23 jul. 2009

El orgullo del Poble Sec: González Ledesma

En una tarde en el que Pedro Botero se ha dejado abiertas las puertas del infierno, un apuesto González Ledesma ha encandilado y seducido frente a la casa que le vió nacer. Con 82 años, americana de lino, camisa blanca impecable, ojos claros y gran sencillez.
En Marzo de 1927 la madre de Francisco, el periodista y gran escritor de Novela Negra, regaló a la ciudad un vecino admirable y ejemplar. Él dice que en los peldaños de la escalera de Tapioles 22 aprendió a vivir, a ser honesto y a ser serio en su trabajo. Entre su discreta familia, sus antiguos convivientes y algunos admiradores entregados, González Ledesma ha confesado sentirse discípulo agradecido. Con buen humor y gran dominio de la situación, ha reclamado a las autoridades una mínima atención hacia la precaria fachada de la que pende su placa, y hacia el vecindario en general. Hereu, el alcalde con su retraso de más de media hora, y su pobre discurso, ha demostrado que no sabía suficiente del barrio, pero aún así, no ha conseguido arruinar la autenticidad del sentimiento hacia el ilustre poblesequense.
Al empezar se han leído algunos fragmentos de las novelas de Ledesma. Aquellos que pueden encuadrar el Poble Sec de una infancia compartida con Méndez, su cómplice investigador. Testimonio realista y poético de un entorno Negro, donde las penas del alma se enraizan en el instinto de supervivencia.
Ledesma reivindica la esperanza y la solidaridad vecinal como tabla de salvación de la gente entre la que creció. Unas crónicas como las suyas, una referencia de Manuel Vázquez Montalbán (Carvalho dice haberse casado en una iglesia del barrio) o los guiños de LLuís Gutierrez te ayudan a congratularte con el complicado Pueblo Seco. Larga vida a González Ledesma, a su obra y al racimo de calles donde nació.

Pensando demasiado, 23 de julio de 2009