15 març 2006

González Ledesma escribe las memorias de una vida cambiante

'Historias de la calle' tiene un tono de humor poco común en el autor.

M. Eugenia Ibáñez

Francisco González Ledesma, periodista de muchas batallas, escritor prohibido y premiado, creía que sólo las personas de noble cuna tienen recuerdos de niñez dignos de ser el punto de partida de un libro de memorias. Así que, cuando le plantearon que su larga e intensa vida merecía convertirse en un relato que distrajera al lector, aceptó el envite para dar voz a las gentes humildes de su barrio, aquellas que, dice, nunca tienen recuerdos importantes. Esas memorias, Historia de mis calles , fueron presentadas ayer por el periodista Josep Maria Huertas Claveria.
González Ledesma escribe que las primeras vivencias que conserva son la de un orinal para uso propio colocado en la cocina de su casa y la del trozo de pan untado en el huevo frito que su abuelo le daba a probar. Las memorias acaban hoy, cuando el autor quiere creer en algo que evite la angustia de pensar que todo lo vivido se puede perder, aunque, añade, "lo cierto es que no sé en qué creer". El libro mantiene un tono de humor, en ocasiones socarrón, muy distante de los contenidos más ácidos de otras novelas del autor. González Ledesma dice que escribió Historia de mis calles en sólo 14 meses --"Fue fácil porque no tuve que crear personajes, ya estaban hechos"-- sin necesidad de recurrir a diarios personales ni a hemerotecas.
En el relato surgen la Barcelona de la posguerra, el hambre, los primeros estudios en Zaragoza, la licenciatura de Derecho y las primeras censuras: dos libros prohibidos por el franquismo, Sombras viejas y Los napoleones . Se refugió en el anonimato de Silver Kane, seudónimo con el que escribió más 600 novelitas del Oeste y policiacas. González Ledesma trabajó para la editorial Bruguera y otras empresas como asesor fiscal y llevaba camino de convertirse en pudiente abogado. Renunció a ese trabajo al cumplir los 36 años cuando había logrado dos coches y vivía en un piso de alquiler de 400 metros cuadrados en el que trabajaban dos sirvientas.
Pasó de abogado rico a periodista pobre. Trabajó en el Correo Catalán y en La Vanguardia . Reconoce que se propuso no hablar mal de nadie, pero, con todo, hay personajes que no quedan bien parados, como un cruel profesor de los Escolapios; o aquel comandante con instintos sádicos; o Francisco Bruguera, el dueño de la editorial que trataba a los empleados como piezas de fábrica; o el escritor Luis Goytisolo, un tipo de intelectual que molesta a González Ledesma, o el socialista Enrique Múgica, que le vetó como ganador del Premio Espejo de España por las críticas al Gobierno de Felipe González que contenía el ensayo presentado. Autocensura? "Sí, la ha habido; podía hablar de muchas personas, pero he optado por callar porque algunas ya están muertas".

La Voz de Asturias
, 15 de marzo de 2006