12 abr. 2010

"Silver Kane reivindicaba una vida en la que el honor es importante"

LUGAR DE NACIMIENTO Barcelona, 1927
TRAYECTORIA: Periodista, guionista de historietas, novelista especializado en el género policíaco. Acaba de presentar una novela del oeste con su antigüo seudónimo, Silver Kane.

Nuria Navarro

los 21 años escribió una novela titulada Sombras viejas , que aplaudió Somerset Maugham y le condenó a 30 años de ostracismo por "rojo y pornógrafo" (en la novela un tipo le ponía la mano en la rodilla a una señorita). Así que se sacó la carrera de Derecho y, con el seudónimo de Silver Kane, escribió 400 novelas del Oeste para Bruguera. En aquella época pretecnológica, le leyeron entre 20 y 30 millones de españoles. Llegada la democracia, Francisco González Ledesma pudo escribir sin máscara lo que le dio la gana. Logró el Planeta (Crónica sentimental en rojo ) y el RBA ( Una novela de barrio ). A los 83 años vuelve a ser Silver Kane con La dama y el recuerdo (Planeta).

--¿Un ataque de nostalgia?

--Estaba escribiendo una novela de la serie del detective Méndez y de repente me pregunté: ¿Serías capaz de escribir como entonces, con un estilo juvenil, casi con rabia?.

--Es evidente que sí.

--Dispuesto a no cobrar anticipo y a romper la novela si no salía bien, hice la prueba. Y me sentí joven otra vez. Volví a estar a gusto con el pistolero, la dama del saloon, las tribus indias. Elementos ingenuos, pero cargados de verdades absolutas como la vida y la muerte.

--Pero eso, en tiempos de Gürtel...

--Antes la gente era más crédula, pero la tipología humana no ha cambiado. Lo que hoy pasa en España podía haber pasado allí. Un tío como Correa habría sobrevivido sin problema en el Far West. En mi novela aparece Ford, un administrador de las tribus indias que saca dinero de debajo de las piedras.

--Oiga, ¿y cómo podía recrear el Oeste sin poner un pie allí?

--El primer Silver Kane lo firmé en 1952 y no fue hasta 1965 cuando tuve dinero para pagarme el viaje. Mientras, lo saqué todo de la imaginación y de libros norteamericanos que me conseguía Víctor Mora a través de contactos. Tenía uno sobre la compañía Well Fargo de diligencias, historias de los jueces americanos, de las tribus indias... Y no cometí grandes errores.

--De manejar un Colt, nada de nada.

--Tengo uno que he convertido en lámpara de mesa, je, je. Pero yo, como se dice en el Ejército, soy un tirador de primera. Con fusil, ¿eh? Lo sé todo sobre las armas.

--¿Y eso?

--Cuando estudiaba Derecho, costeado por una tía mía de Zaragoza que me acogió durante la guerra, en vez de ir a quintas, fui de campamentos y llegué a alférez provisional, que era el que iba 20 metros antes del soldado más valiente. Estuve en Ronda y en el Pirineo de los maquis. Luego me ascendieron a capitán y me dieron una compañía.

--¿Y era un oficial franquista...?

--¡Eso me creó un dilema moral tremendo! Yo no quería matar a ningún maquis, sobre todo a los de Marcel.lí Massana. Así que, cuando sabía que estaban en el norte, yo iba para el sur. Además, tuve otro problema: a mis soldados, fuera de servicio, les hablaba en catalán. Me abrieron un expediente por separatista, y me degradaron a soldado. A los 28 años me hicieron repetir el servicio militar. Pero el sentido del honor me quedó dentro. Se ha perdido la hombría, como se ha perdido el orgullo del trabajo y los ideales. Silver Kane reivindicaba una vida en la que el honor tiene importancia.

--Siendo rojo es curioso que quisiera ser militar.

--Me había acostumbrado a la muerte. En octubre del 34, las calles se llenaron de tiros. Luego, el 19 de julio, de cadáveres. El Poble Sec bullía de gente que pedía un arma para defender la libertad. Mi padre fue a la barricada de El Molino para que no pasaran los militares de Drassanes... Admiraba a aquellos milicianos que iban con escopetas de mierda.

--Acabó disparando en un paisaje de ficción.

--Detrás de las novelas de Silver Kane había una intención secreta...

--Cuente usted.

--Yo era un rojo de barrio pobre. Ahora soy un rojo desengañado, porque veo a tanto político robar... Quería que la gente, al leer mis novelitas, vieran que al sheriff y al juez los elegía el pueblo, y que había jurado popular. Esperaba que el lector se diera cuenta de que el país estaba muy jodido, de que se le usurpaban derechos fundamentales.


El Periódico de Extremadura, 12 de abril de 2010