22 de nov. 2007

Una novela de barrio de Francisco González Ledesma

José Luis Muñoz

Conocí a Francisco González Ledesma, el jefe de la banda como familiar y cariñosamente se le conoce, hace la friolera de veinte años y he tenido el honor de compartir con él dos antologías de relatos policíacos - Negro como la noche (Júcar), Crímenes contados (Menoscuarto) - y una novela escrita a 24 manos, Negra y criminal. Siempre me pareció un escritor fantástico, un fuera de serie, un stajanovista de la escritura desde sus inicios como Silver Kane, pero aún mejor persona. Aquello de que si te gusta una novela no quieras conocer a su autor lo desmonta Paco con una sonrisa risueña y ese carácter afable que da la edad, los avatares de una dura vida de posguerra y haber paseado por las calles de una ciudad que ama y se convierte en protagonista de todas sus novelas: Barcelona.
Cuando le conocí había en él un cierto desencanto perfectamente comprensible. Había ganado el premio Planeta, ese premio que uno cree que es el trampolín para el estrellato, pero en el que no pocos se estrellan, y no terminaba de ser reconocido en los círculos literarios que entonces hacían ascos a la novela negra con su habitual ceguera y papanatismo. Cuando me acercaba a él, para felicitarlo por su nuevo libro, siempre me cogía del hombro y me decía : "Sí, sí. Pero no vendo nada, oye".
El éxito absoluto le llega a esta admirado y querido autor cuando cumple ochenta años. Nunca es tarde, aunque él no opine lo mismo. "Ya me podía haber caído todo esto hace veinte años. Ahora ya no sé ni cómo ni cuándo gastarme el dinero, caramba". A los muchos premios recibidos, entre ellos el Pepe Carvalho, al reconocimiento por parte de Francia a toda su labor
literaria, se añade ese éxito absoluto de ventas que es La ciudad sin tiempo, publicado con el seudónimo de Enrique Moriel, y ahora Una novela de barrio, premio RBA de Novela Policíaca y que creo que es una de sus más conseguidas recreaciones de Méndez - nunca me creí que José Luis López Vázquez pudiera ser Méndez, por cierto - y su entorno.
Contra lo que se pudiera pensar, Francisco González Ledesma, en esta segundo juventud que le está tocando vivir, se nos muestra como un autor pletórico, en plena forma y con muchas ganas de contarnos cosas. Hay en Una novela de barrio todos los ingredientes del trhiller policíaco y hay mucho más, buena literatura, alma de autor en cada una de sus páginas. Es un libro que, como toda novela de acción que se precie, tiene un ritmo vertiginoso, se coge y no se deja, es poliédrica en descripción de ambientes, está maravillosamente dialogada y es extraordinariamente dura. Larga y fructífera vida, querido Paco.

La Soledad del Corredor de Fondo
, 22 de noviembre de 2007

La fe en las calles

El género negro alcanza su mayoría de edad en España con la última novela de Ledesma

Alejandro M. Gallo

Francisco González Ledesma (Barcelona, 1927), alias Silver Kane o Enrique Moriel, comenzó su carrera literaria a los 21 años ganando el Premio Internacional de Novela con Tiempo de venganza, que el franquismo prohíbe su publicación. Después llegó Los napoleones, que tuvo la misma suerte. La novela negra (entendida desde la definición de Jean Patrick Manchette: «novela de intervención social, muy violenta») no podía nacer en España, ni en ningún país dictatorial, había que esperar a la democracia.
Y llega la democracia, Ledesma ya tiene casi 60 años y cientos de novelas con seudónimo. Con la libertad llegaron muchas cosas, entre ellas la literatura de género negro. Y Ledesma ya era uno de los grandes. Gana el «Planeta» en el 84 con Crónica sentimental en rojo, después llegó el Hammett, el Pepe Carvalho y dos veces el premio «Mystère» a la mejor novela extranjera.
RBA se había propuesto crear el gran premio de novela negra, algo inexistente en nuestras tierras. Así nació el Premio Internacional RBA dotado con 125.000 euros y que ha sido concedido a Ledesma por Una novela de barrio, con una de las mayores difusiones mediáticas y distribuciones que se han conocido.
A nuestro modesto criterio: nadie mejor que él. Pero dejemos al autor y vayamos a la novela. Una novela de barrio es otra aventura del inspector Ricardo Méndez, el policía que no tiene edad y su jubilación se encuentra a la vuelta de la esquina, por una Barcelona que ya no es la misma, en la que han cambiado hasta el nombre del Barrio Chino por El Raval y han muerto los últimos rateros que informaban a Méndez dónde se encontraban los asesinos de mujeres, violadores o secuestradores de niños, y ya no quedan putas en los callejones de los suburbios porque ya son marquesas.
El argumento es sencillo: se ha cometido un homicidio cuya solución se ve lejana y su resolución interesa poco a la superioridad. Por eso hay que encargárselo a alguien que tenga tiempo. Méndez tiene tiempo, no hace nada desde hace muchos años y se niega a jubilarse, prefiere vivir en la desolación. Ledesma rescata a algunos secundarios de otras novelas: Amores, el periodista de la mala suerte; la Loles, esa policía que vez en cuando le hace favores, no de los que quisiera el viejo Ricardo Méndez.
Mientras el viejo policía investiga nos pasea por Barcelona, donde los antiguos cafés, donde se proclamó la República, han cerrado y el Barrio Chino es una gran avenida llena de tiendas de productos desnaturalizados y las clínicas dentales han sustituido las viejas casas de citas. Pero Méndez sigue creyendo en un mundo en el ya nadie cree, en el que lo único que queda sin privatizar son las lápidas de los cementerios. Y busca la verdad en las fachadas de los edificios, en el rostro de alguna mujer que le habla, en las tabernas del barrio donde «policías y taberneros juegan a equívocos». Porque él aprendió el oficio en las esquinas, no en ninguna academia y desde entonces es un gato callejero cuya suerte ha cambiado poco, pero ya no vive en los sótanos de ningún bar. Y al final nos deja una sentencia, como si fuera su eterno epitafio: «Un hombre que ha visto tanto, nunca descansará en paz».
La novela es ágil; la prosa, casi quirúrgica; los capítulos son más breves de lo que nos tiene acostumbrados Ledesma, rondan las tres hojas de media; el uso y abuso del punto y aparte provocan una agilidad en la narración que incrementa y facilita la lectura; el enigma sigue estando subordinado al análisis social; la ironía es desalmada a veces, Ledesma ya no tiene que callar nada, pero lo dulcifica para no ser muy cruel... por 1todo eso y por mucho más, Una novela de barrio marcará un hito en la historia del género en España. El punto que marca su mayoría de edad.

La Nueva España, 22 de noviembre de 2007

21 de nov. 2007

Entrevista a Francesc González Ledesma

Joan Barril

Número 37. (Literatura). Joan Barril entrevista a l'escriptor Francesc González Ledesma, que ens parlarà de l'obra Una novela de barrio...

Barcelona TV, Qwerty, 21 de novembre de 2007

20 de nov. 2007

En defensa del principio del placer

Marcelo Figueras

Todavía no lo puedo creer. ¡Descubrí a Silver Kane!
Me explico. En la contratapa de El País del domingo había una entrevista a un señor llamado Francisco González Ledesma, a quien se presentaba como un escritor premiadísimo -un Planeta, un RBA de Novela Negra, etcétera- del que yo, lo admito, no había oído hablar nunca. (Mea culpa.) Tratando de acotar mi ignorancia me puse a leer y terminé descubriendo que en realidad yo había sido devoto de ese señor, cuando escribía novelitas del Oeste -tiene como cuatrocientas en su haber- y firmaba como Silver Kane.
Mi abuelo compraba de esas novelitas a montones. (Lo de novelitas va por su tamaño, no por su dimensión.) Primero las leía él y después yo. De aquel entonces recuerdo sólo tres nombres: Marcial Lafuente Estefanía, Clark Carrados (que si mal no recuerdo escribía más bien historias de guerra) y el señor Silver Kane.
Así que ahora estoy en condiciones de agradecerle al señor González Ledesma por los maravillosos ratos que nos hizo pasar a mi abuelo y a mí. Me alegra que la vida haya sido generosa con él, por lo menos desde que el franquismo dejó de maltratarlo. (Lo acusaron de rojo, por ser hijo de un republicano, y de pornógrafo porque en una novela suya un hombre tocaba la rodilla de una mujer. Vaya descaro el suyo.)
¿Cuántos momentos felices les debemos a obras y autores a los que el establishment cultural considera, o consideró en algún momento, menores y livianos? Al menos en mi caso, tengo una mochila llena de buenos recuerdos debidos a películas, series, libros y canciones a los que muchos definirían como ‘pasatistas' y gracias. Pienso en las primeras novelas de Stephen King, en los discos de los Bee Gees antes de que se les aflautara la voz, en Ferris Bueller's Day Off y en Ladyhawke (dos películas que debo haber asociado por la presencia de Matthew Broderick), en tantas historietas de aventuras.
A veces hace falta que aparezca alguien que ‘redima' esas obras y les otorgue el valor que hasta entonces nadie les daba; por ejemplo Café Tacuba versionando una vieja canción que en la Argentina popularizó un tal Leo Dan, o los rockeros argentinos reivindicando a Sandro. Pero a menudo tenemos que poner el pecho por nosotros mismos, y tolerar los dardos con que la gente ‘seria' se mofa de nuestros gustos. Si habré soportado escarnio en su momento porque me gustaban The Police y The Smiths, de parte de un amigo periodista cultural que sostenía que "eso no era música"...

El Boomeran(g)
, 20 de noviembre de 2007

19 de nov. 2007

Una novela de barrio

Mercedes Gallego

Francisco González Ledesma
RBA Libros S.A.
Barcelona 2007
19 € – 297 páginas
I PREMIO INTERNACIONAL DE NOVELA NEGRA RBA

Creo que no lo han tenido difícil esta vez los miembros del jurado del I Premio Internacional de Novela Negra RBA para elegir la novela ganadora y dudo que en años venideros otras obras puedan superarla.
El autor nos tiene acostumbrados a su prosa fotográfica, en la que las calles cobran vida y las vidas, se convierten en amigos apenas transcurridas las primeras páginas. En esta ocasión, el comienzo, casi poético nos atrapa sin que podamos hacer nada para resistirnos y, cualquier actividad queda relegada, hasta haber concluido su lectura. La intriga, la violencia a veces y la trama, derrochan imaginación que emana del realismo de quien ha vivido lo que narra, como un observador en la sombra, que guarda muy dentro la necesidad de contar lo que ha visto, para que nadie olvide que tras la placidez aparente de nuestra cotidianeidad, subyace un mundo en el que la venganza, el comercio de cuerpos y el desprecio por la vida, coexisten con la generosidad y el amor. Un amor que va más allá del deseo y que puede llegar a ser el leitmotiv de nuestros actos.
Han pasado muchos años desde que nació Méndez (1983 en la novela Expediente Barcelona), pero nació nostálgico y así morirá, porque nace de la desilusión quimérica de buscar un mundo más justo, que naturalmente, nunca encontrará. Así camina con su personal interpretación de la ley que él siempre considera lejana de la justicia.
Una novela de barrio, narra la búsqueda de esa justicia protagonizada por un padre, que pierde a su hijo de tres años, porque así lo decide un atracador de banco. La búsqueda le mostrará que su dolor no es único y que por vivir levantando un altar a su duelo, deja de percibir a las personas que se cruzan en su vida, llenas de unos sentimientos sin anclajes en el pasado, pero que el protagonista solo reconoce cuando ya no puede hacer otra cosa que no sea aquello que ha aprendido: darles una tumba para el recuerdo.
Magistral. Una novela que te deja un regusto a tristeza por razones obvias: que se termina y que refleja la realidad más cruda.

Megacrítica, 19 de noviembre de 2007

18 de nov. 2007

“Yo he bebido mucho en el Barrio Chino”

FRANCISCO GONZÁLEZ LEDESMA Escritor

Karmentxu Marín

PERFIL

Con 80 años y tres hijos, llegó a simultanear tres oficios, literatura, periodismo y abogacía, y dice que el trabajo es su única virtud. Se define como un lector empedernido -el único préstamo que pidió en su vida, a los 15 años, fue para comprar libros-, lo que le lleva "a otra afición mía, que es pensar, y a un defecto: el despiste". Fue levantador de pesos y crítico gastronómico, aunque él, de cocina, "ni puta idea".

Pregunta. Premio Internacional de Novela Negra RBA. ¿En España es el rey del mambo del género?

Respuesta. Algunos críticos creen que sí. Yo no estoy tan seguro. Hay otros autores a los que admiro mucho y me podrían dar lecciones. Pero sí, tengo una cierta importancia.

P. ¿Ha dado las gracias al inspector Méndez por lo que le debe?

R. Me ha dado un Planeta, un Premio Internacional de Novela, dos premios de la Crítica en Francia... Le doy las gracias, y si alguna vez me pide dinero, se lo prestaré sin ninguna garantía.

P. ¿En la próxima novela no debería hacerle jefe superior de policía?

R. Imposible. Primero, porque él no querría; segundo, porque no serviría, y tercero, porque el ministro le expulsaría de España.

P. Si se pone así...

R. Méndez nunca ha obedecido una orden, no cree en la ley oficial, sino en la de la calle y, en consecuencia, es impracticable que llegue a mandar a nadie.

P. Al menos, con los 125.000 euros del premio le pagará unas cañas, o unos coñacs.

R. Le pagaré unas cañas, pero le van a sentar mal, porque me va a llevar a algún bar de mala nota, donde la cerveza sea falsificada y el coñac, de contrabando. Yo no me atrevería a beber con Méndez. A pesar de que yo he bebido mucho en el Barrio Chino.

P. ¿Liga usted más o menos que él?

R. Yo ligo poquísimo. Él tenía unas cuantas mujeres de la calle a las que conoció de jóvenes, las protegía, las ayudaba en lo que podía... Hoy se han hecho viejas, siguen siendo sus amigas, sigue protegiéndolas, dándoles conversación… Pero es que yo, ni eso.

P. Ni conversación.

R. No, sí, yo doy conversación a mucha gente, pero nada más.

P. ¿Qué opina su madero del tripartito?

R. Intenta no meterse en política. Pero su autor piensa que el tripartito, o cuatripartito, porque ya no sé quién manda, está politizando demasiado las cosas culturales. La defensa del catalán me parece muy bien, pero no significa que se tenga que atacar al castellano.

P. La censura franquista le llamó rojo y pornógrafo. ¿De qué tiene más?

R. De rojo, evidentemente. Si yo hubiera tenido la suerte de ser un buen pornógrafo, lo hubiera pasado muy bien, y seguramente hubiera ganado algún dinero [risas]. Pero me tacharon de pornógrafo porque en una novela mía un novio le tocaba la rodilla a la novia.

P. El tema era bastante grueso.

R. Muy grueso. Sobre todo porque yo decía que la chica tenía la rodilla bonita. Y rojo por un tema elemental: soy hijo de republicanos, nací en un barrio pobre, y cuando vi entrar a las tropas de Franco en Barcelona, yo lloré y mi padre lloró.

P. Cuatrocientas novelas del Oeste firmadas como Silver Kane en su juventud: no saldría del saloon.

R. Yo llegué a conocer muy bien la historia de Estados Unidos y del Viejo Oeste. Había personajes que me seducían muchísimo: por ejemplo, la dama del saloon, una mujer con una gran personalidad. Y me llevaba a construir personajes femeninos que yo creo que estaban muy bien construidos.

P. ¿Cuál fue su mejor disparo?

R. Crear sentimientos. En mis novelas siempre había dos personajes fundamentales: la dama del saloon y el hombre que quería hacer justicia, en el que, por cierto, no creía nadie.

P. Luego pasó del whisky al coñac, y del Far West a Barcelona.

R. El salto fue en la transición, cuando me di cuenta de que podía publicar las cosas como yo quería, y de que durante el franquismo no había existido novela negra. Nacía un mundo nuevo que podía ser descrito.

P. ¿Qué nostalgias le pesan?

R. La vieja Barcelona, que era inquieta y tenía un mensaje ético, y el mundo de la solidaridad, de la gente que pasaba hambre en los barrios y siempre alguien te daba algo de comer. Eso se ha perdido.

P. "No tengo ilusiones, pero tengo experiencias". ¿No cree en nada?

R. Sí que creo en muchas cosas, por Dios. Creo en la verdad, en la piedad, en el amor y en los animales, que no es poca cosa.

P. ¿Entre las cosas en las que no cree está la posibilidad de que le llame Sharon Stone?

R. Que me llame es imposible. No creo en que nadie que valga la pena me vaya detrás. Me puede llamar un compañero, un ministro, un intelectual…

P. No desespere con Sharon.

R. Si no me gusta mucho. Yo de quien estuve enamorado es de Ingrid Bergman. Y me gusta su hija, Isabella Rossellini, porque se le parece.

P. Pues, aunque sería un puntazo, no creo que pueda llamarle Ingrid Bergman.

R. Ni Isabella Rossellini tampoco.

El País, 18 de noviembre de 2007

8 de nov. 2007

Una novela de barrio

Título: Una novela de barrio
Autor: González Ledesma, Francisco
Editor: Ed. RBA Libros
Lugar: Barcelona
País: España
Fecha: 2007
Reseña: El Cultural. El Mundo (España)

Ricardo Senabre

La vuelta del comisario Méndez es siempre una buena noticia, y no sólo para los aficionados al género de la novela negra, sino, en general, para los amantes de la literatura. La dilatada trayectoria de González Ledesma le ha permitido llegar a ser un excelente narrador, liberado del corsé expresivo que lastraba algunas de sus primeras y ya lejanas novelas. Sin duda, la dedicación durante años a la literatura de quiosco, que exige crear y desarrollar una historia y unos personajes en setenta páginas, ha aportado al autor esa concisa precisión que parece dejar al descubierto los mecanismos del relato, reducidos casi a una agilísima y compacta mezcla de osamenta y nervios, al compás de un ritmo cambiante manejado con infrecuente destreza y que a veces precipita al lector en un vértigo –así, por ejemplo, en el violento desenlace–, favorecido por la rapidísima sucesión de enunciados mínimos. Pero incluso estas virtudes serían insuficientes si Francisco González Ledesma no fuese, además, un buen escritor, capaz de articular diálogos espléndidos, de narrar o describir un lugar o una situación con una simple yuxtaposición de breves enunciados nominales –a la manera del mejor Simenon–, o bien de cambiar de voces y estilos narrativos en el interior de una misma secuencia, englobando vertiginosamente perspectivas distintas. La inesperada originalidad de muchos símiles y humorísticas hipérboles, tanto en el relato como en los diálogos, remiten inevitablemente al Marlowe de Chandler y no son inferiores a los brillantes destellos del escritor estadounidense.
No hay en este antihéroe que es Méndez, sin embargo, nada que se nos antoje mimético respecto a otros modelos de investigadores del género. González Ledesma ha creado un personaje original, sólido, sin fisuras, que ha ido creciendo en densidad novela tras novela; un policía “de calle”, cercano a la jubilación y nada científico, que prefiere la justicia a la ley cuando, como sucede a menudo, ambas parecen entrar en conflicto. Méndez es, además, la representación de una Barcelona que se desvanece, de barrios populares, bares modestos, casas mugrientas y prostíbulos llenos de historias, y arrastra consigo la nostalgia de un mundo en liquidación. Estas características lo singularizan frente a los demás investigadores o policías creados en los últimos decenios por numerosos escritores, desde García Pavón, Manuel Vázquez Montalbán, Andreu Martín o Juan Madrid hasta Martínez Reverte, Lorenzo Silva o Alicia Giménez Bartlett, entre otros. Méndez lleva a cabo sus investigaciones huroneando entre diversos informadores, casi siempre marginales: antiguos presidiarios, raterillos de poca monta, prostitutas, gentes que viven a salto de mata en el submundo barcelonés. El relato acaba por ser también el muestrario de un estrato social y de unos tipos bien dibujados, supervivientes de algo, casi todos los cuales –aquí, Ruth, la antigua “madame”, Mabel, Miralles o el pintoresco Amores–, convertidos en pobres gentes, llevan a sus espaldas un pasado repleto de fracasos y decepciones.
La historia, que oscila entre el crimen brutal y el lirismo contenido de algunas escenas, es menos compleja que otras del autor, como Cinco mujeres y media, pero convierte la sorpresa final en la revelación de un sentimiento profundo por parte del personaje más desdichado de la obra. Y ofrece como en carne viva, sin explicaciones inútiles sino mediante acciones narradas –lo propio de la novela, en definitiva–, un análisis sutil de pasiones y conductas inconfesadas: el amor –en Eva, en Mabel–, la venganza –en Erasmus o Ruth–, la lealtad, el miedo, la cobardía… Miralles, víctima por partida doble, parece la figura hitchcockiana del falso culpable, y el abogado Escolano, al que no ha sonreído la fortuna, conserva un envidiable fondo insobornable de honradez que constituye su única herencia patrimonial. Como en las mejores obras de González Ledesma, Una novela de barrio es algo más que un relato policial, aunque, naturalmente, los lectores menos avisados podrán efectuar una lectura superficial y quedarse flotando en la superficie del texto, porque la obra admite, utilizando las palabras que acuñó Antonio Machado, una lectura “de frente” y otra “al sesgo”.

El Cultural
, 8 de noviembre de 2007

6 de nov. 2007

Una novela de barrio

Enrique Bienzobas

No hay grandes personajes. No surgen en esta historia mafiosos internacionales ni redes organizadas a nivel internacional. No hay trata de blancas, ni de negras, ni de amarillas… No aparecen aquí los grandes cártels de la droga, ni de las armas, ni de la especulación urbanística… Nada de eso discurre en Una novela de barrio. Sólo, y es más que suficiente porque lo es todo, es el barrio. El barrio es el mundo, el universo. La vida. Dos viejos emprendedores que habían de hacer juntos una quiniela. Una vecina que dice no tener bastante con su pensión. Un coche que intenta aparcar junto a una familia de gatos. Una nena –miss ombligo- que habla con Dios por su móvil.

El barrio.

La vida del barrio, (Poble Sec, Vallekas, Tetuán, Carabanchel…). Lo que queda de él. Aquello si que era pueblo, Méndez. Lo malo es que cuando los barrios cambian, sus nuevos habitantes entierran su historia. La España –el barrio- del hambre, ya no es lo que era. Ahora el hambre la sufren los de fuera. ¿Sólo? El hambre y la represión, como en Cañada Real, o en El Egido, o en… ¡Da igual! En cualquier, lugar a donde el incierto destino de inmigrantes en busca del paraíso del Capital, les localice.
Si a Juan Madrid le gusta decir que es un narrador de historias. Y es cierto. De Francisco González Ledesma podríamos decir que es un constructor de historias. Con pocos datos: dos antiguos colegas que asaltan un banco y matan a dos rehenes, uno de ellos un niño de tres años. Uno va a la cárcel el otro escapa. Con eso y el barrio, ha construido una historia de la vida real, de la calle. Una historia de amor, de venganza, de odio, de bares, de putas, de marqueses, de madames, de salarios que no llegan a fin de mes, de casas tan pequeñas que el gato tiene que dormir fuera, de policías que no creen en la ley.
Volvemos a ver a Amores, el periodista de la mala suerte, con su voz temblorosa y su seseo, pero que, cuando se refiere a los clásicos del Siglo de Oro, pronuncia bien la zeta. A ellos, pues Méndez siempre está presente, se le une esta vez el anticipado. Uno al que le dieron la jubilación anticipada y abrió un bar con el dinero, un bar que llamó El Anticipado, donde da una cazalla que es mejor no tomar. Sin embargo he notado al jefe de Méndez, el comisario principal, señor M., más dispuesto a favor del inspector a punto de jubilarse que en otras ocasiones. Incluso los expedientes los lleva de forma algo más ligera. Quizá al final de la vida profesional, que será, seguramente, el final de su vida física, habrán empezado todos a comprender a Mendez, incluso la Loles, quizá un amor secreto de Méndez.
Narrada en tercera persona, en ocasiones en primera y a veces en segunda persona. La historia es tan agradable de leer que uno no puede soltar el libro de las manos. Hay pasajes que son inolvidables. La discusión entre Miralles y Eva Expósito, guardaespaldas y su ayudante, es mucho mejor que cualquier “discusión” que se pueda realizar en el Parlamento. Antiguamente la podíamos encontrar en revistas marginales de la izquierda revolucionaria, hoy nadie se las plantea. Y mucho menos en las tertulias mediáticas, esas en las que cualquiera (periodista importante, claro) puede hablar de cualquier cosa. Eva se pregunta por qué protegen a los poderosos a costa de sus vidas. Llegando a la conclusión de que es por un pedazo de pan. Es la historia de los perdedores, de los soñadores. Los otros, los realistas que no sueñan, como por ejemplo Leónidas Pérez, son capaces, con su hipocresía por delante, triunfar en la vida.
Personajes tan maravillosamente desarrollados como Ruth, antigua madame de prostíbulo de barrio proletario y hoy señora marquesa de torre de barrio burgués venido a menos gracias a la especulación. Mabel, la que nunca fue niña y que soñaba mirando al techo, mientras otros gastaban un amor comprado. Eva, la ayudante que ama en silencio y que fue rescatada de más abajo del arroyo. David Miralles, el perfecto guardaespaldas que solo falla en el amor. El Anticipado, con su sabiduría popular que penetra la realidad más que muchos sabios universitarios…
Y el amigo Méndez. Ese que no estudió en la academia, sino en las esquinas de los viejos tiempos donde o aprendías o te mataban. El policía que se cisca en la ley. Ha perdido ahora su ambigüedad, como cuando pensaba aquello de los buenos tiempos de la Brigada Social barcelonesa, cuando la bofia sí que era la bofia (Las calles de nuestros padres). Uno se pregunta cómo es posible que quiera a un policía (incluso cuando ya Guillermo Orsi nos había dicho que Nadie ama a un policía). Y es que la bondad, la sabiduría, su humanidad… todo en Méndez nos satisface.
Hablar del final de esta historia de barrio es hablar de algo trepidante. Confieso que he leído el final en varias etapas. Es tal la tensión que se desarrolla que uno tiene que hacer esfuerzos por no saltar tres renglones, cinco. Una página. Como yo, cuando la tirantez me puede, suelo adelantar la lectura. Esta vez no lo he querido hacer y he interrumpido el final varias veces, para reducir la tensión. ¡Qué bueno el final! Es verdad que se parece un poco a las historias de Bond, James Bond. Pero en el barrio. En una casa donde dos mujeres, la madame y su niña, que nunca fue niña, se odian, pero donde no dudan ninguna en proteger a la otra. ¡El barrio! ¡Nuestro mundo!
¡Qué final!


GONZÁLEZ LEDESMA, FRANCISCO: Una novela de barrio. Editorial RBA. Barcelona, 2007. 297 páginas. ISBN: 978-84-7901-624-1.

Liberty
, 6 de noviembre de 2007

4 de nov. 2007

Best seller

Se llama superventas (también en inglés, best seller) a aquellos libros, discos, películas y videojuegos que, debido a la gran aceptación que generan entre el público, pasan a formar parte de las listas de más vendidos.

http://pagina2.rtve.es/reproductor.php?v=report01.flv

TV2, Página 2, 4 de noviembre de 2007

1 de nov. 2007

Francisco González Ledesma: "Carod Rovira hace un daño moral terrible a Cataluña"

Nuria Azancot

"Bien. El hombre que iba a morir ya está dentro". Así, como un tiro, comienza Una novela de barrio, de Francisco González Ledesma (Barcelona, 1927), galardonada con el I premio de Novela Negra RBA. Abogado y periodista, se confiesa nostálgico de una Barcelona que apenas reconoce, como si fuera uno de sus personajes, enfermo de solidaridad, ironía y dignidad. A fin de cuentas, fue perseguido por la censura por "rojo y pornógrafo" desde los 21 años, y no pudo publicar con su nombre hasta 1977, aunque es autor de más de quinientas novelas del Oeste firmadas con el seudónimo de Silver Kane.

Conquistó con 21 años el premio Internacional de Novela José Janés, pero la censura impidió su publicación. También su segunda novela tuvo que esperar a 1977 para ver la luz. 30 años después, convertido en autor de masas en Francia, y con todos los premios de novela negra en su haber,¿cree que el tiempo –o las editoriales y los lectores– ha hecho al fin justicia?

–Sinceramente no sé si es justicia o no, pero en todo caso es un premio a la perseverancia y al trabajo, porque a lo largo de estos casi 60 años he tenido mil motivos para rendirme. Lo peor es que por culpa de la censura perdí toda mi juventud y no pude publicar antes con mi nombre, quizás con nuevas perspectivas, y haber sido mejor autor. Pero no me quejo, estoy muy agradecido a la vida porque al final he escrito lo que he querido.

–¿Qué queda en el González Ledesma de hoy del muchacho que escribía una novela a la semana con el seudónimo de Silver Kane?

–Sobre todo gratitud hacia aquel muchacho que sabía que no podía publicar con su propio nombre mientras viviera Franco, y Franco parecía que no iba a morirse nunca. Silver Kane me permitió acabar la carrera de
Derecho y ayudar a mi familia. Y también le debo gratitud por algo que no tiene precio, el aprendizaje tremendo de escribir una, y a veces dos, novelas a la semana. Si con ese ritmo no aprendes la técnica de la novela, no la aprenderás jamás. Y yo creo que la aprendí.

Seis meses de cuarentena

–Dicen que destruye capítulos e inclusos novelas enteras, y que este libro no ha sido una excepción...


–Sí, pero con este libro he sido afortunado porque tuve que destruir muy pocos capítulos. Verá, yo comienzo a escribir cada novela con mucha ilusión y cuando termino la dejo seis meses en reposo; luego vuelvo a leerla, y si me gusta, la publico. Si no, la rompo y vuelvo a empezar. Rompo muchísimo: por ejemplo, La ciudad sin tiempo, publicada este año por Destino, la escribí tres veces, y eso que tiene 500 páginas. En ésta, en cambio, sólo destruí unos capítulos porque me estaba desviando de lo que quería contar.

–La novela vuelve a estar protagonizada por el inspector Méndez, ahora prejubilado. ¿Siente, como él, que su mundo, su Barcelona, se está muriendo?

–Yo siento una nostalgia muy viva de la vieja Barcelona. Aunque desde el punto de vista urbanístico es evidente que ha mejorado mucho, añoro esa Barcelona que era muy roja, y muy pobre, pero en la que había solidaridad, esperanza por un mundo mejor y un espíritu de lucha que hoy están desapareciendo. Ahora, cuando una de las casas de mi infancia tiene grietas los propietarios la dejan
venirse abajo para construir otra más cara. Muchas casas de gran importancia sentimental ya no existen, y un mundo de esperanzas añejas desaparece con ellas, porque cada casa demolida se lleva con los escombros a los muertos y los vivos, y muchos recuerdos, y muchísimas almas.

Especulación y corrupción

–La especulación está ligada a la corrupción. ¿Qué ha ocurrido con nuestra democracia para que cada día nos desayunemos con un nuevo escándalo?

–Verá, yo que he estudiado y sufrido la época de Franco como abogado y periodista puedo decirle que en el franquismo había más corrupción que hoy, pero que no se sabía, mientras que ahora al menos podemos denunciarla. Hoy en Barcelona hay una corrupción oficial que el mismo Maragall denunció en el Parlament, cuando la catástrofe de las casas hundidas en el Carmelo. Entonces dijo que el problema era ese 3 por ciento del presupuesto de cada obra que los constructores destinaban a que se financiaran los partidos políticos y que hacía que se empleasen malos materiales.

–Por no mencionar el caos que sufre la ciudad desde hace semanas por culpa de las obras del metro, los trenes de cercanías y el AVE...

–Desde luego. Yo ahora, con lo que está cayendo (y nunca mejor dicho), empiezo a tener miedo por la Sagrada Familia, porque las obras del metro están muy cerca de sus cimientos. No sé si los supuestos ingenieros responsables de este desastre han acabado los estudios. Porque el trabajo es una cosa sagrada y ahora más de un millón de personas que necesitan el tren para llegar a sus trabajos se ven obligados a hacer milagros cada día por la ineptitud de unos
incompetentes que no conocen su trabajo ni respetan el ajeno. En realidad, es otra consecuencia de la especulación desmedida. El terreno que quedaba sin urbanizar se está edificando con estafas increíbles. Y nadie dice nada. Y cuando lo dice, el poder no responde. Ni actúa.

–¿Qué balance hace, pues, de la gestión del tripartito? ¿Ha respondido a lo que se esperaba de él?

–No. Creo que Barcelona tuvo un momento de esperanza cuando regresó Tarradellas, que carecía de experiencia como gestor, pero que tenía el Estado en la cabeza, como De Gaulle. El tripartito no es lo mejor que nos ha pasado, casi es lo peor.

–¿Y es responsable de la imagen que en el resto de España se tiene de Cataluña hoy?

–Desde luego. Cataluña tiene dos cosas muy buenas de las que me siento orgulloso: su tolerancia y capacidad de pacto, y que es tierra de acogida. Media España ha encontrado trabajo y un hogar en Cataluña. Pero cuando Carod Rovira se enfada porque le hablan en una lengua oficial como el español, causa un efecto terrible porque acaba en un instante con la idea de tolerancia que siempre nos ha caracterizado. Carod está causando un gran daño moral a Cataluña, y es responsable de que seamos menos queridos en el resto de España, cuando tenemos motivos para lo contrario.

–Volviendo a la novela, ¿cuánto le debe Méndez a su trabajo como periodista y abogado?

–Le debe muchísimo. Ser abogado defensor y diplomado en criminología, mi propia infancia de chico de barrio humilde y mi trabajo como periodista, me han permitido conocer muy bien el mundo del crimen. Mi memoria periodística hace que tenga una memoria histórica muy amplia, que se vuelca en Méndez. Mi personaje es resultado de las experiencias de cuatro policías reales, uno de ellos guardaespaldas de un Capitán General que siempre se olvidaba la pistola en casa. Méndez es un notario de la Barcelona que sufre, y, desde luego, uno de los personajes más importantes de mi vida. Gracias a él gané el premio Planeta, el Pepe Carvalho, el de la Crítica francesa en dos ocasiones, el Dashiell Hammett, ahora éste de RBA... Si me pidiera dinero, se lo tendría que dar.

Los límites de la ley

–En Una novela de barrio Méndez descubre al asesino en la página 20...

–Desde luego. Me parecía que era lógico y necesario en este caso descubrir pronto al presunto culpable, porque detrás de lo que parece una venganza elemental hay muchísimo más, todo un mundo de sentimientos, y una necesidad de replantearse los límites de la ley cuando resulta imposible la redención de un criminal. O el dilema de un abogado enfrentado a su propia dignidad.

–Que es otro de los temas habituales de sus novelas. Como la memoria, la solidaridad y la lealtad. ¿Qué perdemos si las perdemos?

–Lo perdemos todo. La dignidad, la solidaridad nos mantienen vivos, nos justifican. Y cuando las pierdes, pierdes tu misma vida.

–¿Le gusta la novela negra que hoy se hace en España?

–Desde luego, aunque yo prefiero llamarla novela social, porque a través de un delito se retrata a toda la sociedad. Las novelas de Giménez Bartlett, que es una maestra del género, me gustan mucho, aunque yo las escribiría de otra forma. Lorenzo Silva ha logrado dar a un cuerpo policial que a priori resultaba antipático, la guardia civil, una gran humanidad. Aprendo mucho de ellos. Y de Andreu Martín, aunque, como ahora publica mucho, tiene menos tiempo para preparar los argumentos.

–¿Es verdad que Mankell no le gusta nada? ¿Y Donna Leon?

–No exactamente. De Mankell me gusta que lleva al lector como un compañero de viaje, pero es que a mí su mundo no me interesa demasiado. Soy mediterráneo, y un hombre que se levanta a las seis de la mañana, que apenas ve el sol por culpa de la nieve, y que toma diez cafés para seguir trabajando me aburre. En cuanto a Donna Leon, me interesa el mundo mediterráneo que retrata
en sus novelas, pero éstas me resultan poco dramáticas y demasiado costumbristas.

–Creo que aún no va a jubilar a Méndez: ¿Ahora qué le espera?

–Bueno, tengo una nueva novela de Méndez en la cabeza, la última, porque el tiempo se me acaba. Le voy a confesar algo que aún no sabe nadie: pensaba titularla Los muertos, y va a ser un canto a la esperanza, porque siempre hay motivos para vivir. Sí, espero poder escribirla en un par de años. Ojalá.


El Cultural, 1 de noviembre de 2007

28 d’oct. 2007

González Ledesma plantea la tentación de la venganza en "Una novela de barrio"

Fax Press

Escritor, periodista y abogado, Francisco González Ledesma (Barcelona, 1927), que es, junto al desaparecido Manuel Vázquez Montalbán, el gran maestro de la novela negra en nuestro país, acaba de publicar Una novela de Barrio. Tras ganar con 21 años el Premio Internacional de Novela con Sombras viejas y no poder verlo publicado por culpa de la censura, se ganó la vida primero como abogado y después como periodista en el Correo Catalán y en La Vanguardia, diario del que llegó a ser Redactor Jefe.En su tiempo libre continuó escribiendo y con la Transición su obra deja de ser perseguida y comienza a ser reconocida y premiada como sucedió con Crónica sentimental en rojo, que recibió el Planeta en 1984, El pecado o algo parecido, galardonado con el Premio Hammet 2002, o Una novela de Barrio, que acaba de llegar a las librerías tras recibir el Premio Internacional de Novela Negra RBA y en la que retoma a su entrañable personaje, el inspector Méndez. "Es una novela que afronta con cierta crudeza el problema de la justicia", ha explicado González Ledesma. El escritor buscó respuesta en un personaje, David Miralles, padre de un niño de tres años al que dos ladrones mataron durante el atraco a un banco.

Argumento.

Al cabo del tiempo, uno de los atracadores -Omedes- muere de un disparo; el otro -Leónidas Pérez- da por sentado que el asesino es Miralles, que ahora trabaja como guardaespaldas, y tratará de acabar con él antes de que el padre del niño consume una supuesta venganza. La decisión de Leónidas Pérez genera una serie de muertes y el caso cae en manos del inspector Méndez, quien en su séptima aparición en una novela de González Ledesma está ya medio jubilado, lo que no le impedirá tener una intervención trascendental en la historia.Méndez es un policía que cree que la única justicia verdadera es "la de la calle", una conclusión que, según admite González Ledesma, conduce a la desesperación, porque "significaría que la justicia oficial es ineficaz, por lo que, en cierta medida, el Estado de Derecho desaparece".Pero el escritor no puede evitar preguntarse "hasta qué punto puede un ciudadano normal sentir la tentación de cometer un delito como el de la venganza".

Diario de Avisos
, 28 de octubre de 2007

27 d’oct. 2007

'Sombras viejas'

Francisco González Ledesma. Editorial Destino. 468 páginas. 19.50 euros.

Sombras viejas es la primera novela premiada de Francisco González Ledesma (Barcelona, 1927), protagonizada por Enrique Moriel. Es ante todo una interrogación sobre el alcance del amor y los límites del desaliento. En la capital catalana de los años treinta, Paulina, una joven de radiante belleza y de familia humilde, entra en casa del burgués Ismael Leonardo como señorita de compañía de su díscola hija Nora. Otro joven pobre y soñador, Enrique Moriel, trabaja como preceptor de Nora a cambio de que los Leonardo costeen sus estudios universitarios. La atracción naciente entre Paulina y Enrique se concretará en paseos y confidencias, y desembocará en una relación tierna y apasionada. Pero frente al amor incondicional de la muchacha, la personalidad compleja de Moriel y la llamada del ideal colectivo en los tiempos convulsos que se avecinan se convertirán en un desafío para sus sentimientos. El autor recibió el premio Planeta en 1984 por Crónica sentimental en rojo, protagonizada por el desengañado policía Méndez, hijo de los barrios bajos barceloneses y conocedor impío de los altos. El premio Pepe Carvalho 2005 reconoció su trayectoria como autor de novela negra. Ha publicado también -además de numerosas novelas del oeste- Tiempo de venganza y unas memorias que fueron recibidas como un acontecimiento: Historia de mis calles. Esta novela recibió el primer premio internacional José Janés en 1948, pero fue prohibida por la censura franquista y ha permanecido inédita hasta la fecha.

Deia, 27 de octubre de 2007

25 d’oct. 2007

González Ledesma: Al inspector Méndez "aún le queda una aventura más", según su autor

EFE

Al inspector Méndez, el entrañable policía que ha protagonizado hasta la fecha siete novelas de Francisco González Ledesma y que está cercano a la fecha de su jubilación, todavía "le queda una aventura más", según ha afirmado hoy su creador. "Tengo una idea en la cabeza y, si tengo salud y suerte, la desarrollaré. O sea, que al inspector Méndez le queda una aventura", ha explicado González Ledesma, de 80 años, durante una entrevista con Efe en la que ha hablado de su nuevo libro, "Una novela de barrio", que protagoniza el popular policía. En esta novela, Méndez, que ronda ya los 65 años, mantiene la vida "monacal" que le caracteriza, entre "tabernas que siempre están a punto de ser cerradas por Sanidad", y conserva ese carácter inconformista que le impide ascender en el escalafón policial. González Ledesma reconoce que tiene una deuda con su personaje, que hizo su primera aparición en "Expediente Barcelona", de 1983, y que protagonizó "Crónica sentimental en rojo", la novela ganadora de la edición de 1984 del Premio Planeta. El escritor barcelonés obtuvo en 2002 el Premio Hammett con otro título de la serie de Méndez, "El pecado o algo parecido", y la última historia hasta la fecha del policía acaba de ser galardonada con el Premio Internacional de Novela Negra RBA, el de mayor dotación económica del mundo en su género. "Méndez me ha dado muchas cosas. Si alguna vez me pide dinero se lo tendré que dar", ha afirmado hoy su autor.

EFE, 25 de octubre de 2007

Ledesma plantea la tentación de la venganza en "Una novela de barrio"

EFE

"¿La justicia es justa o a veces no queda más camino que la venganza?" Esta es la inquietante incógnita que Francisco González Ledesma ha querido plantear en "Una novela de barrio", reciente ganadora del I Premio Internacional de Novela Negra RBA.
"Es una novela que afronta con cierta crudeza el problema de la justicia", ha explicado hoy a Efe González Ledesma (Barcelona, 1927), escritor, periodista y abogado, al que un día empezó a obsesionar una pregunta: "¿qué pasaría si mataran a mi hijo?"
El escritor buscó respuesta en un personaje, David Miralles, padre de un niño de tres años al que dos ladrones mataron durante el atraco a un banco.
Al cabo del tiempo, uno de los atracadores -Omedes- muere de un disparo; el otro -Leónidas Pérez- da por sentado que el asesino es Miralles, que ahora trabaja como guardaespaldas, y tratará de acabar con él antes de que el padre del niño consume una supuesta venganza.
La decisión de Leónidas Pérez genera una serie de muertes y el caso cae en manos del inspector Méndez, quien en su séptima aparición en una novela de González Ledesma está ya medio jubilado, lo que no le impedirá tener una intervención trascendental en la historia.
Méndez es un policía que cree que la única justicia verdadera es "la de la calle", una conclusión que, según admite González Ledesma, conduce a la desesperación, porque "significaría que la justicia oficial es ineficaz, por lo que, en cierta medida, el Estado de Derecho desaparece".
Pero el escritor no puede evitar preguntarse "hasta qué punto puede un ciudadano normal sentir la tentación de cometer un delito como el de la venganza". Y responde: "Es posible que yo pensara en cometer un delito si mataran a mi hijo".
Para escribir su novela González Ledesma contó con su experiencia de veinte años como abogado y trasladó algunas de las dudas que se plantearon en el ejercicio de esta profesión.
"He sido abogado defensor durante mucho tiempo y he sacado a la calle a mucha gente que quizá no lo merecía", asegura el escritor barcelonés.
Esos "problemas de conciencia" que le llevaron a González Ledesma a abandonar la abogacía son los mismos que asaltan en la novela a Escolano, un abogado que heredó el despacho de su padre, cuya intervención libró de la cárcel a Leónidas Pérez, autor material de los disparos que mataron al hijo de Miralles.
David Miralles reconstruye la vida de su hijo, se comporta como si siguiera existiendo e incluso le hace una reserva en un colegio de pago. Es una de esas víctimas de un delito de las que, según González Ledesma, "nadie se ocupa nunca".
La acción de la novela transcurre en esos barrios populares de Barcelona que "están desapareciendo" y que provocan nostalgia en González Ledesma y en su personaje más conocido. "Había una forma de vivir que ya no existe y que Méndez y yo echamos de menos", afirma el escritor.
"Barcelona está cambiando a peor, en el sentido sentimental, y a mejor en el sentido social y arquitectónico", asegura el autor, quien rememora su infancia en el Poble Sec, donde "todas las madres cuidaban de todos los niños" del barrio.
Ganador del Premio Planeta de 1984 por "Crónica sentimental en rojo", González Ledesma ha recibido a lo largo de su carrera otros galardones como el Premio Hammett, en 2002 por "El pecado o algo parecido", y en dos ocasiones ha sido premiado por la crítica francesa.
En septiembre pasado obtuvo el Premio Internacional de Novela Negra que convoca RBA, el mejor dotado del mundo en su género, con 125.000 euros, pero considera que, a sus ochenta años, los reconocimientos le llegan ya "muy tarde".

AOL, 25 de octubre de 2007

27 de set. 2007

Anem per feina. Entrevista a Francisco González Ledesma, escriptor

Ens ha visitat l'escriptor Francisco González Ledesma que a principis de setembre va rebre el I Premi Internacional de novel·la negra RBA, el més important del gènere a nivell mundial.

Ràdio Sabadell, 27 de setembre de 2007

21 de set. 2007

Os mistérios de Barcelona

Adelto Gonçalves

Em Março, Barcelona surpreendeu-se com o lançamento do romance La ciudad sin tiempo, de Enrique Moriel. Em poucos meses, o livro vendeu cerca de 60 mil exemplares. E quem era Enrique Moriel? Na sobrecapa do livro, a editora informava que Moriel havia nascido no século passado em Barcelona e era autor de reconhecida trajetória, que havia cultivado os mais diversos géneros literários. E que, a exemplo do protagonista de La ciudad sin tiempo, havia preferido ocultar sua verdadeira identidade, mas que, à diferença daquele, não pretendia fazê-lo indefinidamente. Logo, os meios culturais da cidade descobriram que se tratava de um veterano escritor disfarçado atrás de um pseudónimo. Francisco González Ledesma (1927) era esse escritor, um jornalista que começara a escrever romances de Far West para Editorial Bruguera com o pseudónimo Silver Kane ainda na década de 40, para custear seus estudos de Direito. E que havia construído uma respeitável carreira literária ligada ao gênero policial, ou melhor, ao "romance negro", à boa maneira norte-americana, dividindo a preferência entre os amantes do género com Manuel Vázquez Montalbán (1939-2003) e Eduardo Mendoza (1943).
A exemplo de Montalbán com seu detective privado Pepe Carvalho e Mendoza com o seu detective-louco, Ledesma criou o comissário Ricardo Méndez, protagonista de seis de seus romances negros, policial capaz de usar apenas o tirocínio para desvendar crimes aparentemente insolúveis ou grandes falcatruas no mundo das altas finanças. Acostumado a escrever de um jacto desde jovem, quando para cumprir um exíguo prazo de uma semana ou pouco mais ajudava a editora a aproveitar a sofreguidão com que os leitores espanhóis do final da década de 40 acorriam às bancas de revistas e livrarias em busca daqueles livrinhos de bolso, Ledesma nem por isso sacrificou a qualidade literária. Tanto que, aos 21 anos de idade, ganhou o Premio Internacional de Novela com Sombras viejas. Formado em Direito, dedicou-se primeiro à advocacia, mas, depois, optou mesmo pelo jornalismo, dando vazão à sua vocação. Trabalhou em jornais como o Correo Catalán e, em seguida, no tradicional diário La Vanguardia, onde ficou por 25 anos e chegou a redactor-chefe. Ambas as profissões acabaram por lhe proporcionar um conhecimento profundo de Barcelona, de seus segredos, suas personagens, suas ruas, edifícios, seus políticos e seu mundo empresarial.
Em 1977, publicou Los napoleones, romance que fora proibido pela censura do regime do general Francisco Franco Bahamonde (1892-1975). E, à época de transição do franquismo para a democracia, quando a Espanha não deixou de flertar com o retrocesso político, ganhou em 1984 o Prémio Planeta com Crónica sentimental en rojo, em que Méndez aparece como protagonista.Tendo o comissário ainda como personagem principal, escreveu mais cinco romances: Expediente Barcelona (1983), Las calles de nuestros padres (1984), La dama de Cachemira (1986), Historia de Dios en una esquina (1991) e El pecado o algo parecido (2002), além de Historia de mis calles (2006). Expediente Barcelona foi traduzido para o francês e publicado pela famosa Editora Gallimard, de Paris, conquistando um êxito na França considerado mais estrondoso do que aquele que registrara na Espanha. Com um currículo desses, obviamente, Ledesma não tinha por que se esconder atrás de um pseudónimo. Mas, por alguma razão, deixou que o editor inventasse Enrique Moriel como autor de La ciudad sin tiempo, talvez por uma questão de marketing - o que, de certo modo, foi uma opção vitoriosa porque ajudou a chamar mais atenção para o livro - ou por que não queria que sua nova obra fosse confundida com o género policial. Até porque La ciudad sin tiempo, embora tenha traços de "romance negro" e trate de uma investigação que começa a partir da misteriosa morte de Guillermo Clavé, destacado prócer da sociedade barcelonesa actual, vai muito além dos limites em que, habitualmente, os críticos enquadram o género.
Seja o que for, a verdade é que Ledesma aprovou o pseudónimo, artifício a que, a rigor, já estava bastante acostumado, diga-se de passagem. O seu novo romance também remete o leitor para essa época, pois diz que concebeu a sua trama há mais de trinta anos, quando escrevia novelas de aventuras proibidas pela censura. De facto, o romance trai um pouco o gosto desse tempo, quando o realismo mágico começou a se formar como género literário, alcançando o ápice em 1967 com o lançamento de Cem anos de solidão, do colombiano Gabriel García Márquez (1928). Afinal, em La ciudad sin tiempo, o que o leitor vai encontrar é a história de um vampiro que, como tal, não morre nunca e, por isso, conhece a fundo os mistérios que cercam Barcelona desde os tempos medievais, suas personagens duvidosas, os segredos de seu submundo, os cafés, os prostíbulos, os políticos e até os verdugos. Em resumo, conta a história de Marta Vives, jovem ajudante do advogado Marcos Solana, que, habituado a defender os interesses das famílias mais ricas da cidade, trabalha no esclarecimento da morte de Clavé.
Durante a investigação, Marta não apenas lida com forças ocultas e que têm muito a ver com o sinistro, como acaba por se envolver numa luta de séculos que a sua família mantém com outra estirpe muito antiga da cidade, os Masdéu. Ao seu encontro, para ajudá-la a desvendar o crime, irá o vampiro, na verdade, um inquietante narrador surgido da Barcelona medieval, perseguido pela Inquisição, cujo rosto sempre aparece em momentos decisivos da história da cidade. Com esse artifício literário, portanto, Moriel (ou Ledesma) consegue reescrever, praticamente, toda a história de Barcelona. Marta e este espírito maldito vão seguir, em capítulos intercalados e marcados por uma mudança de fonte na letra que facilita a vida do leitor, por uma fascinante busca, em meio a luzes e sombras, em que se discute uma questão que atormenta a Humanidade há séculos: que provas há de que no combate entre o Bem e o Mal, entre Deus e o Diabo, ganhou o primeiro? Afinal, basta abrir as páginas do jornal desta manhã para se encontrar provas abundantes que indicam exactamente o contrário daquilo que as religiões pregam por séculos.Nascido num prostíbulo, filho de uma prostituta, o vampiro segue uma trajectória clássica na literatura espanhola, que remonta à segunda metade do século XVI e a primeira do XVII, a época de Lazarillo de Tormes, Guzmán de Alfarache e de El Buscón. Não por acaso, como Lázaro, o vampiro também vira ajudante de um sacerdote que perdeu a fé e exerce muitos outros ofícios, inclusive, o de ajudante de verdugo à época da Inquisição. Mas transmuta-se em várias personagens ao longo dos anos por uma questão muito simples: um vampiro nunca envelhece, mantêm sempre a mesma cara, como descobre, intrigado, o advogado Solana, que se espanta com um rosto que se mostra invariavelmente o mesmo, em épocas distintas, ainda que assumindo outras personalidades. Escrito em linguagem vibrante, que, praticamente, impede o leitor de saltar páginas em busca do desenlace da trama, La ciudad sin tiempo é também um hino de amor e ódio a Barcelona, pois resgata várias das personagens que construíram a cidade, inclusive, o arquitecto Antoni Gaudí (1852-1926), construtor da ainda inacabada igreja da Sagrada Família - hoje ameaçada na sua estrutura por obras de um túnel subterrâneo para o comboio de alta velocidade –, que aparece como fornecedor do rico antiquário Masdéu. Para o vampiro, Gaudí diz algumas frases antológicas, que merecem registro, ainda que em tradução: "Já não tenho amores - disse-me -, perdi os amigos e nem tenho nem poderei ter filhos. Mas desaparecerei e tudo isso não significará nada. Imagino, em compensação, o que deve ser a eternidade, vendo morrer tudo o que se amou: as sucessivas mulheres, os sucessivos filhos, os artistas que admirei e deram sentido a minha vida, as casas que guardam as minhas recordações... Ver tudo isso convertido em cinza. Essa é a sua desgraça, amigo. (...) Creia-me, a morte é piedosa porque não deixa ver os horrores da vida, nem os horrores de nossa própria obra. A imortalidade é o pior castigo que se nos podem impor, e me compadeço de Deus porque também a sofre". "(...) Não sei se Deus está satisfeito com sua própria obra. Crê que a deu por terminada alguma vez?" Por aqui se vê que esta é obra que merece ser traduzida para o português o mais rápido possível. Afinal, se estiver certa a previsão de José Saramago (1922) de que, em breve, iremos todos os luso-falantes viver num país chamado Grande Ibéria, a nossa Meca literária será, então, Barcelona.

(La Ciudad Sin Tiempo, de Enriquel Moriel. Barcelona: Ediciones Destino, 2007, 459 págs., 20 euros. www.edestino.es)

Literatura sem fronteira, 21 setembro 2007

12 de set. 2007

González Ledesma ganador del "I Premio Internacional de Novela Negra RBA"

Reunido en el Hotel Juan Carlos I en Barcelona el jurado del I Premio Internacional de Novela Negra RBA integrado por Lorenzo Silva, Soledad Puértolas, Suso de Toro, Antonio Lozano y Anik Lapointe, acuerdó conceder el I Premio Internacional de Novela Negra RBA, con una dotación de 125.000 euros, a la obra "Una novela de Barrio", presentada bajo el pseudónimo Paco Miralles y que correspondía al escritor Francisco González Ledesma. El acto tuvo lugar en los jardines del Hotel Juan Carlos I en Barcelona, donde asistieron políticos como Pascual Maragall, Xavier Trias, Josep Bargallo, etc. Escritores como Alfredo Bryce Echenique, Carmen Riera, Xavier Bru de Sala, Antonio Martin, Jonathan Little, Ismael Prados y un largo etc. así como personajes sociales como Rosa Clara, Peter Aedo, Roser Marce, Dolly Fontana, Balala Puig, Oriol Regas, Francina Diaz, Leopoldo Pomes, Carmen Matamala, etc.
"Una novela de barrio" es, en síntesis, una historia de venganza. Dos ladrones atracan un banco en los años setenta y, en su huida, matan a un rehén, un niño de corta edad. La novela empieza cuando, en la actualidad, y con Barcelona como escenario, uno de los atracadores muere asesinado. El que queda vivo, sabiéndose el siguiente, tratará de adelantarse y matar a quien, sin duda, debe ser el vengador: David Miralles, el padre del niño muerto durante el atraco al banco. La intervención de un singular policía, Méndez, medio jubilado y bastante poco ortodoxo, será decisiva para resolver el caso.
Al igual que Méndez, el alma de toda una serie de novelas que el público y la crítica ya conocen bien, Barcelona es aquí un personaje: una ciudad alejada de la postal turística y cultural, habitada por la nostalgia de unos tiempos en que los barrios eran barrios, destruida por la especulación del suelo e invadida por inmigrantes, una ciudad en vías de perder sus señas de identidad. Es allí donde Méndez adquiere los rasgos del héroe a su pesar, del filósofo que sabe que no tiene futuro, y que su mundo, el único mundo que él conoce, está condenado, quizá por fortuna, a desaparecer.
Su autor, Francisco González Ledesma, nace en Barcelona, en 1927. Empieza a escribir a los doce años, y a los quince a vivir de la escritura de cómics y novelas del Oeste. Acaba los estudios de Derecho en 1950, entra como pasante en un conocido despacho barcelonés, sigue escribiendo y comienza a estudiar periodismo. A los 21 años gana el Premio Internacional de Novela otorgado por un jurado entre el que se cuentan Somerset Maugham y Walter Starkie, aunque la novela no se publica en España porque la censura franquista tacha al autor de ‘pornógrafo’ y ‘rojo’. Su segunda novela, Los Napoleones no se publica hasta 1977, acabada la dictadura.
Cuando entra en vigor la nueva Ley de Prensa, González Ledesma abandona definitivamente el Derecho para dedicarse al Periodismo. Se inicia en El correo catalán, y acabará siendo redactor jefe de La Vanguardia. En 1983 resulta finalista del Premio Blasco Ibáñez con Expediente Barcelona, la primera de sus novelas en las que aparece el Inspector Méndez. En 1984 obtiene el Premio Planeta con Crónica sentimental en rojo.
Su novela Expediente Barcelona fue traducida y publicada por la prestigiosa editorial francesa Gallimard, y le supuso un prestigio y un éxito editorial en Francia muy superior al que goza en España. En dos ocasiones ha obtenido el premio Mystère a la mejor novela extranjera publicada en Francia. Bajo pseudónimo (Enrique Moriel) ha escrito recientemente La ciudad sin tiempo.

Informativos.net
, 12 de septiembre de 2007

11 de set. 2007

Francisco González Ledesma, escriptor, guanyador premi RBA de novel·la negra

Jordi Duran

COM Ràdio, Un altre món, 11 de setembre de 2007

http://www.comradio.com/flash/reproductor/reproductor.asp?kin_audio=36531

Moriel

Diego Medrano

Lleva Enrique Moriel vendidos cien mil ejemplares de su excelente novela 'La ciudad sin límites' (Destino). Pero Enrique Moriel no existe, tan sólo comporta el valiente pseudónimo de Francisco González Ledesma, quien, en el colmo de la gracia y perversidad, quiso cambiarse el nombre, prostituirlo por otro, ya que temía profundamente el lugar en el que se colocaría su libro en cualquier librería una vez sabido que era él. Esto indica mucho de su ego (inexistente) y de una astucia (forjada en la calle) que hacen de este golfo septuagenario un escritor de cojones. Pero los pseudónimos no son nuevos para Ledesma, ni mucho menos, en la posguerra firmó cerca de cuatrocientas novelas (en su mayoría del oeste) con otro apodo: Silver Kane. Alguien con oficio excesivo, mucho temple, sabedor de las miserias del oficio y los pasos exactos que conviene dar dentro del mismo.
Criado en los barrios pobres, siempre con mucho pueblo al fondo de sus obras, sonrisas ladeadas de meretrices y mujeres que esperan a sus maridos en los portales el día de la paga para hacer la compra del mes, Ledesma o Moriel (qué mas da si es un genio) ha conseguido innumerables premios, todos reconocidísimos y de gran altura sentimental: Premio Planeta, Premio Pepe Carvalho, etc. El último, sí, hace unos días: Premio Internacional de Novela Negra RBA (125.000 euros, el mejor dotado del mundo en dicho género). La literatura de Ledesma es apasionante: mucho crimen, mucha marginalidad, todo absolutamente verosímil.
No fuerza como Mankell, sino que es más sutil, mucho más verdadero, es la literatura de quien lleva setenta años de su vida en el portal de su casa con los ojos en vilo y la sonrisa gaseada por el vino de turno. Marsé y Montalbán fueron sus grandes amigos, sus defensores a ultranza. Llega el gran momento en España de Ledesma, o Moriel, o Dios Bendito, y debemos enterarnos de una puta vez. Yo recomendaría el acercamiento al Ledesma de la modernidad por este orden: 'Cinco mujeres y media' (Planeta), 'Tiempo de venganza' (Planeta), 'El pecado o algo parecido' (Planeta), 'La ciudad sin tiempo' (Destino) e 'Historia de mis calles' (Planeta). Que no falte este último, es su vida.

El Comercio
, 11 de septiembre de 2007

De novela negra

Anton M. Espadaler

La noche del pasado jueves se celebró en los jardines del hotel Juan Carlos I la fiesta en la que se otorgó el I Premio Internacional de novela negra RBA, que debe ser el mejor dotado del mundo en su género, 125.000 euros, y que recayó, como todos ustedes ya saben, en la obra titulada Una novela de barrio, de Francisco González Ledesma. Estos jardines, situados en una parte en que la zona de la Diagonal se convierte en tierra de nadie, evocan con sus palmeras de postal todo el tópico del parloteo caribeño. Y en ese decorado, el autor recordó, en una rueda de prensa presidida por su palabra cordial y trufada de ironía, los materiales con los que había construido la obra premiada, y a uno lo bajaron del cocotero en un santiamén: el Poble Sec, cuya antigua personalidad va desapareciendo, los recuerdos ...

La Vanguardia, 11 de septiembre de 2007

10 de set. 2007

'El pecado o algo parecido', de González Ledesma. Méndez, impagable Méndez

Herme Cerezo

Un hombre muerto en un banco, en donde le han abandonado unas prostitutas; dos sacerdotes que después introducen el cadáver en una furgoneta y se lo llevan: ¿a dónde, para qué y, sobre todo, por qué? Estas son las premisas en las que González Ledesma asienta el comienzo de ‘El pecado o algo parecido’. ¿Se puede pedir más? ¿Se puede provocar al lector de novela negra de un modo más atractivo? La respuesta, para mí, está clara: no.
En esto y en muchas otras cosas, Francisco González Ledesma es un maestro, un experto. Por los callejones perdidos de la novela negra le llaman el "jefe de la banda". Motivos sobran, razones también. No cabe duda que, a González Ledesma, cuando la administración franquista le forzó a escribir con seudónimo – si no lo hubiera hecho así no hubieran tenido qué comer ni él ni su familia –, le causó un enorme perjuicio, frustrándole su verdadera imagen de escritor al obligarle a crear un alias, un "otro yo", Silver Kane, con el que concibió más de 400 novelas del Oeste. Sin embargo, como todo en esta vida – o casi todo – aquello tuvo su lado positivo, cruel pero positivo, y este peregrinaje forzoso por los subterráneos del anonimato le proporcionó una sólida base como escritor, eso que llaman oficio, que pocos plumíferos de este país poseen. Escribir para comer, ¡manda huevos!
Pero no acabó ahí la cosa. Se ve que González Ledesma le cogió gusto a eso de rebautizarse, de sinonimearse (perdón por la cutrez) y así, recientemente, ha recuperado otro sosias suyo, Enrique Curiel, con el que durante el pasado día de Sant Jordi vendió un porrón de ejemplares de la novela ‘La ciudad sin tiempo’. Habrá que echarle un tiento para conocer este nuevo desdoblamiento de su personalidad literaria, cuyo protagonista es el mismo de su primera obra ‘Sombras viejas’, aquella por la cual la "Inquisición" obligó al escritor barcelonés a vestirse de Silver Kane durante mucho tiempo, durante muchas hojas, durante muchas novelitas de Bruguera.
González Ledesma ha conseguido un estilo propio e inconfundible, donde el amontonamiento de situaciones sobreviene como un alud imparable y el género negro se mezcla con un humor amargo y negro también que, incluso en situaciones verdaderamente trágicas, provoca un rictus cómico, una sonrisa nada forzosa, natural aunque amarga. Pero a don Francisco, tampoco le tiembla el pulso para poner nerviosos a sus lectores. Les aseguro que, en determinados pasajes de la novela que les hablo hoy, ‘El pecado o algo parecido’, la piel se eriza, los pelos mutan en escarpias y un escalofrío cinematográfico, nos recorre desde el occipucio hasta la última falange de nuestros pies. Incluso podría decir que este escalofrío se prolonga un poco más allá.
‘El pecado o algo parecido’ maneja la estructura habitual de los libros de González Ledesma: las relaciones entre la alta sociedad (millonarios, banqueros, inmobiliarias) y la baja (prostitutas, de cama mugrienta y tálamo de postín, navajeros, inmigrantes de dudoso pedigrí, chulos de puta, asesinos). Y en medio, Méndez, ese personaje único, ese policía al que nadie quiere, al que todos apartan porque incordia a unos y a otros, pero que siempre resulta necesario y cuyos puntos de vista provocan en el lector un aluvión se sensaciones. Méndez molesta porque busca la verdad y, sobre todo, porque no teme enfrentarse con ella, por muy desagradable que pueda resultar. Y si no, que se lo pregunten a Pons, su superior: "Y ahora, Méndez, no crea que porque ha descubierto un crimen lo va a investigar usted. De modo que olvídelo todo, déjenos en paz y váyase a la mierda".
A Méndez, los cadáveres y su pestilencia no le incomodan. Al contrario, lo que le afecta, lo que le produce melancolía, decepción y ansias de justicia son las maniobras que diseñan cerebros privilegiados para que aparezcan esos cadáveres que antes no eran tales, sino seres vivos con existencia propia. Y en esta ocasión, en este simulacro de pecado, en palabras del propio González Ledesma, al bueno de Méndez, al probo de Méndez, al íntegro de Méndez, al desaprovechado de Méndez, el autor barcelonés lo marea a su gusto moviéndolo por territorios que el policía no domina: Madrid y París. Claro que, Méndez, es un todoterreno y termina sacándole partido a cualquier situación y descubriendo que Barcelona, su hábitat natural, no es tan distinta a aquellas dos ciudades, si exceptuamos el puerto y el mar y lo que ello conlleva. Sin duda, todos los núcleos urbanos tienen cosas en común: ambientes de podredumbre y de riqueza, rincones románticos y desagradables, esquinas traicioneras y buscavidas, policías honrados y corruptos. No importa el lugar, la vida es igual en todas partes.
Por su resolución, ‘El pecado o algo parecido’, es un juego de volantines, una suerte de sorpresas que el escritor del Poble Sec depara el lector. Sorpresas inagotables, y que sólo terminan porque se acaban las páginas del libro. Son sorpresas lógicas, si se examinan una vez completada la lectura de la novela. Pero mientras el libro está en nuestras manos, sometiéndonos a la mera condición de cautivos de González Ledesma, no se imaginan, no se ven. Ésa es la gran habilidad de don Francisco: cómo oculta lo evidente, como lo hace invisible, como pone la venda en los ojos del lector para que siga leyendo sin mover el culo (la palabra que más utiliza en esta novela sin duda y, probablemente, en toda su obra) del asiento.
‘El pecado o algo parecido’ se vende ahora en bolsillo. Por fin, parece que paulatinamente las obras de González Ledesma van apareciendo, reeditándose y, encima, en versión de bolsillo, a precio asequible y con buen tamaño de letra (sí, mis improbables lectores, ya sé que soy obsesivo con este asunto, pero es que me gusta que las gafas me duren algún tiempo, porque valen una pasta, y que mis ojos cumplan su cometido la mayor cantidad de años posible). Invertir unos días o unas horas en la lectura de esta novela, de este pecado - depende de la velocidad y capacidad de cada lector - es una inversión de lo más rentable. No lo duden.
Bien y mientras ultimo esta reseña, mi colega y, sin embargo, amigo, colaborador del Diario del Siglo XXI, Rafa Esteve Casanova, me envía un esemese donde me anuncia que González Ledesma es el ganador del Premio Internacional de Novela Negra RBA, con su obra ‘Una novela de barrio’ y ello me congratula y me llena de satisfacción. En primer lugar y, sobre todo, por Francisco González Ledesma. A veces, sólo a veces, la vida devuelve una parte de lo que nos quitó tiempo atrás. Así que este galardón, unido a los otros que ya ha ido acumulando, ojalá le sirva para borrar de su memoria los sinsabores de tiempos pasados. En segundo lugar, porque en noviembre tendremos en la calle una nueva peripecia de Méndez, protagonista como no de ‘Una novela de barrio’. Y en tercer y último lugar, porque desde que leí su ‘Expediente Barcelona’ ("Señorita Esther Jou") y, sobre todo, ‘Cinco mujeres y media’ ("Cuando tenía cinco años ya aprendí que la verdadera vida se ve desde las habitaciones de atrás"), comprendí que en este escritor había mucho y muy bueno, hasta tal punto que es uno de mis refugios más seguros cuando no me apetece leer nada.
Recuperar una novela de González Ledesma es una garantía de calidad, de emociones y de género policial de primer orden.
Recuperar una novela de González Ledesma, es recuperar las ganas de leer. Sí, de leer, como suena.
¡ENHORABUENA, DON FRANCISCO!
____________________
‘El pecado o algo parecido’, de Francisco González Ledesma. Editorial Planeta, Col. Bolsillo, año 2007. Precio: 8,50 euros. 423 páginas.

Siglo XXI
, 10 de septiembre de 2007

9 de set. 2007

Barcelona es una novela negra

Rafa Esteve-Casanova

Todas las grandes ciudades tienen o han tenido alguien que escriba de sus miserias, también de sus grandezas y, por encima de todo, de sus realidades. Barcelona no podía ser una excepción y a lo largo de los años han sido muchos los escritores que, a lo largo de las páginas de sus libros, nos han mostrado su especial visión de la ciudad en la que viven el día a día cotidiano. En los últimos años Juan Marsé, que empezó con aquel “Pijoaparte” que en “Últimas tardes con Teresa” bajaba desde los suburbios de la ciudad para seducir a una jovencita burguesa y revolucionaria, el llorado Vázquez Montalbán y su detective de gallego apellido que quemaba libros para alimentar la chimenea de su vivienda en las faldas del Tibidabo, Eduardo Mendoza que nos mostró en “La ciudad de los prodigios” como comenzó la expansión de esta ciudad y el auge tramposo de su burguesía han ido dando vida a una ciudad a la que muchos, como yo, fuimos amando antes de fijar en ella la residencia definitiva. Todo ello sin olvidar a Ignacio Agustí que en su saga de la familia Rius nos mostró aquella sociedad que acudía a los palcos del Gran Teatro del Liceo no a escuchar a Wagner o Mozart sino a presumir de joyas, queridas y excelente posición social.
Pero con la desaparición de una legislación que encorsetaba a los escritores una nueva voz se une a los escritores barceloneses que a través de su obra van mostrándonos su especial amor y apego a su ciudad. Francisco González Ledesma y su inspector Ricardo Méndez nos han hecho recorrer las estrechas calles del viejo Barrio Chino de Barcelona, hoy conocidas como El Raval, y la pluma de este abogado devenido en escritor y periodista nos ha llevado a conocer a esos personajes entrañables cuya vida suele transcurrir entre las callejas de los suburbios. González Ledesma, nacido en el Poble Sec como Serrat y con quien, de tanto en tanto, habla de los tiempos desaparecidos, ahora, naturalmente, ya no habita en esa parte de la ciudad, sus premios y su trabajo como novelista le han permitido pagar la hipoteca que le ha llevado a vivir en la parte más residencial de Barcelona pero, en más de una ocasión, sigue callejeando por los lugares en los que creció y en los que sus personajes toman vida. Su personaje predilecto, el inspector Méndez, cuando ahora llega a la plaza donde está situado El Molino es muy difícil que escuche hablar en catalán, allá se encuentra con unos “pakis”, algún que otro “moro”, unos jóvenes de color y alguna que otra chica latina de culo prieto que van a bailar a algún local cercano donde la mezcolanza de razas es la seña de identidad.
Y, los afortunados lectores de González Ledesma, vamos a poder seguir disfrutando con las aventuras de Méndez, ese inspector de policía anómalo que ve cómo el despliegue de los “mossos d’esquadra” le ha ido quitando protagonismo al tiempo que las putas de su juventud mendigan por las esquinas de los nuevos espacios creados en el ahora llamado Raval. Méndez vuelve a cabalgar con la concesión a su padre y autor, Francisco González Ledesma, del I Premio Internacional de Novela Negra RBA dotado con la suculenta cantidad de 125.000 euros por la obra “Una novela de barrio”.
El pasado día 6 de Septiembre y en el incomparable marco de los jardines del Hotel Juan Carlos I de Barcelona el jurado formado por Soledad Puértolas, Suso de Toro, Lorenzo Silva, Antonio Lozano y Anik Lapointe decidió que, entre las 180 obras presentadas, la mejor era la novela de González Ledesma haciendo con ello justicia a un escritor que comenzó hace muchos años escribiendo semanalmente una novela de las llamadas “del oeste” con el seudónimo de Silver Kane ya que la censura franquista no permitía la publicación de sus otras obras. En los libros del escritor aparece siempre Barcelona, una ciudad que, a su decir, es “madre y madrastra”, con aquellos pequeños cines de barrio, con las vecinas de escalera que tenían que prostituirse para llegar a fin de mes, o con los niños que, como los de Marsé, tienen como diversión, todavía no había televisión, el contarse “aventis”.
A la alegría de ver que se premiaba a un buen hombre y mejor escritor se unió la de poder estar presente en un evento de esta categoría y en un ambiente excepcional en el que un magnifico grupo musical iba desgranando piezas del mejor jazz mientras los asistentes, muchos y escogidos, daban cuenta de una excelente cena mientras comentaban la oportunidad que había tenido el jurado al poder premiar la obra de un escritor barcelonés en esta primera edición del premio.
Las nuevas generaciones de lectores en España no han sido, hasta la fecha, unos grandes lectores de novela negra tal vez por falta de referencias o por considerarla un genero menor pero cada día son más los nuevos lectores que se apuntan a buscar entre los anaqueles de las librerías este tipo de obras que, al tiempo que hacen pasar un buen rato, suelen dar a conocer una parte de la ciudad en la que transcurren que por ser la más sórdida solemos desconocer. Un consejo, con el permiso de mi amigo Herme Cerezo y del resto de críticos literarios de este medio, es que se hagan cuanto antes con cualquiera de los libros de Francisco González Ledesma, mi viejo amigo Silver Kane, estoy seguro que ya nunca jamás le abandonarán.

Pisando charcos
, 9 de septiembre de 2007

González Ledesma retorna al lugar del éxito con el premio RBA

Sergi Doria

Francisco González Ledesma, abogado, periodista y el autor español de novela negra más prolífico, después de Manuel Vázquez Montalbán, ha resultado ganador del I Premio Internacional de Novela Negra que la editorial RBA dota con 125.000 euros. El invento se llama «Una novela de barrio», protagonizada por otro veterano antihéroe: el irónico comisario Méndez. «Expediente Barcelona» (1983) fue la primera novela en que Méndez hizo de la ciudad un caso. Siguieron «Las calles de nuestros padres», la planetaria «Crónica sentimental en rojo», «La Dama de Cachemira», «Historia de Dios en una esquina», «El pecado o algo parecido» y esta «novela de barrio» sobre dos atracadores que mataron un niño. Méndez abandona su jubilación y su piso atestado de libros para resolver esta historia de verdugos y víctimas.
Confiesa González Ledesma que la novela no nació en la serie negra: «Trataba del amor paternal: un niño muerto y un padre que imagina cómo hubiera sido esa vida frustrada, pero reorienté la trama a lo policiaco: el niño moría en un atraco y su padre intentará vengarse».
El jurado -Soledad Puértolas, Suso de Toro, Lorenzo Silva, Antonio Lozano y Anik Lapointe- premió por unanimidad «Una historia de barrio», entre los 180 manuscritos presentados. Para Puértolas, González Ledesma condensa los ingredientes de la mejor novela negra: «El ambiente es protagonista con una intensidad poética que entronca con Chandler o Hammet».
El barrio es el Poble Sec. Allí nació y empezó a escribir con 12 años Gonzalez Ledesma, un oficio aprendido en 500 novelas del Oeste firmadas como Silver Kane y el trabajo a destajo de Bruguera. En esos años de posguerra cultivó la ironía y «cierto aliento ético de la vida para no morirme de asco». En la Transición descubrió con Vázquez Montalbán que «Barcelona era una gran novela negra». En una oscura comisaria asomaba Méndez, un policía que abomina de la ley y cuida a las putas del Barrio Chino. «Méndez es la mezcla de cuatro policías que conocí en la realidad». Gracias al comisario, González Ledesma ganó el Planeta, dos premios franceses de «polar» en Francia y este de RBA. Otro caso resuelto en el Expediente Barcelona del escritor octogenario.


ABC, 9 de septiembre de 2007

A punta de pistola

El gremi llibresc en pes es retroba en plena "rentrée" a la festa del nou premi de novel·la negra de RBA.

Eva Piquer

Què hauria de fer una cronista cultural comme il faut en el primer sarau llibresc del nou curs? Sospito que tocaria acorralar Jonathan Littell, el premi Goncourt que viu a Barcelona però no es deixa entrevistar ni que el matin, amb l'objectiu de sotmetre'l a un tercer grau. O aprofitar l'elevadíssima concentració d'autors, editors i altres espècimens paraliteraris per arrencar-los notícies fresques.
Una altra opció seria aparcar l'uniforme de feina, és a dir la llibreta i el boli, i tirar-se a la teca i el mam. "Ha corregut la veu que hi ha bon menjar", em diu l'escriptor Jordi Puntí en un intent de justificar l'èxit d'assistència a l'entrega del primer Premi Internacional de Novel·la Negra RBA. La cita és a l'aire lliure, en els jardins amb piscina de l'Hotel Joan Carles I. Un escenari tan encertat que una mica més i em torno monàrquica.
"És ell, no és el Queco!", exclama l'Eduard Voltas, secretari de Cultura de la Generalitat, així que entra en escena en Pasqual Maragall. El director general de RBA, Joaquim Palau, ja pot respirar tranquil: ha aconseguit arrossegar mitja ciutat (i part de l'estranger: la presència gironina és notable) fins allà on la Diagonal perd el seu nom. "A uns quants no els he convençut a punta de pistola, però gairebé", reconeix l'editor. El capo del Llull, Josep Bargalló, hi fica cullerada: "En un premi de novel·la negra, l'expressió a punta de pistola és prou adequada". L'exconseller en cap també vaticina que, passada la mitjanit, aquí no caldran banyadors i ens podrem llançar tots despullats a la piscina.
El guanyador de la vetllada (125.000 euros, poca broma) és Francisco González Ledesma, amb una nova novel·la del seu Ricardo Méndez, un comissari que ja li ha proporcionat cinc premis literaris. "Si mai en Méndez em demana un préstec, no tindré més remei que donar-l'hi", fa en Ledesma.
"Aquest home és un treballador nat -m'explica el periodista Joan Tàpia-. Recordo quan arribava a La Vanguardia, blasfemant contra el règim, a principis dels setanta. Venia de treballar a Bruguera, i als matins encara feia d'advocat".
En Cercas s'ha aprimat. Fa poc, ell i en Pàmies semblaven bessons univitel·lins. Avui me'ls miro mentre parlen i em veig amb cor d'identificar qui és qui. Tema de conversa: la canalla. "Pots escriure que ens agraden els nens: és un bon titular", diu en Sergi. O el Javier.
En Ferran Mascarell fa hores que volta. Me l'he trobat a un quart de nou del matí a Catalunya Ràdio, on s'estrenava com a tertulià, i potser serà dels últims a abandonar la terrassa chill out de l'hotel, on serveixen whiskys japonesos amb les riallades de la Lolita Bosch com a banda sonora.
Ara seria el moment d'atacar Jonathan Littell, sol com un mussol a la barra. Llàstima que sóc tímida i abstèmia, dues raons per les quals mai guanyaré un Pulitzer. "Tens una crònica regalada, amb aquesta festassa a Miami Beach!", m'etziba un col·lega quan jo ja em retiro.


epiquer@avui.cat


Avui, 9 de setembre de 2007

8 de set. 2007

“El inspector Méndez ya no reconoce una Barcelona que pierde identidad”

ENTREVISTA a Francisco González Ledesma, ganador del premio RBA

Rosa Maria Piñol

El inspector Méndez, ahora un +sexagenario prejubilable, le ha reportado nada menos que cinco galardones literarios a su autor, Francisco González Ledesma. El último de ellos, el flamante primer premio Internacional de Novela Negra RBA, que le fue otorgado al veterano escritor barcelonés el jueves por la noche en el marco de una fiesta organizada por la editorial convocante en el hotel Juan Carlos I. Esta vez, la aventura de Méndez, titulada Una novela de barrio, se centra en una venganza y se enmarca en una Barcelona, la de principios de los años 70, hoy notablemente transformada. González Ledesma, 80 jóvenes años, vive una etapa dorada en el panorama literario español –su último éxito ha sido La ciudad sin tiempo, firmada como Enrique Moriel– y los editores le piden nuevos libros. Atrás quedan los años en que sólo editaban sus obras en Francia.

–¿Cuándo escribió Una novela de barrio?


–Empecé esta novela hace unos diez años. Pero tardé un poco en acabarla porque no sabía cómo desarrollar la idea central.

–¿Es la historia de una venganza?

–Sí, aunque nació como un relato de amor paternal. Trata de un hombre a quien dos atracadores de un banco le matan a su hijo de tres años, que era uno de los rehenes. El padre trata entonces de reconstruir la vida del hijo, viviendo él algunos de sus episodios: visita la escuela que hubiera elegido para él, habla con sus hipotéticas compañeras de clase, acude a las discotecas que el hijo adolescente hubiera frecuentado...

–Y el relato derivó en novela negra.

–Sí. Pensé que este planteamiento inicial podía dar lugar a una historia negra de cierta intensidad: cuando, más tarde, los dos atracadores salen de la cárcel, uno de ellos quiere continuar su carrera delictiva, y al otro lo asesinan. Entonces la gente sospecha que ha sido una venganza de Miralles, el padre del niño, que por otra parte trabaja como guardaespaldas y, por ello, posee un arma.

–¿Hay mucha acción?

–La historia es muy dinámica, con mucha intriga, acción y dramatismo.

–Al recibir el premio declaró que Barcelona es como su "madre o madrastra", que le "da vida" para escribir historias. Aquí rescata imágenes de su barrio, el Poble Sec.

–Retrato la vida de barrio en unos años en que todavía había pobreza. Yo he conocido a gente que tuvo que prostituirse a causa del hambre, y eso lo he reflejado en uno de los personajes femeninos relacionados con el protagonista. Pero también doy vida a antiguos negocios de barrio, bares de jubilados...

–¿Su evocación es nostálgica?

–Sí, claro. Es una novela sentimental urbana. Yo amo los barrios de Barcelona y, en ese sentido, la obra es una novela reportaje. Intento retratar la evolución
que han sufrido esas barriadas en las últimas cuatro décadas. Describo el viejo Poble Sec, y cómo muchos tuvieron que irse de allí porque iban a derribar sus casas. A mí los cambios en la ciudad me han influido: Barcelona ha ido perdiendo su identidad, no sé si para bien o para mal. Y el inspector Méndez tampoco acaba de reconocer el nuevo paisaje urbano.

–¿Recrea hechos históricos de los años 70 como telón de fondo?

–No hechos concretos, sino más bien el clima general de la ciudad, la vida en los barrios, la inmigración, las jubilaciones anticipadas...

–Las historias del inspector Méndez le han dado suerte con los premios.

–Pues sí. Me han dado ya cinco premios: el Planeta, dos Prix Mystère franceses (que la crítica otorga a la mejor novela policiaca extranjera), el segundo de ellos por Cinco mujeres y media. También obtuve el Hammett y, ahora, el primer premio RBA.

–Un nuevo galardón, internacional, que ha recaído en un veterano como usted, un valor seguro. ¿Eso quiere decir que no había escritores más jóvenes que le pudieran hacer sombra?

–Eso no puedo responderlo. Sólo sé que RBA vio que la novela negra de tipo social tiene una importancia literaria y comercial, y quiso hacer un gran lanzamiento, a nivel internacional. Han concursado muchos autores norteamericanos y me han dicho que había nombres consagrados. Pero, en fin, parece que mi novela les gustó mucho.

–¿Piensa continuar con Méndez?

–Sí, porque me permite recrear experiencias que he vivido como abogado criminalista y como periodista. De momento, el mes que viene Destino publica mi libro Sombras viejas, cuyo protagonista es Enrique Moriel, el seudónimo que utilicé para firmar La ciudad sin tiempo.

–Al fin puede ver publicada aquí su primera novela.

–Sí. Fue la que ganó el premio Internacional de Novela de 1948, cuyo jurado presidía Somerset Maugham. Pero la censura la prohibió. Sólo se había publicado en Francia.


La Vanguardia
, 8 de septiembre de 2007

Memoria de Barcelona

Rosa Mora

Francisco González Ledesma guarda la memoria de una Barcelona que ya no existe, la misma que compartió con Manuel Vázquez Montalbán y Terenci Moix, y que recuerda ahora con Maruja Torres. Una Barcelona cuya frontera norte era la plaza de Catalunya, y al sur, el mar, el barrio chino, el Poble Sec, donde nació, y que fue construido en parte sobre material de derribo de la Exposición Universal de 1929; la falda de Montjuïc, donde de niño aprendió a vivir y sobrevivir en la guerra y la posguerra.
Ahora, ese paisaje ha cambiado y la ordenación urbanística del Raval ha dado un giro copernicano a aquellos barrios canallas. A menudo se observa cierta nostalgia en las novelas de González Ledesma y el propio inspector Méndez, su afortunada creación, se pierde en la modernidad. Lo cierto es que, entre el pasado y el presente, su obsesión es Barcelona, la verdadera protagonista de buena parte de sus libros. Sobre todo de Historias de mis calles, sus estupendas memorias; o de Expediente Barcelona (1983, recientemente recuperada por La Factoría de Ideas), en cuya página 134 apareció por primera vez, como personaje secundario, Ricardo Méndez. Méndez nació como policía de la siniestra Brigada Criminal franquista, pero muy pronto se convirtió en un viejo perdedor que prefiere la justicia de la calle a la de los tribunales. Nueve libros, novelas y relatos después, Méndez sigue siendo un tipo entrañable.

El País
, 8 de septiembre de 2007