8 abr. 2010

Silver Kane cabalga de nuevo

Con este popular pseudónimo González Ledesma escribió casi 400 novelas del Oeste. Ahora vuelve con La dama y el recuerdo

Alberto Ojeda

Silver Kane es un pseudónimo que trasladó con sus novelas a miles de españoles al lejano Oeste norteamericano. Durante el franquismo los ejemplares baratos firmados por él volaban de los kioskos. Pero ese pseudónimo y ese éxito escondían una triste realidad: la de un autor apremiado por necesidades alimenticias y crucificado por la censura, que debía vender su pluma al mejor postor.
Silver Kane era el escudo literario de Francisco González Ledesma (Barcelona, 1927). Su historia puede considerarse como una auténtica epopeya literaria: “Empecé con la serie del Oeste en el 52 y acabé sobre el año 80, poco antes de ganar el Planeta. En ese tiempo escribí alrededor de 400 novelas”, explica. “Venía de una familia muy pobre y era un autor prohibido. Cuando terminé la carrera, con 22 años, no encontraba trabajo. La editorial me dijo que en España no había casi novelas del Oeste y que me daría la oportunidad de publicar si escribía alguna”.
Ahí empezó un calvario stajanovista. Trabajaba por el día en el despacho de abogados primero y luego, cuando se hartó de litigios, en el periódico La Vanguardia. Y de madrugada, ya mutado en Silver Kane, escribía hasta caer vencido. Su entrega era total, porque antes de dar el cabezazo definitivo se permitía el lujo de ocuparse de lo que realmente le interesaba: “las calles de Barcelona y sus historias”. ¿Se llegó a sentir un hombre uncido a un teclado? “La verdad es que he trabajado de una manera sobrehumana, como un esclavo casi”.
Ahora Silver Kane cabalga de nuevo. Pero sin yugo sobre la cerviz. Acaba de presentar La dama y el recuerdo, un nuevo libro firmado con el popular sobrenombre, casi tres décadas después de cerrar su serie del Oeste. “He querido probarme a mí mismo. Ver si era capaz de escribir a mi edad con la misma fuerza e imaginación que cuando era joven”. Al duelo consigo mismo -o mejor dicho: contra aquél que fue- acudió González Ledesma con toda la honestidad que le caracteriza: “Le planteé al editor mi intención, pero no quise cobrar ningún anticipo, porque si no me gustaba cómo quedaba el libro, lo rompería y no tendría que devolver nada”.
El autor barcelonés se sintió bien en mitad del reto: “Noté que las teclas de la máquina de escribir volvían a ser de nuevo una prolongación de mis dedos”. Aunque el viejo vaquero no desenfundara tan rápido como antes, tenía un par de ventajas de gran ayuda: “mayor experiencia y poder narrar sin una limitación de tiempo”. González Ledesma ha quedado “muy satisfecho con el resultado”. Asegura que ha conseguido lo que quería: “Ser fiel al espíritu del joven Silver Kane y escribir una novela de esas que coges y ya no la puedes soltar”.
Cuando se puso manos a la obra con La dama y el recuerdo dejó a medias la última entrega de la saga de su detective Méndez. Pretende rematarla estos días y rematarla en un año. “Puede ser la última”, afirma. ¿Es que se ha cansado del personaje? “No, es que uno ya tiene una edad”. Su pesimismo lúcido cierra la charla.

El Cultural, 8 de abril de 2010