26 gen. 2009

Lo que oculta Moriel

Francisco González Ledesma presenta esta tarde su libro 'El candidato de Dios' en la Asociación de la Prensa de Cádiz

Óscar Lobato

¿Enrique Moriel, dice? ¡Quiá! De eso nada, camarada.
El tipo no se llama así. Aunque a estas alturas, a saber cuál es su nombre. Puede que Francisco González Ledesma, un fulano nacido en Barcelona, allá por 1927. Bueno, en Barcelona no, en el Poble Sec, que no es igual. Al Poble, mandó la alta burguesía catalana a los obreros, a hacer chabolas y puñetas. No era plan que fastidiaran El Ensanche, con olores de guisotes, voces destempladas y efluvios de miseria.
Les encajonaron allí, en terreno militar, a la falda del Montjuïc, ocultos tras del puerto y los urinarios de los cabarés del Paralelo. La frontera ideal para nacer pobre, pasarlas canutas, acabar hecho un golfo o morir, explotado en un trabajo tan mal pagado como los de ahora (eso si te pagan). Ledesma era del Pueblo Seco avant la lettre, un vecindario sin pedigrí y con hambre. No habían nacido entonces la que iba a ser su aristocracia del barrio; Joan Manuel Serrat, Jaume Sisa y compañeros mártires.
Le salvó su imaginación. Fabulaba y escribía, muy suelto, desde chaval. Gracias a un tío suyo, curró de guionista de tebeos. Sí, sí; tebeos. Aquí, nadie decía aún comic con acento de bujarrona inglesa. De su pluma salieron personajes insólitos para la época: el Inspector Dan, Doctor Niebla… Demasiado tibios para unos años donde Roberto Alcázar tenía en busca y captura -por vagos y maleantes- a Zipi y Zape, a Pumby, o a Carpanta, siempre al borde del trullo, por reírse del hambre de post-guerra
Con las perrillas sacadas en eso y la ayuda de un pariente, Ledesma estudia Derecho. Se colegia de abogado y se especializa en derecho de la propiedad. El tipo sabía de un taco de derecho catalán, materia que, en su tierra, es piedra angular para las capitulaciones matrimoniales. Esas que firmaban matrimonios pudientes y con bienes a capitular. Cataluña siempre observó más la exención fiscal que los Diez Mandamientos.
De picapleitos, le fue bien. Ganó incluso un premio profesional, el Roda Ventura, "al abogado con más crédito moral". Pero un abogado con crédito moral es como un pistolero con parkinson. Así que inicia su caída al abismo y se pone a escribir. Con 21 años, Sombras viejas, una de sus novelas, gana el premio de un jurado, presidido por Somerset Maugham. En España, nunca se publicó. La censura la tildó de "pornográfica y roja". Además, ¿qué leches sabía Maugham de literatura? Hasta ahí cabía llegar. Sí apareció en Francia (la editó Gallimard, nada menos), país donde se le venera en el mismo altar que a Frédéric Dard y a Ponson du Terrail
A Ledesma, sólo le quedó Bruguera y las novelitas del Oeste. Escritura a destajo, por pasta. Una entrega semanal, para gozo del obrero. Los paletas, entonces, leían al bajar del andamio. Hoy, el fútbol y los cuernos televisados ya les entretienen de sobra. Por la americanofilia imperante se hizo llamar Silver Kane ¿Cómo iba a saber nada del Far West un tal Francisco González? Pero sabía. El tío arrasó. Hasta 400 historias, llegó a cascarse, en quince años. No sólo de vaqueros; de acción, policíacas…
Su segunda novela larga, Los Napoleones también es censurada, por idénticos motivos, en 1964. Total, el menda deja el foro y se pasa al periodismo (¡los hay con unos güevos!). Ejerce en El Correo Catalán y La Vanguardia, en donde llega a redactor jefe. El resto, pura historia. Gana un premio tras otro. Inventa al inspector Méndez, que le da para ir pasando al Carvalho de Montalbán, y acaba ganando el Planeta por Crónica sentimental en rojo. El Cosmos habría podido ganar. Sus veinte novelas largas muestran estilo de floretista campeón. Raudo. Directo. Párrafos con la belleza letal de orquídeas venenosas. Frases como sentencias. O como epitafios. Ironía calibre 357 mágnum
Esta tarde anda en Cádiz, camuflado bajo otro alias, Enrique Moriel. Tiene motivos para ocultarse. Su última obra, El candidato de Dios, trata el proceso electoral en EEUU. Para abrir boca, asesina al candidato mejor colocado en la carrera electoral. Luego, sin despeinarse, el fulano te mete en el libro, así como al desgaire, a Hillary Clinton y el propio Barack Obama. ¡Los hay zorros!

Diario de Cádiz, 26 de enero de 2009