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18 d’abr. 2010

El oeste de tapa dura de Silver Kane

Francisco González Ledesma vuelve a sorprender a propios y extraños con una nueva obra aparecida recientemente en las librerías de este país y en la que resucita el alter-ego por el que fue (y es) conocido por varias generaciones de lectores, de esos lectores que buscaban afanosamente simple evasión y divertimento en una España gris y sometida, carente de libertad real pero no así imaginaria; gracias a novelitas como las que González Ledesma escribió bajo el seudónimo de Silver Kane, muchos pudieron soñar con visitar aquel Oeste de rudos pistoleros, damas fáciles, sheriffs corruptos, indios salvajes, duelos imposibles y mucho, mucho humor negro. Ahora, con "La dama y el recuerdo", recientemente publicado por Editorial Planeta, Silver Kane regresa para sus incondicionales y nuevos lectores con una novela cuyo objetivo primordial es el mismo que caracterizó a sus viejas y pequeñas "hermanas" de entonces: el entretenimiento del lector. Y cuando el que escribe es González Ledesma, ese fin está más que conseguido.

De esta singular experiencia, el volver a un género que tanta fama popular le dio, Ledesma afirma categóricamente que le ha devuelto «juventud» y «emoción». Estamos ante un autor luchador, testigo indudable de una dura posguerra, que subsistió en una Barcelona apagada y triste, donde imperaba el hambre, pero también la solidaridad, según él mismo dice, y es precisamente ésta una virtud indudable de Ledesma, hombre noble, humilde y sincero, amigo de sus amigos y enemigo de toda hipocresía, que abandonó una lucrativa carrera de abogado por el periodismo porque no soportaba más seguir engañándose a sí mismo en una profesión tan llena de mentiras y conveniencias. Ledesma, con "La dama y el recuerdo" realiza un sentido homenaje a un género que dominó los quioscos españoles durante medio siglo y en donde con toda seguridad encontraremos a un Silver Kane en plena forma, con el pulso firme para disparar certeramente en el gusto del lector, de ese lector que se reencuentra con un autor fetiche de la novelita de quiosco y del que, intrigado al ver por primera vez semejante cabecera en un libro de tapa dura, entre por primera vez en un mundo del que será difícil que abandone.

El justiciero Silver Kane regresa al Oeste Cultura elmundo.es
The Lone Freaker, 18 de abril de 2010

14 de març 2010

"Tiempo de venganza", de Francisco González Ledesma

Parece mentira que Francisco González Ledesma, a sus casi 83 años (77 cuando escribió éste) sea capaz de sorprender de manera magistral con novelas como ésta. Si “El pecado o algo parecido” nos dejó una excelente impresión, “Tiempo de venganza” no le va a la zaga, puesto que comprende una novela costumbrista, urbana y negra en un mismo relato.
La novela, a pesar de tirar de abundante diálogo, lo cual la convierte en lectura fluida y dinámica, nace y crece con la peculiaridad de que cada capítulo está contado por uno de los personajes principales de la misma, hasta cuatro, que van pasando por las 319 pgs. de TDV mostrándonos la concepción, desarrollo y desenlace de lo que indica claramente el título del libro, teniendo, cómo no, la ciudad de Barcelona, en su pasado y su presente, como inescrutable telón de fondo del drama.
La trama es bien sencilla: dos viejos amigos, abogados, se confabulan para matar a un tercero al que consideran responsable de la violación y posterior suicidio de una amiga común de la juventud. Con tal premisa, acuerdan su muerte a través de un sicario que será el que realizará el trabajo sucio… La muerte inesperada de éste complica la situación y ambos amigos han de ocuparse personalmente de que la venganza se lleve a cabo.
Da la impresión de que, con una sinopsis así, la historia posterior no dará mucho de sí, o si lo da, es con abundante texto de relleno o “morralla”, como se suele decir en el argot literario… Nada de eso. Cada línea de “Tiempo de venganza” cuenta un detalle importante e imprescindible, en la que no sobra una sola palabra; al contrario, cada una de éstas enriquecen al texto convirtiéndolo en una lectura sumamente atrayente y difícil de abandonar.
Al contrario de lo que nos ha ido ocurriendo con otros autores nacionales de renombre, lo que hemos leído de Ledesma (tanto sus novelas "serias" como algunos de sus libritos como Silver Kane) nos ha satisfecho lo suficiente para seguir confiando en su trabajo, algo nada difícil de cumplir si tenemos en cuenta de que ya es uno de nuestros escritores de cabecera.

The Lone Freaker, 14 de marzo de 2010

24 de nov. 2009

Sombras viejas, de Francisco González Ledesma

Francisco González Ledesma es, hoy por hoy, uno de los más reconocidos escritores de novela negra de este país. Títulos como "Cinco mujeres y media", "El pecado o algo parecido", "Las calles de nuestros padres" y sobre todo, "Crónica sentimental en rojo", premio Planeta 1984, son notorios ejemplos de su buen hacer e indiscutible talento en dicho género. En todas las nombradas, introduce dos elementos comunes: el siempre cínico inspector Méndez, su personaje fetiche, policía a la vieja usanza con expeditivos métodos, y la ciudad en la cual se desenvuelven sus desventuras, que es la misma ciudad del autor: Barcelona, el sempiterno, sombrío, sereno y mudo espectador del transcurrir de tantas vidas.
Ledesma es actualmente un reconocido escritor, que se ha ganado merecidamente y a pulso la modesta fama que pueda gozar, pero durante mucho tiempo escribió relatos, fundamentalmente del Oeste, escondido tras un popular seudónimo con los que hizo disfrutar a toda una generación de españoles; con "Silver Kane", Ledesma se convirtió en uno de los escritores de novela de quiosco más querido y más admirado. Sus historias, llenas de un ácido y negro humor, con personajes irónicos, divertidos y totalmente desvergonzados, siempre fueron un preferente para muchos lectores, que aún continúan leyéndolas con absoluta pasión. González Ledesma ha afirmado en multitud de ocasiones que aprendió a escribir gracias a esta necesaria faceta suya de unos años muy complicados; necesaria porque, bajo unas condiciones durísimas de trabajo, le ayudó a mantenerse y en suma, a subsistir, que era a lo que fundamentalmente se podía aspirar en un tiempo tan gris como el anterior al que vivimos ahora, y que ya sólo parece constar en los libros de Historia.
No obstante, antes de ser, forzado por las circunstancias, Silver Kane, González Ledesma escribió una novela titulada "Sombras viejas". Y lo hizo con 21 años.
"Sombras viejas" ganó el primer premio Internacional de novela que el editor José Janés creó en 1948, y cuyo jurado contó con la presencia del escritor Somerset Maugham. A pesar de ser la ganadora, "Sombras viejas" no llegó nunca a pu
blicarse. La censura la tachó de "roja y pornográfica" y González Ledesma, hasta entrada la democracia, no pudo volver a escribir nada bajo su auténtico nombre.
En el 2007 Ediciones Destino, a tenor del tremendo éxito de "La ciudad sin tiempo", que el autor escribió bajo el seudónimo de Enrique Moriel, que es en realidad el nombre del protagonista masculino de "Sombras viejas", recuperó asímismo ésta cincuenta y nueve años después, que se dice pronto.
En primer lugar, afirmar sin lugar a dudas el indiscutible mérito que tuvo González Ledesma al escribir esta larga novela con tan sólo 21 años, en la que, sin ningún género de dudas, muestra un talento tremendo e inhabitual para una época de tantísimas privaciones, pero también es justo reconocer que ese mismo y gran talento peca abrumadoramente de ingenuo si consideraba el escritor que una novela, en la que el protagonista principal es comunista, ateo y republicano, gozaría del beneplácito de una censura franquista en su punto más álgido. A pesar de la inclusión de elementos conciliadores para con el régimen vencedor, la historia se presenta fundamentalmente crítica con todo aquello que el bando nacionalista defendió férreamente, por lo que la terminante negativa a la publicación de la novela, hasta cierto punto, resulta lógica para la ilógica imperante.
"Sombras viejas" tiene la extraña virtud de producir en el lector actual (y avezado) atracción y rechazo a un mismo tiempo; atracción porque su prosa, en términos generales, resulta maravillosa, bella, cuidada, barroca y finamente enhebrada... Rechazo, por esto mismo precisamente: es una lectura densa, profunda, a veces inevitablemente pesada que puede provocar en el que la lea en más de una ocasión (lo aseguro) el no continuarla, pero es esta misma densidad, esta misma profundidad, la que consigue que prosigas con la historia, no sin antes hacer, todo hay que decirlo, cierto acopio de voluntad.
"Sombras viejas" es una novela coral, de varios personajes, aunque principalmente la complejísima trama se deshilvana a través de las inquietudes y tesituras de dos de ellos. En sus páginas se nos mostrarán las arduas reflexiones, los profundos temores, las sempiternas dudas de cada uno de ellos, bajo un prisma eminentemente pesimista: la búsqueda constante de unos deseos imposibles, y todo ello bajo el transfondo de una Barcelona en el transcurrir de los ilusionantes pero complicados años de la República primero, y posteriormente durante los angustiosos años de la guerra y la consiguiente y gris posguerra.
"Sombras viejas" es una lectura difícil y lejana para el lector ocasional de antes y el de ahora. Es (o fue) también una creación sorprendente por parte de un joven estudiante de Derecho, en unos años muy complicados, lo que ensalza si cabe aún más su mérito; es una historia que exige paciencia, que no comulga con la precipitación; es un libro complejo pero gratificante. Es la obra primeriza de un autor extraordinario que el tiempo se ha encargado de devolverle el justo lugar que le fue robado implacablemente hace sesenta años... Ledesma, con ella, despuntaba sin vacilar en lo que luego ha demostrado sobradamente a lo largo de todas estas décadas: en un maravilloso escritor encerrado, con no poca indulgencia, en una gran persona.
The Lone Freaker, 24 de noviembre de 2009