27 ag. 2008

Reseña: "Cinco mujeres y media", de Francisco González Ledesma

Título: Cinco mujeres y media
Autor: Francisco González Ledesma
Género: ficción, hibridación de novela policíaca y novela social.

Resumen de la trama:

En la Barcelona post-Forum aparece el cadáver violado y torturado de Palmira Canadell una joven de armas tomar del barrio de Sant Antoni. Aunque no se le pone a cargo del caso, el inspector Ricardo Méndez indaga en el asesinato de Palmira, a raíz de la muerte de uno de sus violadores y asesinos, Antonio Escolar, al tiempo que sigue la pista de un sicario, Reglan, reaparecido en la ciudad. La aparición del cadáver de Antonio Escolar, uno de los asesinos de Palmira, en el rellano de la casa de su hermana gemela, Emma, lleva a Méndez a conocer la historia de una mujer fusilada por un escuadrón falangista 60 años atrás, al tiempo que descubre una posible conexión en la zona alta de la ciudad: Antonio Escolar fue guardaespaldas de un adinerado constructor, Conrado Pino. La hermana de Pino, Marta, pone a Méndez en la pista de los otros dos asesinos de Palmira, que son arrestados.

Después de que los otros dos violadores y asesinos de Palmira, Pablo Corrales y Federico Lobo, sean detenidos, el caso parece resuelto, pero surge una nueva trama, de la que Méndez es testigo: cinco mujeres se reúnen periódicamente en un bar para discutir su participación en una suculenta campaña publicitaria relacionada con una urbanización de lujo en el Pirineo catalán. Una trama que se mantendrá a lo largo de la novela y que explica el título de la misma. Entre las mujeres implicadas está Patricia Cano, obligada a prostituirse en su infancia y juventud, y que cree que su ex-marido ha contratado un asesino para matarla; Elena Bustos, maltratada por su violento marido y que se suicida tras saber que perderá la custodia de su hija pequeña, a pesar del intento de Méndez por ayudarla; Eva Ferrer, viuda de un abogado y madre de un joven autista, y a quien Oscar Madero, un empresario sin escrúpulos, presiona para que le revenda unos terrenos aledaños a la urbanización de marras - cedidos en su momento al hijo de Eva -; Madero, al mismo tiempo, espera seducir a Eva para satisfacer sus más bajos instintos sexuales, como ha hecho con Patricia Cano; Anna Parra, una mujer mayor que se encarga del cuidado de las prostitutas del Raval, y que recibe una paliza de Corrales y Lobo, contratados para tal “misión”; y Sonia Vera, esposa de Madero y actriz que no acaba de despuntar en España.

Pero las cosas se complican aún más cuando Corrales y Lobo intentan asustar a Emma, testigo en el causa abierta contra ellos. La aparición in extremis de Pedro Anselmo Roca, nieto de la mujer fusilada en 1945, salva a una aturdida Emma de una posible violación. Méndez hace buenas migas con Pedro, que se declara dispuesto a casarse con Emma, como colofón de una promesa no cumplida en el pasado, y a vengarse de los dos criminales. Las indagaciones de Méndez acerca del ex-marido de la suicida Elena Bustos le llevan a descubrir quien contrató a Corrales y Lobo para darle una paliza a Anna Parras, y para conseguir que ambos puedan ser procesados.

Y desde entonces Méndez tratará de descubrir qué hay tras el asesinato de Palmira Canadell y las cinco mujeres (y media) de la reunión...

Valoración global: la novela parte de un caso por resolver, pero a partir de un momento determinado coge otro vuelo, siendo un reflejo de las miserias y grandezas humanas, todo bajo el prisma de cinco mujeres y, sobre todo, del inspector Méndez. Al final queda el desengaño y la nostalgia en el protagonista, y el suspense y la descarnada realidad para el lector

Sensación epidérmica: la novela, aunque engancha, deja al lector con mal cuerpo ante las injusticias de la realidad actual y con un cierto cansancio causado por la retórica cínica, deslenguada y nostálgica del inspector Méndez.

Páginas importantes:

  • La “historia social y violenta” de Barcelona en las décadas anteriores a la ciudad olímpica (páginas 97-98).
  • El soliloquio de Méndez en las páginas 243-245, alrededor de las mujeres del bar (las “cinco mujeres y media” del título), aclarando diversos elementos de la trama.
  • La reunión de las “cinco mujeres y media” en la que se explican el plan contra Óscar Madero (páginas 366-374).

Valoración literaria:

La novela de Francisco González Ledesma, para empezar, trasciende el género policiaco, ya desde el primer capítulo: es una colección de retazos sociales, de pequeñas historias personales, de grandes y pequeñas realidades. Y todo ello en una Barcelona poliédrica: la ciudad de acomodada de Avinguda del Tibidabo, la ciudad obrera del Poble Sec, la ciudad oscura del Raval, la ciudad maltratada de los suburbios, la ciudad del Fórum y, en definitiva, la ciudad que ya no existe para Méndez.

El tema es el clásico esclarecimiento de un crimen, un asesinato, que en esta ocasión se agrava con una violación. Ledesma, por boca de Méndez, muestra su repulsión por el doble crimen y tiñe de subjetividad muchas de las opiniones del protagonista, con una prosa descarnada, dura, en absoluto resignada pero sí desencantada, y con mucha ironía – cuando no sarcasmo – en sus juicios.

La estructura es lineal, de principio a fin, siguiendo el patrón de inicio, nudo y desenlace. La novela consta de 42 capítulos que empiezan con un soliloquio de un personaje clave en la novela (Patricia Cano), de quien no descubriremos el nombre hasta bien avanzado el libro. El desencadenante es el asesinato de Palmira Canadell, aunque el caso pronto deja de ser el elemento central de la novela, que pasa, desde el capítulo XVII (página 107) en las cinco mujeres y media que dan título a la novela.

Aunque el asesinato de Palmira Canadell es el elemento que destapa la caja de los truenos, tal vez su desarrollo queda algo sesgado, así como sus causas: no sabemos realmente por qué Palmira es violada y asesinada, es un crimen más en la Barcelona de los contrastes. Pero la conexión de Antonio Escolar, uno de los asesinos, con Conrado Pino (páginas 64-70) crea en el lector una cierta expectativa que finalmente no se cumple: Pino no está relacionado con el caso.

El texto es fluido, aunque los hilos de unión de las diversas tramas en ocasiones son muy finos. Hay aspectos de la trama que no se llevan a las últimas consecuencias, como por ejemplo el caso de la nueva esposa de Alberto Criado, ex-marido de la suicida Elena Bustos (253-257). Y hay otros elementos que en sí no aportan nada, como el capítulo XXVII (páginas 197-202), el enamoramiento de Patricia por quien cree que va a asesinarla, Reglan.

Ledesma dosifica bien la tensión narrativa, adelantando a final de capítulo elementos del siguiente (páginas 183, 210, 220, 229, 233, 257), e incluso enlaza con una misma frase (“está buenísimo”) dos capítulos (XL y XLI), al final de la novela, poniendo fin a la trama al mismo tiempo.

La trama es verosímil, con pocos flecos sueltos y poco creíbles: por ejemplo, una mujer de la categoría social como Marta Pino, ¿qué hace en los pasadizos del metro de Can Vidalet, en Cornellà de Llobregat, sola y corriendo el riesgo de ser agredida? (página 81); que todo el mundo, hasta el camarero del bar donde se reúnen, esté al tanto de los tejemanejes urbanísticos de las cinco mujeres (páginas 181-182); o que en el año 2005 no haya elecciones importantes en España, como se desprende del texto (página 349). El comunismo de barra de bar de Méndez y Pedro Anselmo Roca (páginas 306-307, 330-331, 352-353) no desentona con el carácter hasta cierto punto amargado del inspector, aunque al lector del año 2005 le puede parecer fuera de lugar.

Hay numerosos cambios en la voz narrativa: los capítulos I, IV, XI, XIV, XVII, XXII (parcialmente), XXVII, XXIX, XXX (éstos últimos parcialmente) y XXXIII están en primera persona, en el presente, y con algunos vocativos y comentarios en segunda persona. El resto de capítulos alterna el narrador omnisciente en presente y pasado y los monólogos interiores. Estos cambios dotan al texto de una agilidad y de un ritmo que se añaden a la variedad de pequeñas tramas internas y que enriquecen la novela.

Los personajes, abundantes a lo largo del texto, son muy redondos: no sólo Méndez, en sí mismo un arquetipo muy atípico, sino también mujeres como Patricia Cano, Eva Ferrer y Marta Pino, o empresarios como Óscar Madero (de éste último, Ledesma hace un retrato implacable, páginas 210-211).

Respecto al estilo, Ledesma juega con múltiples elementos. Por un lado, diálogos chispeantes, la mayoría con Méndez de interlocutor (prácticamente todas sus intervenciones), creíbles, aunque con deslices: al lector quizá le pueda parece una impostura la conversación de Méndez con Elvira Roca (páginas 48-49) acerca de la mujer fusilada, Luisa Ríos, a raíz del pasado; e incluso que se hable de Esquilo y Prometeo en un bar de barrio (páginas 106), aunque tampoco debería sorprender demasiado. Con todo, abundan los diálogos de contrastada eficacia, como los de Méndez con la oficial de juzgado Olga Castilla (páginas 128-133 y el juez Simancas (páginas 137-145), y las largas conversaciones de Óscar Madero y Eva Ferrer (211-220 y 258-275).

Por otro lado, la ironía y el sarcasmo en algunas frases y locuciones, que ayudan a definir a un personaje como Méndez: por ejemplo, “yo sólo bebo estando de servicio” (página 22), la Loles y su “culo extraparlamentario” (página 238), “nombre y dirección, tía gorda” (atacando donde más duele, página, 257), “ahora no se mata, ahora se da pol saco” (página 356). Hay diversos registros en la novela, desde el coloquial y vulgar: “la próxima vez nos la afollaremos” (página 84), “- eh usté, caballero [...] que qué quié tomá” (página 95); a los extranjerismos: “menaje a tríos” (página 281), “a menear el body” (página 348), “periodista a fultain” (página 356), muy propios, por ejemplo, del personaje de Amores (y su acento caribeño, por ejemplo en las páginas 245-246). Quizá el autor abuse de la “gatunería” de Méndez: “lo seguí a distancia, amparándome en las sombras y con una habilidad gatuna” (página 27), “se le acercó gatunamente” (página 65), “su acostumbrado silencio gatuno” (página 177), “con silencio gatuno” (en este caso Amores, página 354); aunque es cierto que es como el lector quizá se imagine a Méndez: como un gato.

Ledesma muestra un conocimiento de la jerga judicial (páginas 265-276), e incluso de los resquicios del sistema legal (páginas 128-133), que permitirán la libertad de los asesinos de Palmira Canadell; no en balde el autor fue abogado. También se nutre Ledesma de las cuestiones inmobiliarias (páginas 171-176), de los barrios marginales (Roquetes, página 91) o del conocimiento de la Barcelona pre-Forum, que le permite escribir incluso sobre aquellos barrios antiguos de Barcelona muy cambiados en el presente: “la calle Sant Gil es lugar antiguo y pobre, de portales estrechos y ventanas pequeñas, donde antes los vecinos se llamaban Pepe y ahora se llaman Mohamed” (página 90). Elementos todos ellos, entre otros, que permiten vislumbrar la novela social que hay detrás de la novela policíaca que escribe Francisco González Ledesma.

Valoración comercial:

Siendo este autor de pluma consagrada y larga trayectoria, una novela como Cinco mujeres y media tiene un mercado potencialmente seguro. En relación con otras obras y autores, es inevitable observar las referencias e influencias de la novela negra norteamericana (Dashiell Hammett, Raymond Chandler) y europea (Georges Simenon) del período de los años 40 y 50.

Del mismo modo, ya a nivel español, el Méndez de Ledesma evoca al Pepe Carvalho de Vázquez Montalbán: aunque a Méndez le falta esa apasionante vida personal que en Carvalho desborda en cada novela. Lorenzo Silva (el inspector Bevilacqua) y Alicia Giménez-Bartlett (Petra Delicado) también están en la onda de Ledesma. Quizá su Méndez se distinga de estos autores (y sus detectives) por el hecho de que actúa sólo, mientras que en los otros casos hay más relaciones estilo buddy movie (“película de compañeros policiales”). Hay en Ledesma también ecos de las novelas de Andreu Martín en los años 80 y, sobre todo, de Juan Marsé (Si te dicen que caí, especialmente).

El éxito de la novela policíaca y/o social por toda Europa ayuda a que la novela de Ledesma encuentre acogida: lectores de novelas de Henning Mankell (Kurt y Linda Wallander), Batya Gur (Michael Ohayon), Elizabeth George (Thomas Lynley y Barbara Havers), Fred Vargas (Jean-Baptiste Adamsberg), Andrea Camilleri (Salvo Montalbano) y Petros Markaris (Costas Jaritos), sin duda leerán (cuando no devorarán) los libros del autor de Méndez. Obviamente, se recomienda su publicación.

Puntuación literaria: 8
Puntuación comercial: 8

Dificultad de traducción: aunque en ocasiones Ledesma usa ciertos vocablos, giros y localismos, la novela es perfectamente traducible a otros idiomas.

Público potencial: lectores de novela policíaca y novela negra, sobre todo aquellos que sean fieles al inspector Méndez (o a sagas de detectives).

Importancia del autor:

Autor de larga trayectoria, Francisco González Ledesma (1927) ha tocado muchas teclas: durante años se ganó la vida escribiendo novelas del Oeste (hasta 4 mensuales, más de 300 en total) con el sobrenombre de Silver Kane. Su ideología política, muy a la izquierda, le ocasionó que el régimen franquista censurara algunas de sus primeras novelas, pero con Crónica sentimental en rojo (1984) dio a conocer al inspector de policía Ricardo Méndez. Esta novela le supondría el Premio Planeta, al que seguirían, en las últimas dos décadas, los premios Dashiell Hammett y Pepe Carvalho, así como un reconocimiento de su obra en Francia. Las andanzas de Méndez continúan en novelas como Las calles de nuestros padres (1984, El pecado o algo parecido (2002) y Una novela de barrio (2007).

Redactor jefe de La Vanguardia durante varios años, el oficio de periodista se intuye en las novelas protagonizadas por Méndez: un conocimiento exhaustivo de las calles y de la vida nocturna, de los marginados (drogadictos y prostitutas), de los delincuentes de baja estofa y de los crímenes pasionales de barrio (muy habituales en las secciones de sucesos). Todo ello le sirve a Ledesma para contextualizar sus novelas. Unas novelas que no sólo son policíacas: para muestra La ciudad sin tiempo (2007), una novela histórica escrita bajo el sobrenombre de Enrique Moriel.

La frase reveladora:

“[Méndez] estaba infringiendo todas las leyes exteriores, pero a él sólo le importaba su ley interior” (página 257).

Res Pvblica Restitvta, 27 de agosto de 2008