26 nov. 2007

La vigencia de un clásico

Javier Sánchez Zapatero

Con 81 años y una extensa obra periodística y novelesca a sus espaldas, Francisco González Ledesma vuelve al primer plano de la actualidad gracias a la concesión del Premio Internacional de Novela Negra RBA --dotado con 125.000 euros-- a su novela Un aroma de barrio y a la reedición de varias de las "novelas de quiosco" que escribió durante la dictadura bajo el pseudónimo de Silver Kane en el volumen Recuérdame al morir, publicado por La Factoría de Ideas. Además de evidenciar la actividad de un autor que, tras ejercer la abogacía y ser redactor jefe del diario La Vanguardia, lleva años dedicándose de forma exclusiva a la literatura, la doble vuelta de González Ledesma a los estantes de novedades de las librerías pone de manifiesto la ambivalencia de su obra.
Durante toda la dictadura, y después de que en 1948 su novela Sombras viejas fuera censurada por ser considerada "roja y pornógrafa", el autor combinó su actividad laboral con la escritura de cientos de "novelas de quiosco" de fácil consumo y carácter evasivo. El éxito que cosecharon se debió fundamentalmente a que permitían a los lectores huir de la opresiva realidad durante algunas horas gracias a la inclusión en ellas de escenarios estereotipados que recreaban el antiguo Oeste o los bajos fondos de Nueva York y de personajes con nombres extranjeros y características ensoñadoras difíciles de encontrar en la gris España de la época. Junto a escritores como Marcial Lafuente Estefanía, Ledesma, transformado en Silver Kane, hizo de la literatura popular una de las formas de diversión de mayor repercusión de la dictadura. De hecho, una de las razones para explicar la dependencia de la televisión en el tiempo de ocio de los españoles en la actualidad es la incapacidad que la industria literaria ha demostrado a la hora de encontrar alternativas para paliar la desaparición de aquellas novelas que hace décadas se vendían masivamente en los quioscos y en las cantinas de las estaciones de ferrocarril.
Con la llegada de la democracia y la normalización del proceso de distribución y recepción editorial, el autor barcelonés pudo por fin desarrollar sin cortapisas sus inquietudes literarias, creando una obra caracterizada por su valor crítico y su retrato social, ambientado casi siempre en las calles de Barcelona. Protagonizadas por el inspector Méndez, un antihéroe descreído y de vuelta de casi todo, las novelas negras de Ledesma se convirtieron, como las de Vázquez Montalbán o Juan Madrid, en crónicas de los años de transición a la democracia y de los claroscuros de la interpretación oficial sobre el "éxito" del modelo reformista.
Precisamente Méndez protagoniza Una novela de barrio, la obra con la que Ledesma se ha impuesto en el premio de novela negra más dotado de cuantos existen en España. Su publicación, unida a la reciente edición de sus deliciosas y muy recomendables memorias Historia de mis calles, y al éxito de La ciudad sin tiempo, una novela con aires de best-seller que publicó bajo el pseudónimo de Enrique Moriel, demuestra la vigencia de un autor rescatado del olvido.

Tribuna Universitaria, 26 de noviembre de 2007