16 des. 2002

González Ledesma retoma las aventuras del inspector Méndez

Tito Ros

BARCELONA.- González Ledesma, como novelista, cultiva dos géneros, el de «historia social», tal y como él lo califica, y el género negro, aunque también esté impregnado de «historia social». El protagonista de las novelas policiacas de González Ledesma suele ser siempre el mismo, el inspector Méndez. Aunque de forma marginal, Méndez tuvo su primera aparición en la novela El expediente Barcelona, de 1983. Posteriormente, el rudo policía protagonizó Las calles de nuestros padres, La dama de Cachemira, Crónica sentimental en rojo e Historia de un dios en una esquina.
Méndez es un inspector barcelonés criado en el Barrio Chino a quien, en El pecado o algo parecido, le mandan sus superiores tomar el puente aéreo para tapar un caso en Madrid. Este es el arranque de la última novela de González Ledesma, que acaba de publicar Planeta.
En esta nueva aventura, Méndez es un policía ya viejo, que sus superiores se quieren quitar de encima. El hecho de que le envíen a Madrid para tapar la muerte de «un señor distinguido» en un prostíbulo de lujo ya es significativo. «Pretendo denunciar la típica doble moral española. En esta novela, Méndez se involucra en el mundo de los Estevill, Mario Conde y los escándalos socialistas», describe González Ledesma.
Méndez llega a Madrid y poco tarda en descubrir dos asesinatos, en los que él ve un lazo de unión. De todas formas, sus superiores le ordenan que se desentienda de los mismos. Méndez también está frustrado porque las obras olímpicas han cambiado el Barrio Chino y es en el Madrid clásico donde reencuentra el añorado calor de su antiguo barrio. «Madrid no ha tenido Juegos Olímpicos y por eso el Viejo Madrid no se ha transformado, al menos, para los ojos de Méndez. El urbanismo en Barcelona ha sido bueno para la ciudad, pero a Méndez le ha desconcertado», considera Ledesma.
Méndez seguirá con la investigación de los dos asesinatos a su cuenta y riesgo. Unas pistas que le irán llevando a conocer los entresijos de «la clase bien madrileña».

El Mundo
, 18 de diciembre de 2002