14 abr. 2009

González Ledesma rescata al inspector Méndez quizás por última vez

E.V.

Vuelve el inspector Méndez. El más famoso de los personajes creados por el maestro de la novela criminal Francisco González Ledesma (Barcelona, 1927) se echa de nuevo a las calles de la capital catalana para combatir el delito, siempre fiel a su peculiar estilo. Con esta nueva entrega, «No hay que morir dos veces» (Planeta), Ledesma celebra los 25 años de la aparición de este protagonista y se embarca en una trama en la que se entrecruzan tres misterios con los ingredientes de la delincuencia más actual, desde el terrorismo internacional hasta la pederastia o el acoso sexual.Generoso con el ladrón de poca monta e implacable con los violadores, cínico e ingobernable, habitual de los bajos fondos y extraño en los despachos de los jefes, Méndez tiene muchas cuentas pendientes por saldar («sus compañeros se ofrecen para pagarle la jubilación o, en su defecto, la lápida», recuerda Ledesma), pero no será el autor quien se las ajuste. «No le jubilaré nunca –afirma–, pero tengo claro que el día que yo ya no pueda escribir dignamente le dejaré morir en un rincón. De hecho, es posible que ésta sea la última novela, porque ya soy un viejecito venerable y cada vez que me pongo a escribir tiro a la basura más páginas, y eso no es buena señal».Ledesma ha sido escritor, con seudónimo, de novelas del Oeste, que le sirvieron para comer. Ha sido, también, abogado, una profesión de la que se hartó a tiempo, pero que le ha dado argumentos para sus tramas. Y ha sido, sobre todo, periodista, su mayor orgullo. El cóctel, aderezado con muchos paseos callejeros por las madrugadas de Barcelona, le sirve para seguir alimentando a su personaje: «Esta sociedad sigue siendo muy cínica. Por eso sigue necesitando a un cínico como Méndez».

La Razón, 14 de abril de 2009