8 jul. 2005

Méndez en la Barcelona del Fòrum

Justo Barranco

La Semana Negra de Gijón regresa hoy convertida en una cita imprescindible para los amantes del género policiaco y cargada de escritores de primera línea. Entre ellos figura Francisco González Ledesma (Barcelona, 1927), abogado, periodista -ganador del premio Planeta 1984 con Crónica sentimental en rojo-, que publica estos días Cinco mujeres y media (Planeta), nuevas aventuras de su inspector Méndez, ese sabueso sesentón que ha dejado marchar a más delincuentes que a los que ha detenido, porque cree más en la ley de la calle que en la de los juzgados y porque comprende muy bien el hambre.
Méndez sigue escrutando las calles de Barcelona. Pero aunque esas calles sigan siendo principalmente las del Poble Sec y las del Raval, la Barcelona que recorre no es exactamente la misma. Es la Barcelona crecida con el Fòrum, en la que la especulación inmobiliaria es el nuevo pelotazo y los precios de los pisos son prohibitivos. La violación y muerte de una joven trabajadora libertaria, Palmira Canadell, desencadena un rosario de asesinatos y desvela viejas historias de un pasado, el de la Guerra Civil, el del hambre del franquismo en los barrios populares barceloneses, que vuelve para ajustar cuentas. Especulación, matones y las reuniones diarias de un grupo de mujeres en un bar del Raval jalonan la intriga.
De hecho, las protagonistas de la novela son las mujeres, sus vidas, sus pensamientos, una elección poco habitual en la novela negra. "El llamado género negro, que lo defino como novela urbana con trama misteriosa y generalmente de izquierdas y contraria al poder establecido, ha sido tradicionalmente de protagonistas masculinos. Pero ahora las mujeres son omnipresentes en la vida social. Y, además, en el Poble Sec, el barrio pobre donde nací, he entrado mucho en el sufrimiento de las mujeres a lo largo de mi vida. Así que decidí hacer una novela cuyos protagonistas fueran mujeres. Y pido perdón por no haberlo hecho antes", explica.
El escritor ha llegado a incluir las vivencias de una de esas mujeres en primera persona porque "es una mujer con una gran vida interior. Al igual que su madre, en mis barrios las mujeres eran las depositarias del sufrimiento de la guerra. Con el marido muerto o en el presidio, y con hijos que mantener, muchas se prostituían en el barrio chino sin dejar de ser amas de casa adorables. Son historias que rara vez se cuentan, pero que explican la historia de muchas calles de Barcelona". Y es que el pasado no se marcha fácilmente. En la novela, vuelve. "La Guerra Civil está metida en la conciencia de la gente todavía. Hay gente intentando recuperar cadáveres, se va a hacer un mausoleo de la Batalla del Ebro... Este pasado todavía vive, y más en un país sin ajuste de cuentas. La Transición fue una gran cosa pero la gente aún tiene cosas metidas".
Pero el presente también tiene su lugar, por ejemplo en forma de especulación inmobiliaria. "La especulación inmobiliaria y el capitalismo salvaje, que ya no necesita disimulo, y que marca las calles. Barcelona es como mi madre porque me vio nacer, y como mi hija porque la veo cambiar cada día, y no siempre para bien. Se ha hecho difícil, impagable", dice el autor. Eso sí, su inspector Méndez ho tiene mucho interés en las nuevas técnicas de investigación como las pruebas de ADN. Para Ledesma "Méndez cree que es más importante para la explicación de un crimen el ambiente de una habitación o la mirada de una persona, siempre motivos humanos. La tecnología es importantísima, pero falta observación humana".
En cuanto al género que sigue cultivando, la novela negra, ve un cambio en ella: "Interesa menos su parte de misterio ymás la parte de novela social. La auténtica novela social es ahora la novela negra. En sociedades ordenadas y establecidas como la de Agatha Christie el enigma era lo importante, pero desde los años veinte en EE. UU. con la ley seca, o el crack de la Bolsa, se profundiza más en la realidad social que posibilita el enigma. Tras el franquismo apareció en España el fenómeno porque toda España era una novela negra: el terrorismo, los escándalos del felipismo, resistencias al cambio de régimen..."

La Vanguardia
, 8 de julio de 2005