19 abr. 2009

Francisco González Ledesma: "He pillado incongruencias a Stieg Larsson"

Premio Planeta, autor de 'No hay que morir dos veces

Alfonso Basallo

Francisco González Ledesma (Barcelona, 1927) es uno de los mejores cultivadores de la serie negra en España, junto con Lorenzo Silva o Vázquez Montalbán. Periodista y abogado antes que escritor, y autor de novelas del Oeste (con el pseudónimo de Silver Kane) antes que novelista policiaco, ganó el Premio Planeta en 1984 por Crónica sentimental en rojo. Ha creado un arquetipo de sabueso, el viejo policía Méndez, escéptico con sus jefes y comprensivo con los débiles. Vuelve con la novela No hay que morir dos veces (Planeta).
- Fue usted redactor jefe de La Vanguardia muchos años y antes reportero. ¿Qué le debe Ledesma escritor a Ledesma periodista?
- Tres cosas: en primer lugar, la capacidad de asimilar una noticia y que se entienda; en segundo lugar, la capacidad de construir diálogos reales, no retóricos; y en tercer lugar, el amor a la calle.
- Está claro que no es usted un escritor para escritores como decía Borges
- En absoluto: quiero escribir para el gran público. Y de cosas reales, que es lo que estoy haciendo desde que empecé a los 12 años: historias de mi barrio, el Poble Sec barcerlonés, en tiempos duros y sacrificados, llenos de inmigrantes castellanos en contacto con catalanes.
- Pero tendrá un referente literario...
- Sí. Me interesa mucho Simenon y sus novelas de Maigret, por su vertiente social, pero también Edgar Wallace o el francés Frédéric Dard, padre del comisario San Antonio. Aunque lo que más admiro es la gan novela francesa del XIX: Victor Hugo, Dumas, por su capacidad de abarcar la vida
- ¿Concilia usted el estajanovismo con la inspiración?
- Blasco Ibáñez decía que la inspiración no viene de la cabeza sino de las posaderas. Puede. Y yo he trabajado a destajo produciendo novelas sin parar en la editorial Bruguera o en Molino y puedo decir que es una escuela.
- Muchos lectores le conocen más por su pseudónimo de Silver Kane, autor de novelas del Oeste, que por haber ganado el premio Planeta.
- Así es. Durante años escribía dos novelas semanales de 80 folios cada una. Y sin repetir argumentos y personajes.
- ¿Y no acabó harto de saloons, tiroteos y vacas?
- No crea. Las novelas del Oeste tienen temas muy sugestivos como la dama del saloon, el héroe solitario, la corrupción de los poderosos...
- La corrupción es el motor de la novela negra.
- Es un leitmotiv. Y la serie negra es, a la vez, espejo de la corrupción.
- ¿Ingredientes imprescindibles de una buena novela policiaca?
- No hay recetas demasiado rígidas pero una buena fórmula es la suma de enigma más denuncia social más calle.
- ¿Y asesinos?
- Por supuesto debe haber malhechores... pero niguno debe ser del todo malo, ni el héroe debe ser del todo bueno. Como en la vida real.
- Su héroe, el viejo policía Méndez recuerda a Philip Marlowe, el personaje creado por Raymond Chandler.
- No me convence mucho Chandler, porque es demasiado cínico para mi gusto. Aunque más de uno ha dicho que Méndez recuerda a Marlowe. Pero mi personaje es la combinación de cuatro policías reales a los que conocí, como periodista y también como abogado.
- ¿Y no eran cínicos?
- Eran duros, escépticos y despistados. Uno de ellos era guardaespaldas del capitán general de Barcelona, durante el franquismo, y siempre se dejaba la pistola en casa. Pero también eran humanos, como Méndez que cree que todo delincuente tiene derecho a una segunda oportunidad.
- Ahora dominan la informática y pueden ser mujeres emancipadas como 'Lisbeth Salander', la heroína de Stieg Larsson.
- Me da una sana envidia Stieg Larsson, porque es un fenómeno en ventas. Aunque sea un éxito postumo. Y creo que tiene un gran instinto de novelista, con obras como La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina... aunque le he pillado incongruencias.
- ¿Cuáles?
- Que uno de los personajes sea muy rico y Hacienda no se dé cuenta. Son fallos de lógica que otro novelista pueda captar. Pero, con todo, el de Stieg Larsson es un notable trabajo y la suya, una obra magnífica.

La Nacion, 19 de abril de 2009