8 set. 2009

Crónica sentimental en rojo de Francisco González Ledesma

Acabo de leer CRONICA SENTIMENTAL EN ROJO, novela negra (negrisima) del abogado, periodista, novelista y maestro del género negro Francisco González Ledesma.
Hasta la fecha no había leído ninguna de las andanzas del inspector Méndez, lo cual es un pequeño sacrilegio para un amante de este género, pues
González Ledesma está a la altura del más conocido Manuel Vázquez Montalvan y su celebérrimo detective Pepe Carvalho. Ambos autores son responsables, junto con otro pequeño grupo, del nacimiento en el tardofranquismo y la transición de una novela negra española leida, seguida y perstigiada en España, pero sobre todo fuera de nuestro país.
Crónica sentimental en rojo es una demoledora novela en la que se comprueba como el género humano va de lo más bajo a lo más abyecto, pasando por lo más odioso. Lo curioso es que hay un solapado antropo optimsimo que no se sabe como, pues el hedor de la cloaca social, humana y urbana es onmipresente, es capaz de transmitir una cierta esperanza en los hombres y las mujeres. No destriparé la novela para quien no la haya leído y vaya a hacerlo (cosa que recomiendo), pero en la trama se van sucediendo asesinatos, traiciones, instrumentalizaciones, medacidades, bajezas, locuras, mentiras a raudales y todo tipo de vejaciones, contadas con humor e ironía, que a uno deberían dejarle machacado, pero que no es así. El metamensaje no es, o al menos a mi no me lo pareció, pesimista. Se constata la maldaz y la avaricia. Se deja puntual testimonio de las diferencias de clase. Queda claro lo poco placentero de la vida para muchos mortales. Pero todo ello se hace no perdiendo la esperanza. Lo cual es, ciertamente, heróico o incoscientemente salvífico.
Comentario aparte merece el soez, procaz y directísimo inspector Méndez. Supongo que a la mayor parte de sus lectores les inspera cierta ternura y no poca admiración, por eso de las perlas en la pocilga. Pero a mi, no me ha parecido lo mejor de la novela. Cuando el calla he leído páginas memorables sobre la condición humana. Cuando el habla me he reído con sus ocurrencias, su estilo investigatorio y su cosmovisión, cuando menos peculiares. Pero no me han parecido sus páginas las mejores. Si son las que más dinamismo dan a la narración, pues en ellas pasan muchas cosas. Pero lo mejor de la novela, a mi juicio, está en los debates internos en los que navegan, y no pocas veces naufragan, muchos de los personajes de la novela.
Agradezco al
autor su pulso narrativo, su sabiduría vital, su vocación social, su maestría formal y su sad ending (no me llevo muy bien con los finales felices). Una novela inmensa, que me he bebido en tres días, sacando ratos de debajo de las alfombras y que supongo me llevará a leer otras novelas del tardofranquista inspector Méndez en sus andanzas por la España indubitablemente finisecular y más debatiblemente democrática.

Leolo, 8 de septiembre de 2009