9 juny 2010

Una del Oeste

Recuerdo perfectamente cuándo y dónde fue mi primera vez: el 10 de mayo de este mismo año y en el sofá del salón de mi casa.

La compañía, excelente: una dama de las que ya quedan pocas y de una cierta edad, expresión que se suele utilizar para decir que la mujer ya había cruzado la barrera de los cuarenta o estaba a punto de hacerlo.

Unos tragos de whisky americano, algo de ragtime sonando a un volumen adecuado interpretado por un pianista seguramente medio borracho, pasión desbocada como el galope de un caballo…

Y tiros, muchos tiros. Y personajes sin demasiadas aristas: los malos, malísimos; los buenos, malísimos también pero con un fondo honrado. Y la acción, tan desbocada como el caballo del párrafo anterior.

Sí, confieso que el 10 de mayo del presente fue la primera vez que leí una novela del Oeste, y jamás lo habría hecho si no hubiera estado firmada -y amablemente dedicada- por un veterano del género como Silver Kane.

Fue maravilloso. Y divertido. Seguro que el Gran Jefe Ledesma disfrutó de lo lindo escribiendo esta aventura.

La dama y el recuerdo
Silver Kane
Planeta

Ricardo Bosque, 9 de junio de 2010