiores y acostumbrado a la soledad le sigue interesando, y mucho.
Hace dos años, Francisco González Ledesma (Barcelona, 1927) publicó su anterior entrega protagonizada por este cansado pero vivaz inspector que no ha encajado ni le ha caído bien a nadie, y a la vez ha caído tan bien a todos. Cuando el franquismo, Méndez tenía el detalle de ir a avisar a los disidentes que serían objeto de una redada, también llevaba libros a los rojos que estaban en la cárcel. Bajo cualquier régimen, este hombre de mal vestir y bolsillos cargados de libros se ha dedicado a reivindicar prostitutas, a reinsertar chorizos y a defender lo que en ese momento no tocaba defender. En la excelente El pecado o algo parecido - ganadora del premio Hammett-, la ciudad de Barcelona era un personaje de tanto peso como el mismo Méndez. Una ciudad que se le va desintegrando a este caminante infatigable, que ya no deja sitio para las putas fieles ni los que creen en lo inútil. En esta nueva novela, a esta ciudad se le cae del todo la máscara. Detrás de ella está la caída de la industria textil, por ejemplo, en beneficio del bluff inmobiliario. Detrás de la belleza que busca el turista y que en nada se asemeja a la belleza que Méndez busca en su barrio de siempre, un grupo de mujeres muy diversas parecen estar de acuerdo para dinamitar algunas cuantas cosas. Cada una a su estilo y a su aire.
Una muchacha de clase modesta ha sido violada y asesinada. Y su hermana gemela corre el mismo peligro. Los atacantes andan sueltos y, para peor, los defiende el mismo bufete que representa a El Corte Inglés. ¿Qué ocurre con la justicia? ¿Cómo es que deja en libertad a violadores reincidentes y que acaban de demostrar su intención de reincidir? La policía hace su trabajo, pero Méndez hace el suyo, y muy bien.
Es un verdadero placer leer a González Ledesma, escritor de sorprendente trayectoria, periodista que, como Méndez, pateaba las calles. Esta reseña debería dedicarse a citar todas y cada una de las frases célebres y amargas que se desgranan en esta historia de fatalidades de clase - la pobre y la adinerada cargan con su respectiva cruz-, de memeces políticas y ricachos espeluznantes. Se le podría reprochar que en esta novela de compleja trama el propio Méndez quede un poco en segundo plano, sobre todo hacia el final del libro. Pero también es cierto que con las mujeres que desfilan por aquí, no hay Méndez que valga.
De todas formas, permítame el lector transmitir mi alegría moral y estética con una sola cita, en el momento que Méndez se encuentra con una de las cinco mujeres y media que lo tendrán a maltraer: "Las mujeres como usted me fascinan, aunque sea enun terreno puramente literario, que por otra parte suele ser el más real de los terrenos posibles. Una chica como usted, que tiene ventana a un jardín privado donde dejan entrar a los pájaros de buena familia, pero no dejan entrar a los poetas. ¿Para qué iban a hacerlo, si a lo peor un poeta se enamoraba de usted?"
La Vanguardia, 24 de agosto de 2005
29 de gen. 2003
Banqueros y curas
Francisco González Ledesma
"El pecado o algo parecido"
PLANETA, 423 PÁGINAS, 18 EUROS
Lilian Newman
Francisco González Ledesma nació a pocos metros de Manuel Vázquez Montalbán. Es una muy buena coincidencia que el creador del detective Carvalho y el creador de Méndez –que empezó a escribir a los doce años– hayan tenido de primer escenario real el Poble Sec. Y también la Barcelona que llega a la Rambla,y que por partes se resiste a ser jubilada, como el viejo policía de apellido soso, escogido adrede, acorde a un individuo fácil de ser considerado trasto inútil: en el cuerpo ni siquiera se toman el trabajo burocrático de echarlo y enviarlo a la jubilación de una vez.
Ganador del premio Planeta 1984 con "Crónica sentimental en rojo", autor de otros libros como "El expediente Barcelona" y "La calles de nuestros padres", autor celebrado en Francia, hay algo impresionante en este texto, y de entrada: si bien la narrativa negra tiene como propio el lenguaje descarnado y la ironía, aquí la escritura es de una virulencia enardecida y la ironía es feroz. La edad biológica de un escritor no es señal segura –o mecánica– para determinar su talante. Lo cierto es que este libro muevea dedicar un aparte a la biografía del creador de Méndez.
Francisco González Ledesma nació en 1927, fue un niño que sobrevivió con su humilde familia a la Guerra Civil, un escritor prohibido por el franquismo. Ganador del premio Joven Literatura creado por José Janés, su problema fue que aquello sucedió en 1948 y "Sombras viejas" no pasó la censura. El libro contaba la historia de un estudiante de izquierdas. Su autor también lo era, y para costearse la carrera de Derecho –y para seguir escribiendo bajo un régimen político que no iba a dejarlo en paz– se dedicó a la narrativa popular, en la esplendorosa época de la editorial Bruguera: se convirtió en Silver Kane.
Hoy la virulencia de su escritura es, eminentemente, joven. En este texto bravucón y elaborado, Méndez está en las últimas, en el cuerpo policial no lo quiere nadie y la Barcelona que él conoció tiene que buscarla con el olfato: "Había nacido la nueva Barcelona, la nueva Rambla de ejecutivos, y había desaparecido la vieja Rambla de los camioneros, pero también la de los poetas". Sus tiempos de policía poco recomendable y sus amistades con prostitutas y gente tirada forman parte del pasado. Y aquí está él, un investigador de raza al que, pese a su obsesión por ir detrás de la verdad, no sólo no le encargan que descubra un caso de asesinato, sino que tiene que acudir inmediatamente a taparlo.
Un señor de casa buena de Madrid es asesinado en un burdel de alto nivel, con una lista de teléfonos ilustres, "incluido alguno de la Moncloa". Méndez llega a "tapar" el asunto, algo esperpéntico, porque hay testigos que han visto que el cadáver era transportado por dos clérigos. Además hay una viuda y una criada incomprensibles, y remotas relaciones que la agudeza de Méndez empieza a hilvanar. Esto es el principio de una serie de muertes. De Madrid a Barcelona, un poderoso banquero campea como un ego blindado detrás de una serie de asesinatos brutales y una red de viejos y nuevos engaños, con guardaespaldas ambiguos y prostitutas rehechas. El talante de la policía actual no hace más que insistir en que Méndez "tape", y Méndez, a costa de sus propios ahorros, y por libre, investiga más y más.
En esta novela que se fuga a los restos del pasado y describe espléndidamente el mundo de ciertos ricos actuales –y describe un mundo actual en donde el antiguo régimen reaparece disfrazado de modernidad–, no queda una sola institución en pie. Sería de lamentar que Méndez se retirase del todo, en lugar de que su autor –en tan buena forma de púgil peso pesado– le dé una nueva oportunidad.
La Vanguardia, 29 de enero de 2003


