19 març 2014

El sabio vientre de la mujer

"Estamos hechos de una mujer y seguramente una mujer nos cerrará los ojos".

Francisco González Ledesma en entrevista con Fernando Sánchez Dragó.

Esta nouvelle es esencia del talante literario de González Ledesma. Publicada por primera vez hace poco más de diez años, la historia de un voluntarioso joven poeta y traductor salvado por una misteriosa mujer en la Barcelona de posguerra tiene, me atrevo a decir, alcance de leyenda, o de alegoría. El libro formaba parte de una colección ideada por la revista Interviú y es un acierto que la editorial Mennoscuarto lo haya recuperado.   

Con el personaje de Montero, traductor y poeta perseguido por las fuerzas del orden -o por los triunfantes esbirros del régimen-, Francisco González Ledesma (Barcelona, 1927) descubre el velo de la indefensión, la de un hombre que puede ser salvado por una mujer, pero para que esto ocurra tiene que tener -hermosa imagen- los ojos vendados. No sabe en dónde está, y en parte ya no sabe quién es.

A Montero, en medio de una estampida, herido de bala y a punto de caer, una desconocida lo llama desde un coche y lo conmina a entrar en el interior. Poco después ella lo oculta en su estudio privado, un lugar en donde su marido -nada menos que un jefe de policía de los peores- no entra, porque ese el lugar en donde ella es quien es: una escritora con habitación propia, en tiempos en que, como describe aquí Ledesma con su dosis de sorna y mala leche, las mujeres carecían de tal privilegio, o escribían en la cárcel, porque tampoco podían hacerlo en la mesa de un bar; eso era de marxistas.

Esto es lo que se debe contar de la historia, cuyo prodigio consiste en la gran elipsis que se impone de principio a fin: los largos e interminables años venideros, sin sosiego ni retorno. La vida hacia adelante sin pistas ni señales (y a la larga sin memoria). En menos de ochenta páginas, las que abarcan aquel obligado cautiverio en el lugar más valioso que aquella mujer podía ofrecer -su más preciado yo interior-, está la acritud y la tristeza que habitan las páginas de la serie protagonizada por el viejo policía Méndez. Los tiempos de penuria (y la historia de este país) que marcan de por vida. Y la licencia poética de este señor que se permite hablar durante todo el relato en persuasiva segunda persona, hablándole a un especial dios sin religión. Si alguien viera un adoquín azul, no dude en quedarse con él y, sobre todo, no se le ocurra olvidarlo.

El adoquín azul
Francisco González Ledesma
Menoscuarto
74 páginas
11 Euros

Las damas conversan sobre el crimen, 19 de marzo de 2014