3 ag. 2010

La dama y el recuerdo, Silver Kane (Francisco González Ledesma)

María J. de la Vega

La dama y el recuerdo

Silver Kane (Francisco González Ledesma) Editorial Planeta

Con trece o catorce años devoraba las novelas del oeste de Marcial Lafuente Estefanía, Silver Kane, Zane Grey, y algunos otros que no recuerdo. El argumento siempre era el mismo o al menos a mi me lo parecía, no importaba, nos entregábamos a las historias con pasión.

Tan sólo tenías que comprar una novelilla, te la leías en una tarde y a partir de ahí sí que comenzaba un carrusel deportivo. Bajabas al quiosco más cercano donde tenían cientos de estas novelas usadas, leídas y releídas mil veces. Y por unas pesetillas las ibas cambiando, más de una vez, tenías la sensación, si no certeza, de que la historia, esta vez sí, ya la conocías.

Este era un vicio un poco inconfesable, la calidad literaria estaba en entredicho, no estaba bien visto decir que leías este tipo de novelas, ni siquiera en un adolescente. Ya de adulto lo sentías como un pecadillo de juventud. Tengo que reconocer que me lo pasé bien y que junto a otros pecadillos, como las fotonovelas, despertaron mi pasión por la literatura. Me enseñaron a leer, a ser paciente con las historias, con los personajes, con las tramas, a coger el ritmo narrativo, a saber esperar un desenlace no por conocido menos sorprendente. Despertaron mi admiración por los autores que son capaces de inventarse vidas enteras en historias conocidas.

Desde entonces, no volví a leer una de estas novela pero de repente me encuentro en la estantería de la librería con un ejemplar colocado de frente, con la portada hacía el lector sobre una pila de otros colocados de canto y, tanto en los tumbados, como en el estirado, el nombre del autor en mayúsculas, con las filigranas propias de la letras tipográficas, sombreadas para simular profundidad, en tres dimensiones y el título en dos, La dama y el recuerdo, autor Silver Kane.

Mucho tiempo después de aquellas lecturas supe que el bueno de Silver, era en realidad Francisco González Ledesma, abogado, periodista, novelista creador el inspector Méndez, protagonista de una serie de novelas negras de corte social. González Ledesma es un gran autor, que para financiarse sus estudios y primeros años de independencia, siendo víctima de la censura franquista, escribió desde los años cincuenta cientos de novelas del oeste.

Así que como comprenderán, habiendo sido lector suyo primero como Silver y luego con su verdadero nombre, mi sorpresa y alegría al encontrarme con una nueva obra de este autor. Volvía a cabalgar, volvía a mi adolescencia.

Y francamente la novela no defrauda en absoluto, aun resulta más interesante que aquellas leídas en los setenta.

González Ledesma se quiere dar, y darnos, un homenaje, superado ya el complejo, recuperando al autor clandestino y la temática del oeste. Con estilo directo, claro, sencillo, cínico, lleno de humor blanco y negro va desgranando las historias típicas del género.

Un pistolero frío como el hielo, llega al saloon poco antes de que comience la acción y empiecen a aparecer fiambres atravesados por balas salidas de las manos más rápidas del medio oeste americano. Las coristas acaban de regresar de cotillear quien ha venido en la última diligencia. El administrador de asuntos gubernamentales relacionado con los indios y el ferrocarril, auténtico dueño y señor del territorio es un verdadero canalla, el malo de la novela, acompañado por una mestiza, espectacular, con la moralidad de una serpiente de cascabel. Otra mestiza virtuosa, y más espectacular todavía, apunto de sufrir un tremendo abuso sexual y vital. Un niño que queda huérfano. Otro pistolero, cazador de recompensas, íntegro como los verdaderos sufridores y perdedores de estas historias. Una dama entrada en años que conserva toda su belleza y una doble vida sorprendente y justiciera. Un viejo director de periódicos que todavía se atreve a denunciar los abusos de los poderosos. Todos estos personajes junto a vaqueros y cuatreros, enterradores, barmans, prostitutas entradas ya en años, banqueros y oficinistas acobardados, patíbulos, más pistoleros, travesías por las grandes extensiones de Kansas, escarceos sexuales subidos de tono (que ya los hubiésemos querido leer en nuestra primera etapa) van conformando la historia que nos vuelve a contar Silver Kane.

Es una entretenidísima novela, inteligente, divertida, nostálgica, un regalo para aquellos a los que nos gustó, y nos gusta, el género y para los que, sin complejos, quieran pasar un buen rato en buena compañía, un libro. Luis González Carrillo Junio de 2010

Palabra, 3 de agosto de 2010