29 nov. 2007

Un poema en la calzada

Enrique Bienzobas

En el verano de 2002 la revista Interviú regaló cada semana del mes de agosto un librito, formato muy parecido al de las “novelas de a duro”, escritas especialmente para dicha revista. Llegó a publicar y regalar seis: Se presenta el detective Bus, de Manuel Blanco Chivite; Los miedos de la ciudad sin miedo, de Andreu Martín; No hay futuro, destruye, de Mariano Sánchez Soler; El adoquín azul, de Francisco González Ledesma; El mundo en los ojos de un ciego, de Paco Ignacio Taibo II y Es posible la muerte, de Fernando Martínez Laínez. ¡Menuda colección!
Hoy quiero comentar una que me pareció de una belleza extraordinaria, El adoquín azul, de Francisco González Ledesma.
El adoquín azul es un relato corto maravilloso. Trata de la historia de un republicano en los años treinta y cuarenta, un romántico librepensador, un ser entregado a los demás, tanto que ni siquiera amó y cuando pudo amar renunció a ello en aras de la libertad (y del miedo). Montero nace en los años del hambre, de la miseria, de la organización terrorista empresarial y su contestación obrera.
Montero es un poeta, un poeta enamorado de la vida, un poeta romántico, que no romántico, que canta a las calles de Barcelona, a sus mujeres, a las mujeres del Barrio Chino, a las putas, a las pensiones de mala muerte, a las esquinas, a los portales oscuros,... Montero es la memoria de la vida, es la memoria de Barcelona. Los años del plomo (como se llamaron a los años setenta en la Italia de las Brigadas Rojas -. Aquí, en España, a aquel período se le conoce históricamente como “Los años Bolcheviques”), los mismos años de los que habla La bicicleta de Leonardo, de Paco Ignacio Taibo II.
(Montero! (Un romántico que perdió la vida! Perdió la vida buscando otra, que es lo mismo que decir que buscando la suya, porque quién busca una vida la busca en el infinito vivir de los otros). Qué es la vida de uno sin contar con la de los otros? (Nada! Es como respirar el vacío dentro de una escafandra en el frío invierno nuclear. Eso ni es vida ni es nada que se le parezca. Por eso Montero es un poeta vivo. Porque vive y ama la vida. Y ama las calles. Y ama las esquinas. Y ama los oscuros portales. Y odia a los policías. Y los odia no porque sean policías, sino porque impiden vivir a los demás.
Montero logra escapar de una redada. Una redada organizada por el jefe de policía (en 1945) Ponce (que con la democracia sufrió un atentado terrorista que terminó con su vida). Es herido pero logra escapar y lo salva Ana, (La mujer de Ponce! Un ser sensible –la mujer, no Ponce- que huye de su propio presente ayudando a los huidos, ayudando a Montero, Yo conocí a Montero en mis años de hambre, de muerte programada, de portales oscuros y luces verticales cayendo sobre los patios de atrás en el barrio donde él y yo nacimos". Desde entonces Montero solo vive para conocer a Ana. Logra escapar de la muerte fascista, de las luces azules con los yugos rojos. Y Montero logra huir con la inestimable ayuda de Ana. Y viaja, y vive. Y escribe, y logra, en los USA, convertirse en acreditado redactor-traductor-intéprete y contable en editoriales norteamericanas, pero con poco sueldo. Sueldo que quema buscando en la democracia a Ana.
Y buscando, buscando, pierde su vida, arruinada años antes por la luz azul de las camisas asesinas. La pierde en una búsqueda imposible. Ramblas arriba, ramblas abajo, barrio por aquí, barrio por allí. Y gasta lo poco que tiene, y vuelve a empezar. Y va perdiendo la memoria, y va perdiendo la vida que nunca tuvo porque la dio a los demás, como poeta que era. Y pierde el empleo, y pierde el piso en Nueva York. Y pierde la memoria.
Al final, ayudado por manos solícitas, llega a una residencia que es la misma casa en donde estuvo escondido y en donde Ana perdió también su propia identidad. Pero ya es tarde. Ha perdido la memoria. Ana y él. Montero y Ana, vuelven a mirarse, pero sus ojos están vacíos. Nada hay tras ellos. La vida los ha abandonado.
(Qué hermosa y lírica historia de amor! Es una novela negra. Es una novela policíaca. Es una historia de amor. Un amor imposible entre Ana, la mujer del policía fascista, y Montero, el poeta-anarcosindicalista republicano, amante de los portales oscuros y cantador de las mujeres esquinadas.
Narrada en tercera persona. Un narrador omnisciente pero con voz en primera persona. Una pequeña joya literaria.


FRANCISCO GONZALEZ LEDESMA: El adoquín azul. Ediciones Zeta, S.A.. No figura ISBN (regalada con la revista Interviú). Depósitó legal B-37.369-2002. 95 págs.

Liberty
, 29 de noviembre de 2007