18 nov. 2007

“Yo he bebido mucho en el Barrio Chino”

FRANCISCO GONZÁLEZ LEDESMA Escritor

Karmentxu Marín

PERFIL

Con 80 años y tres hijos, llegó a simultanear tres oficios, literatura, periodismo y abogacía, y dice que el trabajo es su única virtud. Se define como un lector empedernido -el único préstamo que pidió en su vida, a los 15 años, fue para comprar libros-, lo que le lleva "a otra afición mía, que es pensar, y a un defecto: el despiste". Fue levantador de pesos y crítico gastronómico, aunque él, de cocina, "ni puta idea".

Pregunta. Premio Internacional de Novela Negra RBA. ¿En España es el rey del mambo del género?

Respuesta. Algunos críticos creen que sí. Yo no estoy tan seguro. Hay otros autores a los que admiro mucho y me podrían dar lecciones. Pero sí, tengo una cierta importancia.

P. ¿Ha dado las gracias al inspector Méndez por lo que le debe?

R. Me ha dado un Planeta, un Premio Internacional de Novela, dos premios de la Crítica en Francia... Le doy las gracias, y si alguna vez me pide dinero, se lo prestaré sin ninguna garantía.

P. ¿En la próxima novela no debería hacerle jefe superior de policía?

R. Imposible. Primero, porque él no querría; segundo, porque no serviría, y tercero, porque el ministro le expulsaría de España.

P. Si se pone así...

R. Méndez nunca ha obedecido una orden, no cree en la ley oficial, sino en la de la calle y, en consecuencia, es impracticable que llegue a mandar a nadie.

P. Al menos, con los 125.000 euros del premio le pagará unas cañas, o unos coñacs.

R. Le pagaré unas cañas, pero le van a sentar mal, porque me va a llevar a algún bar de mala nota, donde la cerveza sea falsificada y el coñac, de contrabando. Yo no me atrevería a beber con Méndez. A pesar de que yo he bebido mucho en el Barrio Chino.

P. ¿Liga usted más o menos que él?

R. Yo ligo poquísimo. Él tenía unas cuantas mujeres de la calle a las que conoció de jóvenes, las protegía, las ayudaba en lo que podía... Hoy se han hecho viejas, siguen siendo sus amigas, sigue protegiéndolas, dándoles conversación… Pero es que yo, ni eso.

P. Ni conversación.

R. No, sí, yo doy conversación a mucha gente, pero nada más.

P. ¿Qué opina su madero del tripartito?

R. Intenta no meterse en política. Pero su autor piensa que el tripartito, o cuatripartito, porque ya no sé quién manda, está politizando demasiado las cosas culturales. La defensa del catalán me parece muy bien, pero no significa que se tenga que atacar al castellano.

P. La censura franquista le llamó rojo y pornógrafo. ¿De qué tiene más?

R. De rojo, evidentemente. Si yo hubiera tenido la suerte de ser un buen pornógrafo, lo hubiera pasado muy bien, y seguramente hubiera ganado algún dinero [risas]. Pero me tacharon de pornógrafo porque en una novela mía un novio le tocaba la rodilla a la novia.

P. El tema era bastante grueso.

R. Muy grueso. Sobre todo porque yo decía que la chica tenía la rodilla bonita. Y rojo por un tema elemental: soy hijo de republicanos, nací en un barrio pobre, y cuando vi entrar a las tropas de Franco en Barcelona, yo lloré y mi padre lloró.

P. Cuatrocientas novelas del Oeste firmadas como Silver Kane en su juventud: no saldría del saloon.

R. Yo llegué a conocer muy bien la historia de Estados Unidos y del Viejo Oeste. Había personajes que me seducían muchísimo: por ejemplo, la dama del saloon, una mujer con una gran personalidad. Y me llevaba a construir personajes femeninos que yo creo que estaban muy bien construidos.

P. ¿Cuál fue su mejor disparo?

R. Crear sentimientos. En mis novelas siempre había dos personajes fundamentales: la dama del saloon y el hombre que quería hacer justicia, en el que, por cierto, no creía nadie.

P. Luego pasó del whisky al coñac, y del Far West a Barcelona.

R. El salto fue en la transición, cuando me di cuenta de que podía publicar las cosas como yo quería, y de que durante el franquismo no había existido novela negra. Nacía un mundo nuevo que podía ser descrito.

P. ¿Qué nostalgias le pesan?

R. La vieja Barcelona, que era inquieta y tenía un mensaje ético, y el mundo de la solidaridad, de la gente que pasaba hambre en los barrios y siempre alguien te daba algo de comer. Eso se ha perdido.

P. "No tengo ilusiones, pero tengo experiencias". ¿No cree en nada?

R. Sí que creo en muchas cosas, por Dios. Creo en la verdad, en la piedad, en el amor y en los animales, que no es poca cosa.

P. ¿Entre las cosas en las que no cree está la posibilidad de que le llame Sharon Stone?

R. Que me llame es imposible. No creo en que nadie que valga la pena me vaya detrás. Me puede llamar un compañero, un ministro, un intelectual…

P. No desespere con Sharon.

R. Si no me gusta mucho. Yo de quien estuve enamorado es de Ingrid Bergman. Y me gusta su hija, Isabella Rossellini, porque se le parece.

P. Pues, aunque sería un puntazo, no creo que pueda llamarle Ingrid Bergman.

R. Ni Isabella Rossellini tampoco.

El País, 18 de noviembre de 2007