12 jul. 2005

González Ledesma presenta en la Semana Negra su novela «Cinco mujeres y media»

Laura Alonso

GIJÓN. «Cinco mujeres y media» contiene una crítica feroz a la Justicia. Su creación, el inspector Méndez, al igual que Ledesma, está de parte de la víctima. «Yo estoy a favor de la reinserción del delincuente -dice-, pero discrepo en dos aspectos del sistema judicial español: un delincuente sexual no se regenera nunca. Además, recibe ayudas desproporcionadas: asistente social, cobra el paro en la cárcel...» ¿Es más fácil ser medio hombre o medio mujer? «Últimamente, las mujeres se están masculinizando, y los hombres, feminizando. Yo aún creo en los valores masculinos tradicionales de respeto y protección de la mujer», asegura.
González Ledesma descubre en su última novela «la nueva Barcelona, la multirracial, en la que los inmigrantes han reemplazado a los obreros en los barrios populares y a los que les ha cambiado el carácter». El inspector Méndez «cree más en la ley de la calle que en la de los juzgados y comprende muy bien el hambre», aunque «se enfrenta a un delito que no perdona: la violación». La violación y muerte de la joven trabajadora Palmira Canadell desencadena una serie de asesinatos y saca a la luz viejas historias de un pasado, el de la Guerra Civil y el del hambre del franquismo en los barrios populares barceloneses, que vuelve para ajustar cuentas.

Escritor encuentra a periodista...

González Ledesma también ajusta cuentas. Por ejemplo, si le hablamos de Hitchcock. Si el maestro del suspense hubiese conocido el Tren Negro, ¿qué habría sido de «Extraños en un tren»? «¡No me hable de Hitchcock! -responde-. Estuvo a punto de comprarme un guión. Yo, entonces, alquilé un piso caro en Barcelona. Pero el Sindicato de Guionistas de Hollywood ejerció presión para evitar que el director comprara sus guiones en el extranjero. Me quedé sin piso, y ahora, cada vez que lo veo, me pongo enfermo». Entonces, si comenzara una novela negra a bordo del Tren Negro, ¿cómo se desarrollaría? «No sería difícil. De hecho, ya lo he pensado alguna vez. Habría un escritor que en el tren se encuentra a una periodista veterana a la que amó y le inspiró su primera novela. Él, que se ve viejo y fracasado a su lado, se suicida. Y le da a la mujer las claves para resolver su muerte».

ABC, 12 de julio de 2005