9 abr. 2010

González Ledesma rescata a Silver Kane, el escritor de novelas del Oeste

El autor recupera su antiguo pseudónimo y publica el libro 'La dama y el recuerdo'

El franquismo le acusó de rojo y pornógrafo por Sombras viejas, que ganó el Premio Internacional de Novela, y eso llevó a González Ledesma a escribir bajo el pseudónimo de Silver Kane para firmar más de 400 novelas del Oeste entre los años 50 y 70. Ahora, a sus 83 años, vuelve con La dama y el recuerdo.

Un homenaje con el que el escritor barcelonés Francisco González Ledesma, abogado, guionista, periodista e icono de la novela negra, regresa al salvaje Oeste de pistoleros, damas de saloon, indios, cementerios, caballos y sheriffs, en una Kansas donde "el sentido de la justicia se mezcla con la crueldad", como reconoció ayer el autor durante la presentación de La dama y el recuerdo (Planeta).

Una experiencia y regreso a un género que le ha devuelto "juventud" y "emoción" a González Ledesma, curtido en la dura posguerra, con el hambre en las calles de una Barcelona, dice, en la que "imperaba la solidaridad", característica que no ha abandonado a este hombre, bonachón y humilde, que asegura que con esta nueva novela, solo quiere "entretener y que la gente se lo pase bien".

"Escribir estas novelas me dio dinero", apunta. "Se vendían muy bien porque no había televisión. Eran baratas y a la gente le entretenían desde la primera página. Éramos tres los que estábamos: Manuel Lafuente Estefanía, Corin Tellado, con sus novelas de amor, y yo, con las novelas del Oeste, de las que vendí 60.000 ejemplares al mes".

Ledesma cobró por su primera novela 150 pesetas, que le pagaron a plazos. Tiempos grises en los que González Ledesma no había visitado el Oeste y sólo se podía alimentar para sus guiones con películas, como La diligencia, Duelo al sol, Solo ante el peligro o Camino de Santa Fe, entre otras. Luego le traerían todo el material de fuera, que traducía con ayuda.

Pasado el tiempo, y ya en democracia, sí pudo visitar el Oeste americano y las tribus indias de las que tanto habló en sus libros de quiosco y pipas, con "ingenuidad, rapidez y entusiasmo", los tres ingredientes que asegura que le hacían falta para escribir hasta las seis o siete de la madrugada sus novelas, ya que por el día estudiaba y trabajaba; primero de abogado, luego de periodista.

"Novelas con todos los tópicos del Oeste mezclados con situaciones dramáticas", relata el autor y añade: "Pero las grandes verdades de la vida también son ingenuas, la muerte y la vida son las dos grandes ingenuidades, ¿no?", espeta.

Cuando González Ledesma pudo escribir con su verdadero nombre, tras la muerte del dictador, publicó novelas como Los Napoleones (1977) o Expediente Barcelona, primera de sus intrigas protagonizadas por el inspector Méndez y finalista del Premio Ciutat de Valéncia, en 1983, con el que ganó el Planeta.

Granada Hoy, 8 de abril de 2010