25 oct. 2007

Ledesma plantea la tentación de la venganza en "Una novela de barrio"

EFE

"¿La justicia es justa o a veces no queda más camino que la venganza?" Esta es la inquietante incógnita que Francisco González Ledesma ha querido plantear en "Una novela de barrio", reciente ganadora del I Premio Internacional de Novela Negra RBA.
"Es una novela que afronta con cierta crudeza el problema de la justicia", ha explicado hoy a Efe González Ledesma (Barcelona, 1927), escritor, periodista y abogado, al que un día empezó a obsesionar una pregunta: "¿qué pasaría si mataran a mi hijo?"
El escritor buscó respuesta en un personaje, David Miralles, padre de un niño de tres años al que dos ladrones mataron durante el atraco a un banco.
Al cabo del tiempo, uno de los atracadores -Omedes- muere de un disparo; el otro -Leónidas Pérez- da por sentado que el asesino es Miralles, que ahora trabaja como guardaespaldas, y tratará de acabar con él antes de que el padre del niño consume una supuesta venganza.
La decisión de Leónidas Pérez genera una serie de muertes y el caso cae en manos del inspector Méndez, quien en su séptima aparición en una novela de González Ledesma está ya medio jubilado, lo que no le impedirá tener una intervención trascendental en la historia.
Méndez es un policía que cree que la única justicia verdadera es "la de la calle", una conclusión que, según admite González Ledesma, conduce a la desesperación, porque "significaría que la justicia oficial es ineficaz, por lo que, en cierta medida, el Estado de Derecho desaparece".
Pero el escritor no puede evitar preguntarse "hasta qué punto puede un ciudadano normal sentir la tentación de cometer un delito como el de la venganza". Y responde: "Es posible que yo pensara en cometer un delito si mataran a mi hijo".
Para escribir su novela González Ledesma contó con su experiencia de veinte años como abogado y trasladó algunas de las dudas que se plantearon en el ejercicio de esta profesión.
"He sido abogado defensor durante mucho tiempo y he sacado a la calle a mucha gente que quizá no lo merecía", asegura el escritor barcelonés.
Esos "problemas de conciencia" que le llevaron a González Ledesma a abandonar la abogacía son los mismos que asaltan en la novela a Escolano, un abogado que heredó el despacho de su padre, cuya intervención libró de la cárcel a Leónidas Pérez, autor material de los disparos que mataron al hijo de Miralles.
David Miralles reconstruye la vida de su hijo, se comporta como si siguiera existiendo e incluso le hace una reserva en un colegio de pago. Es una de esas víctimas de un delito de las que, según González Ledesma, "nadie se ocupa nunca".
La acción de la novela transcurre en esos barrios populares de Barcelona que "están desapareciendo" y que provocan nostalgia en González Ledesma y en su personaje más conocido. "Había una forma de vivir que ya no existe y que Méndez y yo echamos de menos", afirma el escritor.
"Barcelona está cambiando a peor, en el sentido sentimental, y a mejor en el sentido social y arquitectónico", asegura el autor, quien rememora su infancia en el Poble Sec, donde "todas las madres cuidaban de todos los niños" del barrio.
Ganador del Premio Planeta de 1984 por "Crónica sentimental en rojo", González Ledesma ha recibido a lo largo de su carrera otros galardones como el Premio Hammett, en 2002 por "El pecado o algo parecido", y en dos ocasiones ha sido premiado por la crítica francesa.
En septiembre pasado obtuvo el Premio Internacional de Novela Negra que convoca RBA, el mejor dotado del mundo en su género, con 125.000 euros, pero considera que, a sus ochenta años, los reconocimientos le llegan ya "muy tarde".

AOL, 25 de octubre de 2007