15 febr. 2010

No hay que morir dos veces

Vicente Alvarez de la Viuda

Con “No hay que morir dos veces” cumplimos veinticinco años junto al inspector Méndez. En su última entrega, González Ledesma nos regala una novela marca de la casa, con escenas alternantes sin relación aparente a primera vista, con un ritmo vertiginoso y con finales de capítulo que, como en el folletín clásico, aumentan la tensión y retrasan el desenlace. Todo ello condimentado con mucha intriga y una galería de personajes inolvidables: un novio asesinado a pie de altar, una niña Down que sufre abusos, una novia que esconde una pistola bajo el ramo el día de su boda, un sicario que todavía mantiene el luto por el asesinato de su mujer, una mujer atormentada por el deseo de morir…. Y claro, por encima de todos, el gran Méndez: escéptico, desengañado, inefable, el hombre de las esquinas donde jamás nació un árbol, el único policía que se fija en las sombras. Amante de los bocadillos de calamares, de las ensaladillas, de los tugurios y de los libros de bolsillo. Un tipo anclado en el pasado (de hecho, piensa que un sms es una nueva postura sexual) y que, en esta nueva entrega, debe enfrentarse por primera vez a un teléfono móvil. Es más, González Ledesma amenaza con hacerle manejar un ordenador en la próxima novela. “Cuando lo haga lo mismo provoca una explosión atómica”, apostilla el autor. Esperamos con ganas ya esa nueva entrega. Así que lo dicho, corran a leer esta nueva maravilla del gran Francisco González Ledesma, una obra, todo hay que decirlo, con moraleja incluída: mientras alguien te recuerda no mueres. O dicho de otra manera: "Todos vivimos mientras alguien nos recuerda".

El faro de Aqualung, 15 de febrero de 2010