24 ag. 2005

El inspector Méndez y las mujeres

Francisco González Ledesma
Cinco mujeres y media
Planeta
390 páginas
20,50 EUROS

Lilian Neuman

Mujeres de armas tomar, mujeres de clase alta, mujeres muertas de miedo, mujeres aplastadas por sus maridos, mujeres cultas y reservadas, mujeres sin esperanza. El título hace justicia a su contenido, porque todo lo que aquí sucede está vinculado al talante femenino. Un tema que a este inspector de policía del Raval desplazado por sus superiores y acostumbrado a la soledad le sigue interesando, y mucho.
Hace dos años, Francisco González Ledesma (Barcelona, 1927) publicó su anterior entrega protagonizada por este cansado pero vivaz inspector que no ha encajado ni le ha caído bien a nadie, y a la vez ha caído tan bien a todos. Cuando el franquismo, Méndez tenía el detalle de ir a avisar a los disidentes que serían objeto de una redada, también llevaba libros a los rojos que estaban en la cárcel. Bajo cualquier régimen, este hombre de mal vestir y bolsillos cargados de libros se ha dedicado a reivindicar prostitutas, a reinsertar chorizos y a defender lo que en ese momento no tocaba defender. En la excelente El pecado o algo parecido - ganadora del premio Hammett-, la ciudad de Barcelona era un personaje de tanto peso como el mismo Méndez. Una ciudad que se le va desintegrando a este caminante infatigable, que ya no deja sitio para las putas fieles ni los que creen en lo inútil. En esta nueva novela, a esta ciudad se le cae del todo la máscara. Detrás de ella está la caída de la industria textil, por ejemplo, en beneficio del bluff inmobiliario. Detrás de la belleza que busca el turista y que en nada se asemeja a la belleza que Méndez busca en su barrio de siempre, un grupo de mujeres muy diversas parecen estar de acuerdo para dinamitar algunas cuantas cosas. Cada una a su estilo y a su aire.
Una muchacha de clase modesta ha sido violada y asesinada. Y su hermana gemela corre el mismo peligro. Los atacantes andan sueltos y, para peor, los defiende el mismo bufete que representa a El Corte Inglés. ¿Qué ocurre con la justicia? ¿Cómo es que deja en libertad a violadores reincidentes y que acaban de demostrar su intención de reincidir? La policía hace su trabajo, pero Méndez hace el suyo, y muy bien.
Es un verdadero placer leer a González Ledesma, escritor de sorprendente trayectoria, periodista que, como Méndez, pateaba las calles. Esta reseña debería dedicarse a citar todas y cada una de las frases célebres y amargas que se desgranan en esta historia de fatalidades de clase - la pobre y la adinerada cargan con su respectiva cruz-, de memeces políticas y ricachos espeluznantes. Se le podría reprochar que en esta novela de compleja trama el propio Méndez quede un poco en segundo plano, sobre todo hacia el final del libro. Pero también es cierto que con las mujeres que desfilan por aquí, no hay Méndez que valga.
De todas formas, permítame el lector transmitir mi alegría moral y estética con una sola cita, en el momento que Méndez se encuentra con una de las cinco mujeres y media que lo tendrán a maltraer: "Las mujeres como usted me fascinan, aunque sea enun terreno puramente literario, que por otra parte suele ser el más real de los terrenos posibles. Una chica como usted, que tiene ventana a un jardín privado donde dejan entrar a los pájaros de buena familia, pero no dejan entrar a los poetas. ¿Para qué iban a hacerlo, si a lo peor un poeta se enamoraba de usted?"

La Vanguardia
, 24 de agosto de 2005