6 febr. 2006

Premio Pepe Carvalho 2006: Francisco González Ledesma

Discurso del secretario del jurado, Paco Camarasa, durante la entrega del Premio Pepe Carvalho 2006.

Hace más de veinte años, Prometeo, la editorial que fundó Vicente Blasco Ibáñez, y que había revivido con la democracia, publicaba los Premios Ciutat de Valencia.
En el año 1983, la obra finalista fue Expediente Barcelona.
Un critico literario de aquellos que se llenan la pluma y la boca con la Alta Literatura, dijo que era una “ noveleta” policíaca de lladres i serenos, comparándola con la “ruptura experimental” de la ganadora. Hoy, nadie se acuerda ni del critico ni de la novela ganadora, pero muchos y muchas, esperamos cualquier próximo libro del Inspector Méndez y de su creador Francisco González Ledesma, y, seguimos leyendo Expediente Barcelona.
Y siguieron Las calles de nuestros padres, Crónica Sentimental en rojo, 42 Kms de compasión, Los símbolos, Cine Soledad, La dama de Cahemira, Historia de Dios en una esquina, El pecado o algo parecido, Tiempo de venganza y Cinco mujeres y media.
Hoy se otorga el “Primer Premi Pepe Carvalho” a Francisco González Ledesma.
Las calles del barrio chino, del Raval, compartieron los pasos de hombres muy diferentes. Pepe Carvalho durante el franquismo había sido encarcelado; Méndez era policía, aunque no policía franquista. Después Carvalho entró en la CIA y recorrió el mundo. Méndez siguió pateándose las calles de Barcelona como simple inspector. Nunca le dieron un ascenso.
Carvalho come y cocina muy bien; Méndez no tiene ni idea de cocina y le gusta la tortilla de patatas momificada.
Carvalho sabía elegir el vino adecuado de la cosecha adecuada, a la temperatura adecuada, mientras Méndez no pasa del Valdepeñas. Carvalho liga y a Méndez ya no le hacen “un favor” ni las viejas matronas. Carvalho quema libros, y a Méndez se le deshacen los bolsillos de las americanas por que los lleva repletos de libros...
Carvalho fuma habanos y Méndez solo inhala el humo de habano que desprende el que fuma un banquero rico y poderoso, y por tanto sospechoso. Carvalho trabaja en las Ramblas y vive en Vallvidrera. Méndez trabaja y vive en el barrio chino y si fuera a Vallvidrera seguro que el aire puro y sano acabaría con sus pulmones.
Pero los dos comparten algunas cosas fundamentales. La actitud critica delante del poder y los poderosos, sin importarles el tamaño que tengan. También comparten la solidaridad con las víctimas del el sistema. Ambos, Carvalho y Méndez, forman parte, según palabras de Méndez, “de esa raza de idiotas, que daban sentido a las viejas canciones del pasado y creían en las promesas del futuro.”
Comparten un sentido de la justicia, que no siempre coincide con la práctica de la ley. Carvalho tan solo dará explicaciones a sus clientes ya que su oficio es encontrar la verdad pero no entregar al culpable a la policía. Méndez sabe que no siempre la ley protege al más débil. Más bien al contrario.
Y esto que ninguno de los dos han conocido estos jueces supremos de ahora que se dedican a bailar sevillanas, no se sabe si de faralaes o de niños palmeros. Y sobre todo, por encima de todo, comparten el amor por Barcelona, por sus calles, por sus rincones, por su gente, por sus oscuridades, por sus ausencias, por sus miradas, por las huellas que alguien dejó en una esquina, por sus fantasmas...
La novela negra es fundamentalmente urbana. Cada vez más la ciudad resume la contradicción entre la tradición y el cambio. Cada vez más la ciudad es un escenario económico, escenario del poder, pero también escenario de la soledad, de la perdida de memoria, de la perdida de identidad, de confrontación entre el pasado político, cultural, sentimental y las nuevas realidades de un mundo cada vez más homogéneo y uniformizado...
Barcelona, según González Ledesma, es un escenario excelente para la novela negra. Afirmación que estamos seguros que compartiría con Vázquez Montalbán.
Barcelona es la ciudad mundial de la arquitectura. Tiene la Pedrera de Gaudí y la torre Agbar de Nouvel pero también “els quarts de casa” de la Barceloneta. Donde en treinta metros cuadrados han vivido dos y tres familias.
Es una ciudad bilingüe donde conviven dos culturas que se complementan.
Es una ciudad de acogida. Todo aquel que viene y encuentra trabajo se siente respetado y querido y pronto considera que esta es su casa. Y puedo afirmarlo.
Barcelona tiene puerto. Es una ciudad de mar. “Las ciudades de mar siempre son más policíacas, mas intrigantes, más vivas, más negras”.
Barcelona es una ciudad mediterránea. Tiene vida en sus calles “sigue siendo la ciudad donde sales a caminar y encuentras un argumento, un alma gemela, Y, si tienes una pena también encuentras a alguien con quien compartirla”.
Y entre los aficionados (o seguidores) de la novela negra Barcelona es una ciudad que crea envidias. Cuando se habla de Venecia, todos los lectores piensan en Donna Leon, si decimos Atenas imaginamos a Petros Markaris y su Kostas Jaritos, hablar de Marsella es lamentar la muerte de Jean Claude Izzo. Con Leo Malet o Fred Vargas andamos por las calles de Paris, pero si hablamos de Barcelona tendremos que escoger entre Rafael Tasis, Jaume Fuster, Andreu Martín, Eduard José, Alicia Giménez Bartlett y los que hoy nos convocan: Francisco González Ledesma y Manuel Vázquez Montalbán. Difícil elección para los lectores de casa y del mundo. Manuel Vázquez Montalbán y Francisco Gonzalez Ledesma, compartieron, pese a la diferencia de edad, la misma posguerra. Hecha de hambre y de miedo “ soy hijo del hambre, de la escasez, y del racionamiento”, pero hecha también de pequeñas solidaridades y de grandes esperanzas. Caminaron por las mismas calles grises y estrechas. Calles cuya niñez compartieron con otros dos ganadores del Premio Planeta: Terenci Moix y Maruja Torres. En un pequeño fragmento de nuestra vieja ciudad, a pocos metros unos de otros nacieron y aprendieron a sobrevivir nada menos que cuatro Premios Planeta.
Compartieron también la máscara del seudónimo. Uno como Sixto Cámara o Luis Dávila, por ejemplo, y el otro como el Silver Kane de las novelas populares.
Compartieron, también, la lucha por las libertades de este país. De este país y de todos los países. Y han transmitido el amor por su ciudad a miles a miles de lectores que también la quieren. Con páginas hechas con sabiduría pero también con amor y con pasión.
Paginas que al mismo tiempo daban testimonio de lo que también la ciudad estaba perdiendo con el paso imparable hacia la modernidad.
Claude Mesplède, el importante crítico francés ha escrito: “ Admiro la obra de González Ledesma como escritor pero también como ciudadano”.
Esta es la otra mirada sobre González Ledesma. Su calidad personal. Muchos lectores no podremos aplicar aquello que decía nuestro admirado Raymond Chandler: “Si te gusta una novela, no intentes conocer a su autor”. Somos testigos fieles de las colas que se forman en la Semana Negra de Gijón, cuando el firma.
Y no es solo la firma, sus lectores quieren tenerlo cerca, hablar con él, sentir su cercanía…
Dentro de muy poco se publicarán sus memorias. Gracias a ellas podremos conocerlo un poco mejor. Se titulan Historia de mis calles, no podría ser de otra manera, siempre la calle como metáfora de la vida. Y tienen un rasgo absolutamente insólito en este tipo de memorias. En ellas no habla mal de nadie.
Señor González Ledesma, muchas gracias por haber creado al Inspector, que nunca será Comisario, Méndez. Leer sus novelas nos deparado un gran placer como lectores y lectoras. Nos explica historias que nos hacen ser mejores personas. Pero quienes hemos podido compartir momentos con usted hemos tenido un doble placer y nos sentimos doblemente privilegiados. Muchas gracias.