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7 d’abr. 2010

Ciudadano Silver Kane

González Ledesma regresa a la literatura del Oeste, un género que vuelve a cabalgar

MARTÍN OLMOS.

Valle Inclán solía decir: «Una idea la puede tener cualquiera, pero a ver si pinta usted un gitano con una burra». Francisco González Ledesma aprendió a pintar estampas calés a la fuerza, para quitarse el hambre de la posguerra dura y poderse pagar los estudios de Derecho con los que encarar con algo más de cintura el futuro imperfecto. Cambió al gitano de aceituna por el pistolero de la llanura, de nombre Bill, de apodo Tex, parco de verbo, generalmente taciturno y suelto de colt, y a la burra la ascendió a caballo mesteño, que a veces se llamaba Diablo y acudía al silbido. Se vistió con un nombre gringo y se puso al tajo, con una olivetti, mirando al Mediterráneo, cobrando a plazos, y firmó las cuatrocientas novelas de un oeste que se vendía a duro en los portales de las chucherías, con los Celtas sueltos y los palos de regaliz. A un millón de kilómetros de Arizona.

Como Francisco González Ledesma no existía, tuvo que existir Silver Kane. O más bien, a Francisco González Ledesma, como escritor, no le dejaban existir por ser, según la censura franquista, rojo y pornógrafo, así que se tuvo que poner a tramar balaceras de yanquis de la frontera sin pararse mucho a florearlas, porque le tocaban a dos novelas por semana. A ese ritmo, o se aprendían trucos o se quedaba uno en la cuneta: una bala era una bala, como la rosa de Gertrude Stein, o, apurando mucho, un proyectil, y ahí se acababan los sinónimos.

Ledesma le contó a Fernando Sánchez Dragó que durante un apagón que duró horas, de los frecuentes que había en Barcelona, tuvo que subirse al tejado para rematar una novela a la luz de la luna y cumplir a la mañana siguiente con el plazo de entrega.

Ahora Silver Kane ha regresado. Cuarenta años después aparece editada por Planeta una nueva entrega, 'La dama y el recuerdo', y González Ledesma mantiene vivo el seudónimo.

Seguramente, las novelitas de quiosco fueron lo más parecido que hubo en España a las publicaciones 'pulp' norteamericanas. Se envolvían en portadas abigarradas pintadas al guaché y metían anuncios de crecepelo en la página del final. Eran la literatura de los pobres, de la que los académicos decían que era como el agua mineral, que bebas la que bebas, siempre sabe igual. Generalmente ni se compraban, sino que se cambiaban en el cajón de la tienda, con lo que muchos ejemplares ostentaban las marcas del lector, como un hierro de res, para distinguir las leídas, igual que un ex libris pero pragmático y sin pretensión, más que nada para no repetir el tiroteo.

División por géneros

Se dividían según el género, fuesen de marcianos o del FBI, pero, aparte de los romances de azúcar de Corín Tellado y Carlos de Santander, las que más abundaban eran las del Oeste, de las que había tanta producción (porque existía la demanda) que tuvieron que ordenarse en colecciones.

Además de Silver Kane, que se ocupaba de las de Bravo Oeste, Clark Carrados escribía las de la serie Bisonte, Keith Luger las de Ases del Oeste, Donald Curtis las de California y, claro, Marcial Lafuente Estefanía, que debía tener tres manos derechas, las de Texas, Kansas y Bufalo.

Detrás de esos nombres de matón de Abilane había estajanovistas del colt que escondían muchas biografías de hambre y represión. Encima de la tecla rápida, detrás del argumento fugaz y la avaricia en el adjetivo, estaban los jueces castigados, los arquitectos sin proyecto y hasta el letrista de 'El último cuplé', al que no le daban otro trabajo. Estaban los que perdieron. Edward Goodman era el periodista anarcosindicalista Eduardo Guzmán, que había levantado la noticia de los sucesos de Casas Viejas, y Keith Luger era Miguel Oliveros Touan, antiguo funcionario del ayuntamiento de Valencia.

Marcial Lafuente Estefanía era ingeniero y había sido general de artillería en el Ejército republicano, y había visto de muy cerca un pelotón de fusilamiento, desde la parte menos saludable de la formación. Luis García Lecha era funcionario de prisiones cuando conoció a Francisco González Ledesma en la Modelo, donde éste se guardaba del sol, y le ayudó con alguna trama hasta que se puso por su cuenta, pidió una excedencia, y se convirtió en Clark Carrados y en Louis G. Milk (Lecha por Milk, seguro que lo han pescado). García Lecha era el único franquista de la cuadra, lo que venía muy bien al resto cuando requerían un favor por haberse metido en un apuro. Lecha cumplía, igual le daba el bando, honor de pistoleros. Como la naturaleza imita al arte, era como en los westerns de Hollywood, en los que los combatientes derrotados de la Confederación tenían que buscárselas con el revólver con la necesidad vital de ser rápidos.

Desde el Poble Sec

Francisco González Ledesma nació en Barcelona en 1927, y se crió en el barrio del Poble Sec, entre la montaña de Montjuic y el puerto, en donde también nació Serrat y la mitad del grupo Los Mustang. El nombre de Pueblo Seco le venía porque hasta 1894 no pusieron en la zona ni una fuente. La avenida del Paralelo lo separaba del Barrio Chino, con lo que la zona andaba surtida de faroles rojos y cabarets, y de muchachos que veían de farra el amanecer.

González Ledesma estudió con los Escolapios, que tenían la mano larga, y en el instituto Balmes, en donde recibió clases de Guillermo Díaz-Plaja, se merendó la biblioteca de su tío y empezó a escribir. En 1948, con 21 años, ganó el Premio Internacional de Novela de José Janés con la obra 'Sombras viejas'.

A William Somerset Maugham, que formaba parte del jurado junto a Walter Starkie, le gustó tanto que le dijo que era el mejor novelista joven de Europa; sin embargo, la censura prohibió su publicación y afirmó que Ledesma era un «rojo subversivo y un pornógrafo», no le metió en la cárcel por un pelo y le cerró las puertas de todas las editoriales. Tenía tantas posibilidades de sacar un libro como de salir vivo del saloon de Dodge City después de pedir leche con galletas. Así que nació Silver Kane para llenar de tiros los quioscos y entretener a los viejos en el parque, y a los quintos de imaginaria, y a los porteros de finca. Y a los marinos, a los golfos y a los que iban en el tranvía. Como ha escrito Javier Pérez Andujar, «una de las diferencias más maravillosas que hay entre la literatura y la subliteratura, es que ésta última sí que se compra para ser leída».

Francisco González Ledesma ha recordado con frecuencia sus tiempos de destajista, unas veces con melancolía y otras no, reconociendo que fue una buena escuela para aprender la arquitectura de la novela, pero también una vida de perros, lejos de la bohemia y más cerca del tajo a porcentaje.

Las reglas eran estrictas y los plazos cortos, los buenos tenían que ser de una pieza y ganar al final, las mujeres virtuosas y los malos a la cárcel, los diálogos de patíbulo, los revólveres ladraban y los hombres gruñían y, a veces, hasta exclamaban.

La violencia era la marca del rancho, sin medias tintas, el enterrador no paraba. «¿Qué has venido a buscar aquí?», «Vengo a hacer liquidación», «¿Liquidación de qué?», «De hijos de perra. Y el primero va a ser usted. De modo que le aconsejo una cosa: haga testamento» ('Muerto por partida doble', de Silver Kane, colección Bravo Oeste. Bruguera, 1990). Así eran las cosas.

Con el tiempo consiguió sacar la cabeza del polvo de la cuneta y hoy Francisco González Ledesma tiene una placa en el 22 de la calle Tapioles que conmemora su nacimiento, el premio Planeta por 'Crónica sentimental en rojo' y la medalla de oro de la ciudad de Toulouse. El tiempo, que según Borges, destruye los alcázares pero hermosea los versos, ha concedido una pátina de dignidad a las viejas novelas de duro.

El año pasado, Ediciones B publicó 'La conjura', una novela histórica de Curtis Garland, pseudónimo de Juan Gallardo Muñoz que también escribió sus recuerdos de obrero de la tecla, 'Yo, Curtis Garland', en la editorial Morsa. El Área de Filología del Instituto de Estudios Riojanos, en colaboración con el Aula de Cultura del diario 'La Rioja', organizó un año antes de su muerte las jornadas de homenaje a Luis García Lecha (Clark Carrados o Louis G. Milk) en Haro, y los libritos de Silver Kane se cotizan en Internet. Terenci Moix los coleccionaba.

Renacimiento

Ahora, la editorial Planeta edita 'La dama y el recuerdo', novela del west que ha escrito González Ledesma usando su viejo blasón de Silver Kane. Tiene más años, muchos más, pero menos prisa y el dominio natural de la técnica, y no le atosigó el plazo, ni el hambre, ni las ochenta páginas para solucionar la trama. Para rematarla a tiros y a por otra.

Así que puede demorarse en elaborar un principio que invita a seguir leyendo: «Aquella mañana ocurrieron en Jackson, Kansas, cuatro cosas juntas que no habían ocurrido nunca: se pararon a la vez cien relojes de cuerda, llegó un jefe indio que quería comprar la paz para su pueblo, un pistolero llenó el saloon no de clientes, sino de muertos, y un hombre perfectamente vestido quiso comprar un cementerio». Es el mismo pero tomándose más tiempo para apuntar, lo que se traduce en una obra más elaborada, más sabia, pero igual de diáfana en su planteamiento, en su voluntad de entretener y no de cambiar el mundo, si es que alguna obra literaria lo cambia. Es más frecuente que lo cambie la espada. Y más doloroso para la población civil.

El Correo / Territorios, 7 de abril de 2010

14 d’abr. 2009

Francisco González Ledesma

Presenta su nueva novela: «No hay que morir dos veces»

Francisco González Ledesma (Barcelona, 1927), maestro indiscutible de la novela negra española, celebra los 25 años de la creación de su personaje, el inspector Méndez, perro viejo de la policía barcelonesa. Una boda con muerto, un asesino a sueldo que espía a su próxima víctima y una distinguida señora que recibe en su casa a tres individuos inquietantes, son los tres misterios que se cruzan en el camino del Méndez de la vieja escuela: comprensivo con los débiles y de espíritu justiciero. El autor presenta la obra y responde a las preguntas de los lectores.

González Ledesma es uno de los nombres imprescindibles cuando hablamos de novela criminal. En 1984 recibió el Premio Planeta por «Crónica sentimental en rojo». Firmó numerosas novelas del Oeste con el seudónimo Silver Kane. El franquismo prohibió sus primeras obras: «Sombras viejas» y «Los Napoleones».

También es autor de «Expediente Barcelona» y «Las calles de nuestros padres», donde adquiere pleno protagonismo el desengañado policía Méndez, hijo de los barrios bajos y conocedor impío de los altos. El regreso de Méndez en «El pecado o algo parecido» (2002) fue aplaudido por la crítica y logró el Premio Dashiell Hammett; «Cinco mujeres y media» (2005) se publicó con gran éxito; «Una novela de barrio» (2007) obtuvo el Premio Internacional de Novela Negra RBA.

En dos ocasiones recibió en Francia el Premio Mystère a la mejor novela extranjera. El Premio Pepe Carvalho 2005 le fue otorgado en reconocimiento a toda su trayectoria. También con el seudónimo Enrique Moriel ha firmado «La ciudad sin tiempo» y «El candidato de Dios».

Francisco González Ledesma (Despedida)
Siento no haber tenido más tiempo para responderos a todos pero os manifiesto mi admiración por vuestro interés y por vuestra paciencia. Milagrosamente no se ha estropeado el ordenador estando yo delante, de modo que podéis atreveros a preguntarme alguna otra vez.
¿Qué recuerda de Manuel Vázquez Montalbán? ¿Qué obra suya recomendaría? Ánimo (Valentína)
Con Manuel éramos compañeros de periodismo de novela y compañeros de la izquierda, es decir, personas que pensaban o que soñaban en otra España. De todos modos, éramos muy distintos como personas y por eso me emocionó el recibir el Premio Pepe Carvalho, que era un premio a mi memoria más entrañable.
¿Qué sorpresas le depararán de nuevo a nuestro querido inspector? ¿qué nos vamos a encontrar en esta entrega? Lucas (Lucas)
En mi última novela se concentran todo lo que he sentido como problemas de mi país mientras lo estaba escribiendo. Son cosas que he visto cada día y que hoy se siguen discutiendo, por ejemplo la pederastia, el acoso sexual en el trabajo, el problema del aborto en una mujer que ama y la posibilidad de un terrrible atentado terrorista. Toda persona sabe que eso pasa cada día y que son grandes preocupaciones nacionales y sentimentales. Por eso la novela tiene varios temas a la vez, es muy sincera y me ha costado muchísimo trabajo. Te diría que la tesis principal es que nadie muere del todo mientras alguien te recuerda y por eso los protagonistas buscan la pequeña inmortalidad del corazón.
Me encantaba la voz femenina de Silver Kane, esos personajes que usted creaba me parecen grandes mujeres, ¿en qué se inspiraba? (Héctor)
En realidad reconozco que se muy poco de mujeres y no puedo enseñar nada sobre ellas, pero ellas me han enseñado mucho con su sabiduría y su instinto. Creo que con las mujeres descubrimos verdades cada día, por lo tanto no es extraño que en las heroínas del oeste yo pusiese auténtico cariño y amor.
¿Qué fue de Silver Kane? Es necesario cambiar de identidad para poder abordar una temática tan distinta a la hora de escribir? Gracias (Pablo Rojas, Bilbao)
No, Silver Kane nació como una oportunidad que me dio un editor siendo yo muy joven. No podía escribir con mi nombre porque nadie hubiese dado crédito entonces de que yo hubiese estado en el oeste.
¿Qué tiene el salvaje oeste para inspirarle de esa manera? Fue un desfogue de juventud? (Edu, Málaga)
Cuando a causa de la censura, que no me permitía publicar novelas más importantes, el hambre me obligó a escribir novelas del oeste, no perdí el tiempo porque cada novela me enseñaba alguna cosa y porque el oeste era un mundo nuevo que me permitía soñar.
Superó una gran censura durante el franquismo y ahí sigue, en pie y con su mismo estilo de siempre. ¿qué fue lo más duro de aquella época? ¿le quita a uno las ganas de seguir o le da en cambio más fuerza? (Leire)
La censura, como mucha gente sabe, me quitó la primera oportunidad de mi vida, que fue el Premio Internacional de Novela y que vino a entregarme el propio Somerset Maugham cuando yo tenía 21 años. Consideraron que se notaba que yo era rojo, cosa en la que cual tenían un poco de razón porque hablaba de los bajos barrios de Barcelona y de su lucha por el trabajo y la libertad. Consideraron también que yo era pornógrafo porque un protagonista le tocaba la rodilla a su novia. Da risa pero la censura era eso, no me quitaron las ganas de escribir sino al contrario, escribía por las noches sin ninguna esperanza y pensaba que eso era lo único que podía dignificar mi vida.
Buenas tardes, señor Ledesma, el que debe primar la Ley de la Calle, ¿es una idea romántica o cree que es posible y necesario? Gracias por contestar (Manuel Tirado)
La ley de la calle no puede primar nunca sobre la ley oficial, y eso te lo digo yo que he trabajado tantos años de abogado. Pero el periodismo me ha enseñado que en las calles hay una verdad, un sentido común y unas realidades que las leyes políticas raramente contemplan. Puede haber mucha más razón en la mirada de una persona desvalida que en todos los discursos de los ministros.
¿Qué cree que le debe al inspector Méndez en su carrera? Un abrazo fuerte, eres un gran escritor (Lere, Toledo)
Méndez es un gran amigo mío que como seguramente sabes fue ideado a partir de cuatro policías reales que yo he conocido, osea que puede ser un personaje de carne y hueso y en cierto modo lo es. Digo que es amigo mío porque los dos conocemos muy bien las mismas calles, las hemos sufrido y comprendemos muy bien a la gente que vive en ellas. No en vano, yo soy hijo de esas calles, pero Méndez no me ha detenido nunca.
Usted es Premio Internacional de Novela Negra y muchos críticos consideran que usted es el Rey del género, ¿cómo lo ve usted? Gracias y suerte con su último libro (Ana, Valencia)
Ante todo, agradezco que me desees suerte porque todo escritor lo necesita más de lo que piensa. No soy el rey de la novela negra, aunque si quieres decir que soy el más viejo, has acertado. Pero si es esto último, no vuelvas a llamarme nunca más.
¿Cómo definiría la evolución de su personaje a lo largo de estos 25 años? Un saludo (Kiko)
La ventaja que tiene Méndez es que es fiel a sí mismo y a sus gentes, de modo que ha cambiado poco. Desconfíe usted amigo mío de la gente que cambia cada semana o cada elección, Méndez sigue creyendo en la bondad humana, en la necesidad de protección de la mujer y en la buena fe de los niños. Nunca ha perdonado un delito contra las personas desvalidas y nunca lo perdonará. Esto hace que muchas veces actúe un poco al margen de la ley, empezando por su Colt 45, que no es reglamentario.
¿Qué pasa entre Méndez y el comisario? Yo creo que en el fondo se aprecian mutuamente más allá de lo profesional si cabe, una preciosa amistad entre un sibarita y un inspector con un corazón de oro. Extraño pero bello. (Juanandrés)
En realidad Méndez y el comisario se necesitan pero no creen uno en el otro, razón suficiente para que sean buenos amigos. Méndez no cree en la policía oficial ni en las leyes de los tribunales, sino en las leyes de la calle, y por eso el comisario prefiere tenerlo en su despacho el menor tiempo posible. Al igual que él, los compañeros de Méndez quieren que se jubile aunque sea pagando ellos la jubilación y sueñan con que se retire y darle una cena de homenaje, eso sí, no dejando que Méndez escoja ni el menú ni el sitio.
¿Tendremos al inspector Méndez en estado puro de nuevo? No puedo perdérmelo. Un afectuoso saludo de un lector. (Javier Ericendi)
La novela «No hay que morir dos veces» es precisamente Méndez en estado puro y la que he empezado a escribir me lleva de fracaso en fracaso porque hasta ahora no he hecho más que romper páginas. Con una novela de Méndez sufro mucho, a pesar de que los dos conocemos demasiado bien las calles de Barcelona. Seguiré con Méndez, si no se me muere antes envenenado después de comer.
No pregunto, querido Francisco, solamente te felicito tras tantos años (desde La Vanguardia)sin vernos.Te sigo y te leo y me enorgullece haber sido tu amigo. Un abrazo (Manuel María Meseguer)
Muchas gracias, he estimado mucho tus palabras y me han llenado de nostalgia. Ojalá pudiera darte un abrazo en persona.
¿Qué debe de tener una buena novela negra? (Núr)
Una buena novela negra, desde mi punto de vista ignorante, porque siempre estoy lleno de dudas, creo que debe tener, ante todo, un enigma que resolver y por el cual el lector se sienta interesado. Un problema sentimental que llegue al corazón de los personajes y un análisis social que generalmente va en contra del poder establecido. La llamada novela negra es precisamente un género de análisis y de descripción de la sociedad que no coincide con la novela policíaca clásica tipo Patricia Highsmith.
Francisco González Ledesma (Bienvenida)
Amigos míos, os agradezco dos cosas, vuestra atención y vuestra temeridad porque yo estropeo todos los ordenadores y no estoy seguro de que podamos estar en contacto. Ante todo que conste mi gratitud.

El Correo Digital, 14 de abril de 2009

19 de maig 2007

«Barcelona es como si fuera mi amante»

FRANCISCO GONZÁLEZ LEDESMA, ESCRITOR

Con el seudónimo de Enrique Moriel, el autor catalán acaba de publicar la novela 'La ciudad sin tiempo'

Iñaki Esteban

Francisco González Ledesma (Barcelona, 1927) sabe lo que es vender muchos libros, y cuando mejor lo ha hecho ha sido con seudónimo. Fue el mítico Silver Kane, el autor de novelas del Oeste que en los años cincuenta y sesenta se codeaba con Marcial Lafuente Estefanía en los quioscos y en las tiendas de chucherías. Con ese nombre vendió cientos de miles de ejemplares. Ahora, como Enrique Moriel, va por los 60.000 volúmenes con 'La ciudad sin tiempo'. Entre Kane y Moriel está el propio González Ledesma, premio Planeta en 1984, y autor de la serie policíaca del inspector Méndez.

-¿Cuánto tardaba en escribir una novela de Silver Kane?

-Como mucho, una semana.

-Y así ¿se aprende?

-Fue un aprendizaje de perro. Tienes que ser interesante desde la primera página, porque son novelas de evasión, y eso te enseña todos los trucos de la escritura.

-Pero uno no escribe lo que quiere.

-Claro, pero aquellas novelas de quiosco hicieron que mucha que gente que no leía, leyera. Empecé como guionista de cómics a los dieciséis años para mantener a mi familia, ya que mi padre era rojo y estaba en el paro. Luego me ofrecieron las novelas y lo acepté porque lo necesitaba y porque me gustaba escribir. Lo que tenía que durar tres años, duró treinta.

-¿Cuántas novelas en esos años?

-Unas quinientas. Fueron un instrumento para ganarme la vida, pero fueron también parte de mi vida. Silver Kane se convirtió en mi mejor amigo y no me avergüenzo de él en absoluto. Fui un escritor popular, de masas. Eran novelas para distraer, pero tenían cierta dignidad. En aquellos años la gente se evadía leyendo en casa.

-Y ahora Enrique Moriel. ¿Por qué?

-Me dijo el editor que yo era muy conocido como escritor de novelas policíacas, y que si ponía mi nombre seguro la gente que esperaría un libro de esa clase. Enrique Moriel es el protagonista de la novela que me censuraron en 1948. Uní mi juventud y mi vejez. Salí desnudo a la calle, como un autor desconocido con una novela desconocida.

-Pobres y ricos, oprimidos y opresores. ¿Es esto lo que cuenta 'La ciudad sin tiempo' a través de la historia de Barcelona?

-Sí, pero Barcelona no ha sido más clasista que otras ciudades ricas, industriales, complicadas, con mucha historia. Ha vivido de forma muy intensa el socialismo, el anarquismo, fue antimilitar cuando la guerra de Marruecos. La burguesía catalana ha tenido la peculiaridad de preocuparse mucho por la cultura. Barcelona ha sido la ciudad que dio posibilidades a Gaudí, a Pau Casals, a Picasso en sus comienzos. Un millonario llegó a pagar la fachada de la catedral. Mucha historia y mucha trastienda, y frente a la burguesía una clase obrera muy organizada.

Un problema sentimental

-En su novela se alterna el tiempo presente y la historia de la ciudad desde la Edad Media. ¿Por qué se ha ido tan lejos?

Barcelona estaba sometida, como toda España, al régimen feudal. Los siervos de la gleba no podían moverse sin permiso del señor, que además tenía derecho de pernada. Pero, si uno era ciudadano de Barcelona y estaba dentro de las murallas, gozaba de la condición de hombre libre. Esto tiene un gran mérito. Barcelona era una ciudad de ciudadanos libres. Me apasiona. Escribo de ella como si fuera mi amante.

-Las mujeres son las que peor paradas salen en 'La ciudad sin nombre'.

-Porque se han sacrificado más que los hombres. No recordamos que hace poco más de cien años, en la industria textil catalana las mujeres se incorporaban al telar a los pocos días de parir y en muchos casos eran esclavas sexuales de los capataces. En Cataluña se daban casos de mujeres que trabajaban en las minas con sus hijos.

-¿Qué diferencia existe entre escribir sobre la Edad Media y, por ejemplo, sobre la posguerra, que usted ha vivido de manera tan intensa?

-En la guerra oí cientos de tiros y vi montones de muertos en la calle. Crecí en un barrio pobre, en lo que hoy se llama El Raval. He visto a las mujeres que se prostituían por hambre. En cuanto a la parte histórica, siempre he estado leyendo sobre Barcelona. Este argumento lo pensé hace treinta años. He roto dos veces lo que había escrito.

-¿Cómo ve la Barcelona de hoy?

-La inmigración ha ido a los barrios obreros de antes. Yo ya no reconozco el mío. Antes conocías una chica guapa y su padre se llamaba Pepe; ahora se llama Mohamed. Es un problema sentimental.

-Cataluña está invitada como comunidad a la próxima feria del libro de Fráncfort. Todavía no se sabe si irán sólo los autores que escriben en catalán. ¿Qué le parece la polémica?

-Algunos de nosotros somos hijos de inmigrantes, nuestra lengua de los sentimientos es el español y en algunos ambientes no se nos considera catalanes. Siendo una ciudad de acogida, como decía Cervantes, Barcelona tiene problemas para aglutinar a todo el mundo, y las políticas de la Generalitat no ayudan nada a mejorar la situación.Si a mi me dicen que yo soy menos catalán que otros, me enfado, me siento insultado.Conozco las calles de Barcelona mejor que el alcalde.

El Correo
, 19 de mayo de 2007