17 de nov. 2008

Crónica sentimental en rojo


Ilustración para la contraportada del programa de un coloquio sobre Novela policiaca española organizado por la Universidad de Friburgo (Suiza).
Basado en la novela de Francisco González Ledesma: Crónica sentimental en Rojo.

Planeta OPA, 17 de noviembre de 2008

12 de nov. 2008

El escritor

Claudio Cerdán

Conocí a Francisco González Ledesma en una conferencia que impartió en Alicante. Antes había oído hablar de él, pero no había tenido la decencia de pararme ante uno de sus libros. Los escritores más consagrados del género policíaco le llaman cariñosamente “El jefe de la banda” y le trataban con un respeto inusitado.
Uno, que es joven y cree que lo sabe todo sólo por haber publicado una novela, recibió una auténtica lección de modestia, de saber estar, de lo que significa el oficio de escritor.
La ponencia versó sobre su vida. No digo sobre su obra literaria, más que nada porque sería una redundancia tratándose de alguien que se ha dedicado desde siempre a las letras. Os resumiré lo más importante.
Ledesma nació en 1927, por lo que ahora tiene 81 años. Vivió otros tiempos, donde no había Internet, donde los editores además eran amigos, donde el periodismo era de casta. Estudió derecho gracias a un familiar que le pagó los estudios. Le dijo: “como suspendas una sola asignatura, te cierro el grifo”. Paco se sacó la carrera en un tiempo record.
Ejerció de abogado, y con bastante éxito. Sin embargo, esa no era su vocación verdadera. La mezquindad de los que le rodeaban solapaba todas sus acciones, impregnándolo, convirtiéndose en un reflejo de algo que no le gustaba. Con esposa ehijos a su cargo, ganando un buen sueldo y conduciendo automóviles de los caros, tomó una decisión que poca gente siquiera se plantearía: abandonó su carrera profesional y se matriculó en Periodismo.
Su única vía de ingresos en esos años fue la escritura. Había tomado contacto con ella realizando guiones para El Inspector Dan, y pronto saltó a las novelas populares “de a duro” bajo el seudónimo de Silver Kane. Escribía una novela de 80 páginas a la semana por la simple razón de que, si no lo hacía, no comía. “En una ocasión hice algo que a la gente le parece extraño”, recuerda. “Tenía que presentar la novela por la mañana y se fue la luz. Yo no tenía ni velas, pero había luna llena, por lo que subí al tejado y terminé el manuscrito bajo su resplandor”.
Se licenció en Periodismo con la nota más alta de toda España. Pasó por varios periódicos antes de convertirse en el editor jefe de La Vanguardia. “En aquellos tiempos salía de trabajar a las 9 de la noche, cenaba, escribía las novelitas del oeste de Silver Kane hasta las 3 de la madrugada. Después escribía las historias que a mí me gustaban hasta las 9 de la mañana. Dormía hasta las 12 y me marchaba de nuevo a la redacción. Me consolaba diciendo que era de los pocos españoles que tenían el lujo de levantarse a las doce de la mañana”.
Esas primeras obras que él sentía suyas fueron prohibidas por el franquismo. Sin embargo, en 1982, ganó el Premio Planeta con Crónica sentimental en rojo. Ni siquiera estaba invitado a la cena de gala.
Tras recibir toda esta información de boca de su protagonista, no quedó más remedio que darle una oportunidad a sus escritos. Aún tardó un par de meses en hacerse un hueco, pero cuando llegó ya no pudo desaparecer. De la mano del inspector Méndez pasé páginas y páginas de Las calles de nuestros padres, disfrutando con la calidad de su prosa, de su estilo narrativo cargado de crítica social y humor. Los reconocimientos posteriores fueron muchos: Premio Hammett, Premio Pepe Carvalho, Premio Internacional de Novela Negra RBA, etc… Y, sin duda, se los merece todos.
La catarsis de conocer a Francisco González Ledesma hace que te plantees lo que realmente significa ser escritor, lo que hay que sacrificar, lo que hay que luchar. ¿Alguien, hoy por hoy, se plantearía escribir cuando se va la luz? ¿Quién dedicaría sus horas de sueño por llevar a cabo una novela? Que cada cual se responda a sí mismo.
Quisiera terminar con una última anécdota que resume todo lo anterior. En una ocasión, en la Semana Negra, un grupo de novelistas de mucho renombre mantenían una tertulia sobre lo que significaba la escritura para ellos. Tras varias disertaciones muy sesudas y serias, le pasaron el micrófono a Ledesma y simplemente dijo: “A mí la escritura me ha salvado la vida”. Nadie quiso añadir nada. Tampoco yo lo haré, porque creo que el mensaje queda bien claro.

¡Lo que hay que leer! o ¿leer lo que hay?, 12 de noviembre de 2008

7 de nov. 2008

Personajes: Francisco González Ledesma, escritor

José Trepat

Confieso que allá por los años 50 y 60, en mi época de adolescente, vivía engañado pero feliz.
Esta primera línea suena un poco estrambótica pero tiene una explicación sencilla y se refiere a mis primeros escarceos en el mundo de la lectura, en el que se mezclaban revistas de historietas con novelitas cortas de muy fácil comprensión que cumplían perfectamente su cometido: posibilitar un momento de esparcimiento en jornadas duras no exentas de carencias materiales y económicas.
La evasión la hallaba en personajes de tiras de historietas, como el Colt Miller de la revista Rayo Rojo, el Coronel X en Fantasía, y también Kansas Kid y Misterix en la revista del mismo nombre. Había otros que me llegaban a través de episodios diarios en la radio de entonces, como El león de Francia y Las aventuras de Tarzán.
Cuando comencé a trabajar en un puesto de venta de diarios y revistas en la esquina de Maipú y Córdoba, en el Buenos Aires de los tranvías, se me abrió un nuevo filón a mi avidez de lector. Una verdadera invasión de novelitas cortas en pequeños libros de bolsillo atiborraba los kioscos. Procedentes de España, los títulos ofrecían una variada gama de géneros: policiales, de amor (recordar a la prolífia Corin Tellado), de guerra y westerns, sobre todo westerns. Me decanté por estos últimos.
Habré leído más de un millar de estas novelitas que no tenían otro propósito que el de entretener. A medida que las iba consumiendo iba elaborando una lista de preferencias por autor. Nombres como Donald Curtis, Ralf Sheridan, Keith Luger, Clark Carrados, etc., me hicieron creer que eran todos norteamericanos, pues la acción se desarrollaba exclusivamente en alguno de los estados del país del norte.
Entre tantos, uno se destacaba, SILVER KANE.
Se convirtió en uno de los preferidos, pues el héroe de cada una de sus novelas, era el tirador más rápido, el más certero, el que sin desenfundar alojaba una bala entre ceja y ceja de su enemigo. La muchacha más hermosa del lugar siempre caía rendida a sus pies y el final, el mismo en todos los casos: después de dejar un tendal de muertos, el héroe se quedaba con la joven. Esa fórmula se repitió en sus 400 novelas de vaqueros.
El paso del tiempo trajo aparejado otro tipo de lecturas, pero siempre recuerdo con nostalgia esos pequeños libritos que podían llevarse en cualquier bolsillo y acompañaban en viajes y en tiempos de espera. No reniego de ellas.
Pero ese de que los autores eran norteamericanos…nada que ver! Eran todos españoles. Cuestiones de “marketing” como se suele decir. Sólo dos que tuvieron un lugar prominente, se atrevieron a utilizar nombres castellanos –sean estos reales o no- Fidel Prado y M.L.Estefanía.
Esa fuente inagotable de sorpresas que es Internet ha sido el disparador de esta nota que vincula la nostalgia con el presente. Se me dio por escribir SILVER KANE en el buscador y allí apareció entonces el nombre de FRANCISCO GONZALEZ LEDESMA, un personaje sumamente interesante que avivó mis ansias de conocer más sobre su vida y su obra literaria.
Sencillos cálculos matemáticos me revelaron que este abogado, periodista y escritor, nacido en Barcelona en 1927, había comenzado a elucubrar sus “novelitas” del oeste a la edad de 15 años, según confirman artículos biográficos.
A medida que iba interiorizándome de la trayectoria de Francisco González Ledesma, crecía mi admiración e interés por este intelectual que fue otra de las tantas víctimas de la represión franquista. A los 21 años ganó el Premio Internacional de Novela por Sombras viejas, que al igual que otros trabajos suyos, no vieron su publicación hasta 1977, cuando España entró en el período de transición democrática.
Su consagración literaria llegó en 1984 cuando ganó el Premio Planeta por Crónica sentimental en rojo. A partir de ese preciado galardón publica con regularidad novelas de corte policial pero siempre con un trasfondo social. En una de sus últimas obras, Tiempo de venganza, narra las vicisitudes de dos viejos amigos en una Barcelona que el autor ha convertido en escenario referencial de sus obras.
Según sus propias palabras, los dos idealistas de Tiempo de venganza están inspirados en su vida de juventud “cuando los estudiantes pobres todavía creíamos en la posibilidad de que existiera un país mejor. Los ideales eran nuestro único capital”.
En las entrevistas, Gonzalez Ledesma vuelve recurrentemente a su infancia entre gente muy humilde pero idealista, prototipo del republicanismo pobre de esa época. Soy un nostálgico. “Para mí, el pasado tiene mucha importancia porque lo he vivido, mientras que el presente es huidizo y el futuro una incógnita. O sea que el pasado es lo único que tienes”.
Recuerda que cuando se prohibió la publicación de Sombras viejas, la censura lo tachó de “rojo indeseable” y un pornógrafo, porque el protagonista le tocaba el muslo a una chica. “Para simplificar, diría que mi libro era como Los cipreses creen en Dios pero dos años antes y en lugar de ofrecer el punto de vista de la derecha, planteaba el punto de vista de la izquierda. Total: la mía la prohibieron y la de (José María) Gironella no”.
Tuvo que haber sido duro para un escritor de sólo 21 años, ver que su novela premiada no podría ser publicada hasta que Franco hubiese muerto, como así ocurrió, y que el único trabajo literario que se le ofreció fue el de escribir novelas del Oeste; allí nació entonces el seudónimo de Silver Kane.
Al igual que el exitoso escritor sueco Henning Mankell con su personaje del policía Kurt Wallander, González Ledesma creó el suyo propio, el comisario Méndez, que se repite en media docena de sus libros.
Méndez es un nostálgico de sus amistades con prostitutas y gente humilde de la vieja Barcelona. En el cuerpo policial no lo quiere nadie. Siendo un investigador de raza, Méndez siente la frustración de que no sólo no le encargan que descubra un asesinato sino que se le ordena que lo tape. Todo lo contrario de sus convicciones, de su obsesión por la búsqueda de la verdad.
Actualmente estoy leyendo Una novela de barrio, publicada en 2007, con el comisario Méndez como protagonista. El texto me interesa y ya me he hecho el firme propósito de transitar por los títulos previos, si es posible en un orden cronológico.
El periodismo, la pasión que González Ledesma ejerció durante 20 años, lo llevó a jubilarse como Redactor en Jefe y presidente del Consejo de Administración del diario La Vanguardia.
En su faceta de escritor “lento” -cuatro años en terminar una novela- revela que el argumento parte de una calle, de un personaje o de una situación que le haya llamado al atención.
Ya he conocido al Silver Kane de mi juventud.
Ahora me acicatea la curiosidad de saber quién se oculta detrás de aquellos Donald Curtis, Ralf Sheridan, Keith Luger, Clark Carrados y otros. ¿Alguien lo sabe?

El blog de José Trepat, 7 de noviembre de 2008

1 de nov. 2008

Diàlegs a Barcelona. Francisco González Ledesma - Javier Pérez Andújar

Xavier Febrés Verdú. Diàlegs a Barcelona. Francisco González Ledesma - Javier Pérez Andújar. Barcelona: La Magrana, 2008 (Origens).

Dues generacions de novel.listes barcelonins, que han triat tot sovint els escenaris de Barcelona com a teló de fons de la seva obra, conversen animadament sobre les incidències de la trajectòria literària i humana, els sentiments que l'han inspirada, els punts de vista respectius al voltant de l'evolució viscuda. Francesc González Ledesma (Barcelona 1927) i Javier Pérez Andújar (Badalona 1965) viuen amb una intensitat particula els canvis experimentats pel terreny sobre el qual es sustenta la seva feina creativa: la ciutat i els ciutadans, la mirada personal i els estats d'ànim col.lectius.

25 d’oct. 2008

Francisco González Ledesma: Una novela de barrio

FRANCISCO GONZÁLEZ LEDESMA, EL HOMBRE DE LOS 400 LIBROS ESCRITOS

POR: César Güemes

1. Hay que cuadrarse, por decir lo menos. Don Francisco González Ledesma (Barcelona, 1927), se levantó hace un rato con el Premio Internacional de Novela Negra RBA –el mismo galardón que acaba de obtener Andrea Camilleri– con su obra Una novela de barrio. Y si es motivo de alegría que al fin circule el volumen del maestro catalán fuera de España, donde sus lectores son legión, es por su lado motivo de asombro recordar que González Ledesma es autor, además de la galardonada novela, de otros 400 libros. Si lo decimos con palabras suena igualmente fuera de este mundo: cuatrocientos libros. Hay que cuadrarse tan sólo con escuchar su nombre.

2. Hoy cualquiera que junte un sustantivo con un verbo y entienda aunque sea con lágrimas las reglas básicas de la adjetivación, no se olvide de los artículos y conozca al menos tres preposiciones, escribe, o más bien redacta, y publica. Y, desde luego, a ese cualquiera, de los que hay filas enteras atiborrando las editoriales primero y las librerías luego, no lo lee ni la madre que lo parió. Pero hay otros seres en el mundo, dedicados con profesionalidad y al mismo tiempo cariño por la palabra escrita. Gente, por fortuna también numerosa, que sabe llenar sus obras de personajes entrañables y construirlos desde dentro; escritores, hombres y mujeres, que piensan en la trama y la estructura de sus textos; prosistas que sacrificaron al poeta que llevaban dentro pero que no abandonaron del todo el concepto de imagen, la delicada idea de metáfora, el claro significado de la puntuación. A estos últimos los leemos con frecuencia, buscamos sus obras, gastamos sumas considerables para tener a mano lo más reciente que han escrito. Dentro de ellos, de los que saben manejar la noción dorada de la literatura que consiste en recordar a cada línea que del otro lado hay y habrá un lector, se encuentra otro grupo, ya más reducido, que dedicó su vida a desarrollar el talento que les vino con la naturaleza. En esa selección se encuentra don Francisco González Ledesma, un hombre que literal y literariamente luchó para que su obra llegara al destinatario, que aprendió el oficio desde muy joven y lo fue afilando mientras llenaba centenares de cuartillas con sus historias. Su primer logro fue Sombras viejas, que a sus 21 años obtuvo el entonces llamado Premio Internacional de Novela entre cuyos jurados figuraron Somerset Maugham (quien para entonces era ya dueño del reconocimiento del público merced, entre otros libros, a El filo de la navaja, Cuarteto, Antes del amanecer, Cuentos de un escritor) y Walter Starkie (el reconocido hispanista, autor lo mismo que de Don Gitano que de Un irlandés en España, y cuidadoso traductor de Cervantes). Sin embargo, el hado franquista caería sobre la premiada Sombras viejas que no vería la luz sino hasta muchos años más tarde, cuando en España cambió al fn el rumbo de las cosas, destino de sombras similar al que padeció durante lustros su novela Los Napoleones.

3. Es momento de señalar que para un escritor es imprescindible la formación entre los libros, aunque no de manera indispensable en la academia estricta. Y aun así, González Ledesma hizo la carrera de Derecho y siguió un camino que sería recomendable para cualquier persona que piense dedicarse formalmente a la escritura: aprendió el oficio de periodista. Ser consciente de que eso que se tiene entre manos va a ser en efecto leído crea una generosa impronta en quien escribe: del otro lado de la página está un lector por el que es preciso guardar el mayor respeto. Así lo entendió nuestro autor mientras prestó sus servicios para El Correo Catalán y luego para La Vanguardia, en donde consiguió merced a su trabajo ser nombrado jefe de redacción o, digámoslo tal como era su cargo, redactor en jefe.

4. La venganza, es sencillo entenderlo, se convierte en muchas ocasiones en el único motivo de la existencia entre los seres racionales. Venganza equivale no sólo al cobro de una deuda que un moroso le endilgó al vengador sin que este último la debiera o la temiera. Venganza es destino, es equilibrio, es paz interior. Venganza es la palabra clave –tan cercana al concepto de justicia (no de ley)– que echa a andar el andamiaje de Una novela de barrio luego de que un par de asaltantes cometen no sólo un atraco sino que en su falta de profesionalismo (para estar del lado oscuro hay que tener siempre las luces altas) matan a un niño pequeño que desde luego era inocente de cualquier culpa. Al lado de esta justicia vengativa y reivindicativa está el inspector Méndez, querido protagonista de una ya larga serie de novelas en las cuales está siempre a punto del retiro del cuerpo de policía de Barcelona. Y aquí es donde aparece la Colt Phyton del inspector, ese bicho portentoso que gasta balas .357 magnum y cuya potencia ahorra cantidades ingentes de medicamentos y libera muchas camas de hospital para pacientes que merezcan serlo.

5. Sin necesidad alguna de recorrer con el lector la trama entera de Una novela de barrio, digamos en descargo de nuestro apreciado Méndez que no es él quien protagoniza la venganza, tan sólo se sitúa, como sabe hacerlo a través de las varias novelas en que lo hemos visto actuar, al lado. Y con eso basta para verse involucrado hasta el tuétano en las diversas historias de esa Barcelona que sólo sus educados ojos para la maldad consiguen retratar. Una ciudad, unos sitios que cambian conforme se modifica el uso de suelo, una Barcelona que a cada obra en la que aparece Méndez se va desmoronando para dar paso a la posmodernidad inmobiliaria y que se lleva entre los pies los usos y costumbres de familias enteras, a las familias mismas, a los barrios enteros, pero que no puede borrar la memoria. De esta suerte, escuchamos al narrador decir:

“Las calles antes tranquilas –de silla y tertulia– se han ampliado, pero con los bloques a ambos lados parecen más estrechas que antes. Las asociaciones de vecinos luchan por un espacio de hierba, por una cloaca y un semáforo. Los pájaros han emigrado, y los pocos poeta que vivían allí han sido expulsados por orden de la autoridad competente.

“En fin, el progreso”.

La canalla de antes es la misma, tan sólo cambian quienes la ejercen. Pero ahí está el inspector Méndez, gato viejo, zorro casi de museo, cuya inteligencia se ha ido multiplicando de manera algebráica al paso del tiempo en forma inversamente proporcional a la disminución paulatina de las facultades físicas propias de la edad. Por fortuna, la velocidad promedio de una bala es siempre más rápida que los reflejos atenuados por el paso del tiempo. Y, como González Ledesma lo sabe, esa velocidad sirve lo mismo para todos los personajes armados dentro de su historia, de modo que las posibles ventajas de algunos se atemperan ante las disminuciones de otros, con lo cual la balanza ha de inclinarse, así sea despacio y con enormes trabajos, hacia un lado y hacia otro hasta quedarse quieta. Es por ello que en cierta parte de Una novela de barrio leemos la siguiente réplica: “–Esta puñetera ciudad esta llena de gente que quiere matar y gente que quiere morir –gruñó el comisario–. Podrían ponerse se acuerdo”. El caso es que no se ponen de acuerdo de forma tan sencilla como el deseo del comisario, y para eso está ahí el inspector Méndez, quien lleva a mano un lindo modelito de la casa Colt, que hoy se hace sólo sobre pedido: “No llevaba su famoso Colt modelo 1912, con el que quién sabe si habían asesinado a Canalejas, sino que estaba en plan moderno: llevaba un enorme Colt Phyton. Con una de sus balas no sólo matas a un tío, sino que cambias de sitio una casa”.

6. Las mujeres, los personajes femeninos de González Ledesma, se cuecen aparte. Tejidos al detalle, casi con punto de cruz, las mujeres que aparecen en Una novela de barrio han conocido la existencia desde el punto de mira más difícil posible, cada una de ellas a su estilo y modo. Pero todas han padecido la crudeza de la realidad, sin distingos de clase social, sin preferencias casi al enfrentar la muerte. Ya las encontrará el amable lector.

Y ya las dibuja González Ledesma con una maestría y un cariño que sus críticos de antes tacharon de pornografía. Leamos: “…tiene caderas de ánfora, de las que ahora no se estilan, porque de las caderas hablan hoy muy mal los gurús del mundo, que son los dietistas. Y es lo que hay. Y pensar que llevamos tres mil años de pintura y escultura, es decir, de civilización –decía a veces una pupila ilustrada– para llegar a esto, para descubrir en las mujeres la línea recta”.

Por la misma tónica, este homenaje a la belleza y estética femenina: “Si su falda había sido diseñada por un experto, sus piernas habían sido diseñadas por un onanista de última generación”.

Las mujeres de González Ledesma, que es decir en este caso de Méndez, viven al modo más realista posible, esto es, saben conjugar lo mismo los verbos que determinan el triunfo o el padecimiento. Mujeres duras, y algunas maduras, como una cuya mirada es: “gris, dura, impía, propia de una embalsamadora de niños”.

7. Méndez, mi querido Méndez, quien ha visto pasar las durezas y las transiciones de su país, reconoce, como lo hace casi en cada aparición en sus distintas novelas, que: “Debo dinero a la mitad de los libreros de Barcelona”. O, tal cual lo dice su narrador, para caracterizarlo como lo que es, un hombre de la ley pero con la justicia en la mirada: “No era la primera vez que Méndez protegía a alguien que hubiera debido detener”.

En cierto momento de la obra le “confiesa”, le confía, pues, Méndez a uno de los personajes en Una novela de barrio:

“–Soy un cabrón”.

Digamos, con respeto y con alegría, digamos con toda la dignidad, la fortaleza y las astucia que la palabra encierra, que don Francisco González Ledesma es enteramente un cabrón. Un cabrón bien hecho, de los de antes, de los de siempre. Un recabrón.
César Güemes, 25 de octubre de 2008

De Méndez a Méndez

José Luis Álvarez Fermosel

Aprendía yo a escribir a máquina al tacto en la Academia Caballero de Madrid, que si mal no recuerdo estaba en la calle de Fuencarral, no lejos del gimnasio Juventud, donde me inicié en el boxeo. Nunca pude escribir a máquina al tacto, ni con más de dos dedos de la mano derecha y uno de la izquierda. Me fue mucho mejor con el pugilismo.
Recuerdo, a pesar de los años que han pasado, que una señora nos dictaba por micrófono en la clase de mecanografía textos aburridísimos con una voz muy monótona. El protagonista era siempre un tal legista Méndez, cuya vida y milagros eran tan tediosos como la señora que hablaba de una y otros.
Nunca hubiera imaginado entonces que, mucho tiempo después, otro Méndez iba a alegrarme la vida con sus andanzas, mucho más vitales que las de su tocayo: el inspector Méndez, protagonista de varios novelas del escritor Francisco González Ledesma, catalán de Barcelona.
Que conste en acta, pues: mis sueños de joven apenas salido de la adolescencia, o parte de ellos, al menos, se enmarcaron en la más pura ortodoxia de la justicia, personificada por el legista Méndez y el policía de su mismo nombre, que recorría melancólicamente las calles de una Barcelona gris, difuminada en el recuerdo, buscando malhechores.
Méndez, el policía, para que negarlo, era un poco cabroncete. Del otro no supe nunca nada. Utilicé su nombre, precedido del pomposo y abstracto título de legista, y relacionado con algún disparate de mi invención, en varios de mis entremeses radiofónicos, mucho más cerca en el tiempo.
González Ledesma me cayó siempre bien, sin que llegara a conocerle personalmente. Me gustaba por su manera de escribir y porque era, y es, pues que vive en plena agerasia a los 82 años, periodista y un gran lector, como yo.
Sino que mucho mejor como escritor, aunque no sé si más lector pero intuyo que sí, habida cuenta de la diferencia de edad que nos separa. Lógicamente, él ha tenido más tiempo.
Hablando de lecturas, tengo en mi mesa de trabajo el tomo 11 de la colección de relatos Testimonio (Ayer, hoy y mañana en la historia), de la vieja y entrañable Editorial Bruguera, que tenía su sede central en la calle Mora la Nueva 2, de Barcelona.
Pues bien, uno de esos relatos, el quinto, para ser exactos, titulado La Gran Aventura (epopeya del Lejano Oeste) es obra de Francisco González Ledesma. El tema me apasionó siempre y yo también escribí un ensayo histórico sobre el amplio y fascinante escenario de las aventuras de Buffalo Bill, Wyatt Earp, los hermanos James y Calamity Jean.
Hoy, sábado, que escribo estas líneas, mi amiga Àngels –catalana como González Ledesma, apasionada como él por la lectura, y también por la buena cocina-, me manda un artículo del gran escritor publicado en el diario El País de Madrid, que puede leerse pinchando al pie de este post en Nota relacionada.
González Ledesma, que firmó alguna de sus obras con el seudónimo de Silver Kane, amante de los libros, los cafés, las redacciones y las señoritas de la calle, merecidamente laureado con varios premios, viene otra vez a mi memoria del bracete de Àngels por la vía de neón azul de la Internet.Benditas sean, mi amiga y la Internet.

El Caballero Español, 25 de octubre de 2008

15 d’oct. 2008

"Sabía que podía ganar, pero no me invitaron a la cena"

Cristina Castillón

F.G. LEDESMA

Premio Planeta 1984

¿Cómo recuerda la noche que encumbró ‘Crónica sentimental en rojo’?

Sabía que podía ganar, pero no me invitaron a la cena, así que pensé que no tenía opciones. Mi compañero en La Vanguardia, José Martí Gómez, me dijo que ganaba, así que compré entradas para mí y parami familia.

Tras un galardón tan importante, ¿cómo afrontó su carrera literaria?

Soy escritor vocacional. El Planeta es la consagración pero conlleva una gran responsabilidad hacia el lector.

Ve el premio muy distinto de los años ochenta?

Desde el punto de vista moral, es lo mismo. Aunque cada año cuesta más encontrar novelistas de prestigio y consagrados a los que premiar.

ADN, 15 de octubre de 2008

9 d’oct. 2008

Francisco González Ledesma, escriptor i periodista

Jordi Jorba

Escriptor autor de veritables èxits de vendes, periodista de raça i advocat, va visitar la nostra ciutat per a participar en un acte organitzat per la Biblioteca de Ca n’Altimira. La seva experiència va teixir un diàleg amb els seus lectors, farcit de vivències marcades per una infància de nen de guerra civil i postguerra i tot el que comportà.

Vostè és un escriptor que ha situat bona part de les seves obres a la ciutat de Barcelona. L’inspector Méndez, un dels seus personatges emblemàtics, deambula per una ciutat amb gran personalitat. Per a descriure-la d’aquesta manera, l’ha d’haver conegut, l’autor. S’ha dit, fins i tot, que aquesta experiència li ve d’haver estat un infant del barri xinès ....
La meva educació de nano de carrer, de nano a qui els bombardeigs l’agafaven a tot arreu, de nano que anava a buscar desesperadament menjar pels carrers de Barcelona, va fer que jo també fos un infant del barri xinès perquè m’hi passava moltes hores allà. Per això, tot i haver nascut al Poble Sec, si em diuen que he estat un nen del barri xinès no sento cap vergonya: és un orgull.
La Barcelona que vostè descriu no és pas la ciutat actual ...
Efectivament. La ciutat canvia, es transforma. Probablement els meus personatges, si haguessin de moure’s per aquests carrers d’avui en dia, no s’hi trobarien com quan jo els feia viure a la Barcelona que coneixia.
La ciutat comtal continua essent un bon marc on situar-hi històries?
I tant!. Cada generació genera les seves obres i les situa, si s’escau, en un marc que coneix. Les meves obres, essencialment les titllades de novel·la negra, descriuen aquesta ciutat.
L’inspector Méndez, el seu personatge més emblemàtic, també té una forta personalitat
És un tipus determinat de policia. Càustic i desencantat de la condició humana, crític amb allò que l’envolta, enyora d’altres temps. És, per això, un individu que no suporta agressions als més febles.
Parlem dels seus pseudònims. De Silver Kane ...
Jo vaig començar a escriure com a Silver Kane quan la censura m’havia declarat “rojo i pornógrafo”, prohibint-me la publicació d’una novel·la. Jo, amb 15 anys, escrivia per mi mateix. Vaig començar a escriure als 12 anys. Estudiava i ho feia per la nit, traient-li hores a la son. Generalment les dedicava als ambients que jo veia. Als 17 anys vaig pensar “ja tens una experiència, ja ets escriptor, ja pots escriure la novel·la de la teva vida”. Vaig escriure Sombras Viejas. Després d’aquest llibre em vaig veure obligat a escriure amb pseudònim novel·les de l’oest. Per viure-hi.
Com l’afectà, aquesta decisió?
Sombras Viejas va ser una prohibició radical que va marcar la meva vida. Em deixaren completament desmoralitzat. Aquella obra va guanyar el Premi Internacional de Novel·la. S’hi podien presentar tots els escriptors del món en qualsevol idioma. El premi a la millor obra en espanyol el vaig guanyar jo, que no havia fet encara els 20 anys. Però censura me la prohibir, aquesta novel·la.
Quines raons argumentaren?
Vaig anar a Madrid, una mica ple d’ingenuïtat per preguntar per què no la podia publicar. Hem van dir: “Hombre, que no lo ve, usted?”, contestant que no, que no ho veia. “Se nota que usted es rojo”. La qual cosa era veritat: havia nascut en un barri pobre, entre gent que lluitava, havia vist l’aixecament feixista, la gent del meu carrer morir sota una bandera, entre d’altres vivències, que em marcaven. El censor ho va notar de seguida. El tema de Sombras Viejas era similar al de Los cipreses creen en Dios, de J.M. Gironella. El que passa és que ell era un home de dretes moderades. La seva obra es notava escrita per algú de dretes i la meva, per algú d’esquerres. Hem van dir, textualment: “Mientras el Caudillo viva, usted no publicarà en España”. Afegiren “Y encima usted es pornógrafo”. Fumut, vaig preguntar per què. “Hombre, se ve enseguida”. Diu: “Hay unos novios, que el le pone la mano encima de la rodilla de la novia. Y por la forma como lo explica se nota que el tiene intención de subir la mano”. La censura funcionava així. M’he adonat, ara, que una novel·la com Sombras Viejas, podria qualificar-la d’ingènua va ser considerada una obra pornogràfica.
Posteriorment vingué l’èxit a França ....
Editors francesos havien tingut accés a alguns dels meus textos. L’editorial Gallimard en publicà algun. Hi ajudà el fet de les prohibicions de la dictadura. A partir d’aquí he tingut la sort que les meves obres compten amb un gran ressò a França.
Tornem als pseudònims. Per què el d’Enrique Muriel?
Va ser una iniciativa de l’editor. Quan vaig portar a Planeta la novel·la La ciudad sin tiempo, la que més ha venut de les que he fet fins ara, jo ja tenia una certa fama com a escriptor d’intriga, de novel·la negra. L’editor em va dir: tu ets un Premi Planeta, el guanyares amb una novel·la d’intriga [amb Crònica sentimental en rojo]. La gent es pensarà que aquesta novel·la, que és purament històrica, que està feta als carrers de Barcelona i que parla dels carrers de la història de la ciutat. Potser enganyarem la gent amb això. Perdrem l’avantatge que el teu nom és conegut però així no enganyem a ningú. Juguem-nos-la, anem a l’aventura, com si fos una cosa nova. A veure la gent com la rep. I em digué: buscat un pseudònim. Vaig accedir, triant el pseudònim d’Enrique Muriel, el protagonista de Sombras Viejas. Era el personatge com jo havia creat feia 17 anys i que llavors encara no havia pogut veure publicat. Enrique Muriel distingeix les novel·les d’intriga de les que no ho són.
Defineixi’ns què entén per Novel·la negra i per novel·la policíaca ...
L’expressió novel·la negra és un invent dels periodistes. Sempre busquem una expressió que no ocupi massa espai en els titulars i que es pugui recordar fàcilment. Però novel·la negra no és exactament el que signifiquen aquestes dues paraules. Hi ha una novel·la d’intriga en la qual es parteix d’un misteri. Segueix un determinar curs, desperta l’interès del lector i al final el misteri es resolt. Però no hi ha cap anàlisi de la societat en la qual es desenvolupa el drama. La novel·la d’intriga, nascuda una mica abans de la crisi del 29 del segle passat, la inicien uns escriptors que descobreixen que els crims, les malvestats, tenen un origen. Que va més enllà del cap d’un delinqüent passant a la societat, allà on podem trobar l’origen del seu comportament. Dashiell Hammett n’és el precursor d’un canvi, analitzant les circumstàncies que comporten els fets delictius. Es va dir negra per dues raons molt senzilles: perquè es publicava en una revista barateta, de quiosc, que es deia Black Mask. I perquè Gallimard, l’editorial francesa, va posar-li les tapes negres a una col·lecció de novel·les d’intriga. Li va dir La noir.
Parlem de premis. Del Planeta, que vostè va assolir amb Crònica sentimental en rojo ...
És un dels més importants que he guanyat. I miri que no em van ni convidar al sopar del Planeta. S’han dit moltes coses d’aquest premi. Jo l’he arribat a conèixer-lo una mica. Vaig conèixer el vell editor Lara, que era molt directe i sincer parlant. Quan es convoca el premi Planeta, l’editor tenia la por que entre les 300 o 400 novel·les que s’hi presentaren no n’hi hagi cap de bona. Podia passar. El Lara acostumava a parlar amb algun escriptor reconegut i li deia que escrivís una novel·la, que li donarien el premi. Si l’autor era el Camilo José Cela li havien de donar el premi. Però si era un de no tanta anomenada, el jurat decidia en completa llibertat premiant l’obra que més li agradava. Segona si que la hi proclamaven. He conegut escriptors com l’Umbral, que van escriure una obra sol·licitada per Lara. No la van premiar i en una nit del Planeta l’Umbral va dir “ya que no me llevo el premio, me llevaré este pastel”. I se’l va endur. Nèstor Luján també li va dir, l’editor, i no el premiaren. Home elegant, digué “què hi farem”. Al Fernando Fernán Gómez també li va prometre. Era assegut a la meva taula i quan va veure que no el premiaven, que quedava segon, va començar a llençar malediccions. Era un gran actor, però molt mal educat. Cada periodista que venia a fer-li una entrevista, l’insultava. Va ser molt desagradable. La promesa del Lara no era que donés el Planeta: s’assegurava que tenia, al menys, una bona obra.
Com van anar les coses, en el seu cas ...
L’any que vaig guanyar el Planeta, qui havia contactat per al premi era l’altre escriptor, que havia estat premi Nadal, entre d’altres. Va presentar el seu llibre, que estava molt bé. A mi em digueren que la meva obra estava entre les novel·les que podien guanyar. Jo treballava a La Vanguardia. Era redactor en cap. Un dia vaig trobar-me a la porta un col·laborador del diari, l’historiador i escriptor Rafael Abella. Ell treballava a editorial Planeta. Jo havia publicat en aquella època Las calles de nuestros padres i l’ABC em va dedicar una pàgina sencera amb una crítica molt bona. L’Abella m’ho va comentar, demanant-me que quan em presentava al Planeta. Em vaig posar a riure i entengué que ja m’havia presentar. No li vaig dir quina era l’obra ni el pseudònim. Al cap d’un temps em va trucar i em va dir que hi havia quatre obres que podien guanyar el Planeta. I una d’elles era la meva. Poc després em trucaren d’Editorial Planeta i em van dir el mateix. Llavors ja eren tres obres. Allà vaig veure que el premi era honrat: podia guanyar o no. Em digueren que el que sí que volien era publicar-lo, el llibre. Em demanaren permís per anar publicant la novel·la. De fet l’editorial inici aquest procés abans no es coneix el guanyador, de manera que si el premi es lliura l’octubre ja és a les llibreries el novembre. Hi vaig accedir. No m’enviaren la invitació, com es fa amb les persones que poden guanyar el premi. Me n’oblido i vaig a la feina. Em truquen de l’ABC dient-me que guanyava el premi. A les 7 de la tarda, un gran periodista i amic, José Martí Gómez, em digué que guanyava el premi. “Com ho saps?”, li vaig preguntà. I em digué que li ho demanà a Lara, l’editor. Com a mínim disposar d’alguna pista. Li respongué: “miraté al ombligo y vete a la mierda”. Així respongué. Pensant-hi va deduir que era algú proper a ell. En veure’m al diari, resolgué l’equació quan em veié: jo era “el ombligo”. Vaig començar a pensar que realment guanyava quan els fotògrafs s’acostaven a la meva taula. Efectivament, vaig guanyar. Però juro no estava ni convidat al sopar.

Cerdanyola.info, 9 d'octubre de 2008

8 d’oct. 2008

“Chronique sentimentale en rouge” de Francisco González Ledesma

Titre:
VF: Chronique sentimentale en rouge
VO: Cronica sentimental en rojo.
Auteur: Francisco GONZALEZ LEDESMA

Roberto

Francisco González Ledesma est né le 17 mars 1927 à Barcelone dans le quartier populaire de Poble Sec. Grâce à l’aide d’une tante il étudie au collège puis entreprend des études de droit qu’il finance avec des “petits boulots” et en écrivant des pulps. En effet, de 1951 à 1981, sous le pseudonyme de Silver Kane, Francisco González Ledesma écrit cinq cents westerns et romans d’aventure qu’il livre parfois au rythme de trois par mois. En 1948, son premier roman Sombras viejas est couronné par le Prix international du roman. Cependant, interdit trois fois, il ne sera jamais publié en Espagne.
L’assouplissement de la loi sur la presse lui permet de devenir journaliste en 1963. Il entre à la Vanguardia dont il deviendra rédacteur en chef. Il y fonde un syndicat de journalistes clandestin auquel adhère un autre futur auteur de romans policiers, Manuel Vázquez Montalbán. Refusant d’écrire le moindre papier sur Franco pour ne pas trahir ses opinions, il devient un orfèvre dans l’art de rédiger les informations de façon défavorable au régime sans encourir les foudres de la censure.
La transition démocratique qui suit la mort du caudillo lui permet de faire publier un premier roman sous sa véritable identité : Los Napoleones. Cet ouvrage, écrit en 1967, n’avait jamais été présenté à la censure par l’éditeur, de peur de le voir interdit. Les années 1980 sont fécondes pour Francisco González Ledesma qui crée le personnage de l’inspecteur Ricardo Méndez dans Le dossier Barcelone (Expediente Barcelona, 1983), suivi par sept titres dans le même cycle. Il publie également dix autres romans noirs. Cinq d’entre eux ne sont pas encore traduits en français dont ses mémoires, Historias de mis calles, et un roman écrit sous le pseudonyme d’Enrique Moriel.

Bibliographie:

Les titres sont listés par ordre chronologique croissant de leur publication en français:

Soldados / trad. de l’espagnol par Christophe Josse. - Nantes: l’Atalante, 1990. Traduction de: Soldados, 1985.
Chronique sentimentale en rouge / trad. de l’espagnol par Jean-Jacques Fleury. - Nantes: l’Atalante, 1991. Traduction de: Cronica sentimental en rojo, 1984
La dame de cachemire / trad. de l’espagnol par Jean-Baptiste Grasset. - Paris: Gallimard, 1992. Traduction de: La Dama de Cachemira, 1986
Les rues de Barcelone / trad. de l’espagnol par Christophe Josse. - Nantes: l’Atalante, 1992. Traduction de: Las calles de nuestros padres, 1984
Histoire de Dieu à un coin de rue / trad. de l’espagnol par Jean-Baptiste Grasset. - Paris: Gallimard, 1993.Traduction de: Historia de Dios en una esquina, 1991
Le dossier Barcelone / trad. de l’espagnol par Jean-Baptiste Grasset. - Paris: Gallimard, 1998. Traduction de: Expediente Barcelona, 1983
Los símbolos / traduit de l’espagnol par Jean-Jacques Fleury. - Nantes: l’Atalante, 1999. -Traduction de: Los símbolos, 1987
Ciné Soledad / trad. de l’espagnol par Christophe Josse. - Nantes: l’Atalante, 2000. Traduction de: Cine Soledad, 1993
Los Napoleones / traduit de l’espagnol par Jean-Jacques Fleury. - Nantes: l’Atalante, 2001. Traduction de: Los Napoleones, 1977
Le péché ou quelque chose d’approchant / trad. de l’espagnol par Isabelle Gugnon. - Paris: Gallimard, 2001. Traduction de: El pecado o algo parecido, 2002
42 kilomètres de compassion / trad. de l’espagnol par Christophe Josse. - Nantes: l’Atalante, 2002. Traduction de: 42 Kilómetros de compasión, 1986
Purée d’avocat sauce Chili / trad. de l’espagnol par Georges Tyras. - Paris : Éd. Baleine, 2002.
Méndez: nouvelles / trad. de l’espagnol par Christophe Josse. - Nantes: l’Atalante, 2003. Traduction de: Méndez, 2006
Cendres / traduit de l’espagnol par Isabelle Gugnon. - Paris: Gallimard, 2005. Traduction de: Ceniza
Ombres du passé / trad. de l’espagnol par Jean-Jacques Fleury. - Nantes: l’Atalante, 2005. Traduction de: Sombras viejas, écrit en 1948, non publié en Espagne
Cinq femmes et demie / traduit de l’espagnol par Thomas Delooz. - Nantes: l’Atalante, 2006. Traduction de: Cinco mujeres y media, 2005
La ville intemporelle ou Le vampire de Barcelone / trad. de l’espagnol par Christophe Josse. - Nantes: l’Atalante, 2008. Traduction de: La ciudad sin tiempo, 2007 (publié sous le pseudonyme de Enrique Moriel)

Oeuvres non traduites en français

El adoquín azul, 2002
Tiempo de venganza, 2004
Historia de mis calles, 2006 (Mémoires)
Una novela de barrio, 2007
El candidato de Dios, 2008 (publié sous le pseudonyme de Enrique Moriel)

VF: Chronique sentimentale en rouge de Francisco González Ledesma
Editions Atalante (332 pages) Prix : 16€

VO: Cronica sentimental en rojo de Francisco González Ledesma
Ediciones Booket (320 paginas) Precio : 7.95€

Prix Librairie Espagnole (7, rue Littré 75006 Paris, Tél.: 01-43-54-56-26): 12€

El Pinguino: Aligre FM 93.1, 8 octobre 2008

2 d’oct. 2008

El candidato de Dios

Ricardo Senabre

Enrique Moriel
Destino, 2008.
400 páginas. 20 euros.

Como ya se advierte en la solapa de este volumen, “Enrique Moriel” es uno de los seudónimos del escritor Francisco González Ledesma –como lo fue “Silver Kane” en su lejana época de autor de novelas de quiosco– y, además, el nombre que tenía el protagonista de la primera narración del autor, titulada Sombras viejas (1948). La alternancia de seudónimos distintos es frecuente en escritores de novela de misterio y novela negra, desde Agatha Christie hasta Stephen King, y en ocasiones cada seudónimo se utiliza para desarrollar historias con un personaje central –el investigador o detective– diferente. Así, Margaret Millar ha firmado novelas con su nombre y con otros dos seudónimos; de John Creasy se conocen al menos seis seudónimos distintos. La pareja de escritores formada por Richard W. Webb y Hugo C. Wheeler ha sido sucesivamente “Patrick Quentin”, “Q. Partrick” y “Jonathan Stagge”. En la misma línea se encuentran autores como Erle Stanley Gardner o el inglés René Raymond, entre otros muchos. González Ledesma se incorpora, pues, a una tradición bien conocida. Pero, transmutado en “Enrique Moriel”, su novela no se ambienta ya en la Barcelona tan familiar al autor, ni gira en torno al personaje del policía Méndez, sino que nos lleva a la ciudad de Nueva York en los comienzos de la campaña electoral para la presidencia del país que en estos momentos aún no ha concluido. Los antiguos gacetilleros hubieran dicho, con un tópico frecuente, que el tiempo de la historia aquí narrada es de la más “rabiosa actualidad”.
Un conjunto de turbios personajes –mafiosos, banqueros y magistrados corruptos, matones a sueldo y hasta alguna encarnación de la típica femme fatale– se mueve alrededor de un candidato llamado Christian Earth, que parte en la carrera electoral sin ninguna posibilidad de éxito. Hay intereses oscuros, algún asesinato e intervenciones policiales, todo ello en un marco neoyorkino convincentemente esbozado. González Ledesma se mueve con soltura en estas sinuosas tramas que está acostumbrado a urdir, y no será necesario decir una vez más que es un narrador ágil, forjado durante años en el cultivo de la literatura popular y de acción, que narra con buen ritmo y al que, en este sentido, pocas objeciones cabe oponer. Pero en sus novelas barcelonesas había algo más que la simple intriga: la nostalgia de un mundo en transformación, la mirada de quien ve en los cambios de la ciudad, en la desaparición de viejos rincones urbanos, un espejo de su propio envejecimiento personal. Aquí, aunque resuelto con habilidad, el diseño del marco ambiental tiene más oficio que sentimiento, y Nueva York no alcanza la profundidad de perspectiva que posee la Barcelona por la que deambula Méndez. A cambio de ello, el autor ha hecho un esfuerzo gigantesco por construir una parábola que recuerda la propuesta de fondo que esbozaba Kazantzakis en Cristo de nuevo crucificado y que ofrece innumerables pistas en el texto: el candidato, más interesado en sus discursos por los problemas humanos que por los planteamientos políticos, se llama Christian; su padre auténtico es un financiero de origen incierto, Timothy Gaylor, que parece conocerlo todo y albergar una sabiduría de siglos. El padre putativo es un humilde carpintero llamado Joseph, y la madre una trabajadora modesta que responde al nombre de Mary. Con estos planteamientos no es difícil prever el trágico final de Christian, ni siquiera que se produzca gracias a la traición de un Judas moderno sin más horizonte que los beneficios económicos. Las ideas del padre “real” –el poderoso financiero que inicialmente trata de ayudar al candidato– y Cristian enfrentan dos maneras de contemplar el mundo y dos modelos morales: el padre cree “en el poder material de la Iglesia, que está en las riquezas y los templos”, como resume el fiscal, mientras que el hijo “cree en el poder moral de una Iglesia que está en las calles” (p. 383). Estos y otros muchos pasajes igualmente reveladores sostienen una novela de extraordinaria ambición temática sobre la imposible realización en nuestro mundo de los ideales evangélicos, porque trasladar a las elecciones presidenciales norteamericanas una especie de remake actualizado de la historia de Cristo no es empeño baladí. No puede afirmarse que el autor haya salido airoso de la empresa; hay personajes desdibujados y trayectorias inconsistentes, como la de Goren, que parece llevar la iniciativa al comienzo para luego desdibujarse y reaparecer en el quiebro narrativo final; Gaylor es, en el proyecto novelesco, un personaje de tal magnitud que requería un tratamiento más a fondo. Pero esto no empaña otros méritos de la novela, que trata de no quedarse en el terreno de la ficción política como un producto de consumo más, y lo hace con dignidad.

El Cultural, 2 de octubre de 2008

5 de set. 2008

Títulos que no puedes dejar de leer

Carolina Cavanaugh

LA CIUDAD SIN TIEMPO Por Enrique Moriel (Rayo/ Rayo Planeta). Para despistar a los seguidores de sus relatos policíacos, Francisco González Ledesma ha firmado con el seudónimo de Enrique Moriel su primera incursión en la novela histórica: La ciudad sin tiempo. El pasado y el presente de Barcelona brindan el escenario donde transcurre este relato, protagonizado por Marta Vives, la ayudante de un abogado que trabaja en la solución de un extraño caso: la muerte de un prominente miembro de la sociedad. En el transcurso de la pesquisa, la joven no sólo descubrirá la antigua pugna que mantiene su familia con otro viejo clan familiar de la ciudad, los Masdéu, sino que se verá involucrada en esa rivalidad. A medida que la narración avanza, iremos conociendo detalles de la historia oscura de Barcelona y el autor nos irá revelando la hipótesis que sostiene en su novela: ¿existen pruebas de que fue Dios quien ganó el combate entre El y el diablo?

Cosmopolitan, 5 de septiembre de 2008

29 d’ag. 2008

“Lo único que he hecho es seguir mi vida auténtica”

Israel Punzano

¿Qué pasaría si Jesucristo se presentara a las elecciones de Estados Unidos? La respuesta la da Francisco González Ledesma en su nueva novela, El candidato de
Dios (Destino), una obra de intriga política en la que el autor recupera el seudónimo de Enrique Moriel, reservado para aquellos libros que se escapan de su gran especialidad: la literatura policíaca. No obstante, el escritor juega con todas las convenciones del género y, además, ajusta cuentas con la hipocresía que viste hábito.
Pregunta. ¿Qué hace un rojo escribiendo una novela de tema tan religioso?
Respuesta. Como persona de izquierdas nacida en un barrio popular —es verdad que se me puede llamar rojo—, poseo unas creencias religiosas limitadas. Sin embargo, hay personajes de esta novela que me han llegado a conmover, como la madre del protagonista, Mary. Me he dado cuenta de que la Virgen es la única que despierta en la religión un amor humano. En España y en Europa, la gente quiere tenerla cerca, tocarla, la encuentran guapa. Si se pudiera, se casarían con ella.
P. Pero de la Virgen al oropel de la Iglesia hay gran distancia...
R. La Iglesia es sobre todo una institución sentimental donde se han dado Teresas de Calcuta, curas obreros, gente que luchaba por la hermandad social. Pero éstos se han olvidado y han sido entronizados los mártires de la Guerra Civil, los curas que mató la izquierda, aunque no se dice nada de los que mató la derecha.
P. ¿La gran humanidad de sus personajes es una herencia de su época de periodista?
R. Eso me viene de tres cosas. Primero, de la calle. Fui un chaval de familia muy pobre que se crió en la calle. Con el tiempo he llegado a conocer a gente de toda clase tal y como es. También me viene de la abogacía. Durante años fui un abogado rico (ríe), aunque no soportaba la profesión. Sin embargo, me ayudó a conocer los procedimientos policiales y la hipocresía humana. Y por último, del periodismo, la gran escuela.
P. Todo muy vivido, ¿no?
R. Siempre empiezo a crear las novelas a partir de un personaje que me interesa. Por ejemplo, de una mujer que veo asomada a la ventana y trato de imaginarme su vida. Quizá sea una tontería, pero a mí me parece que mucha gente de mi barrio, del Poble Sec de mi infancia, todavía no ha muerto. Eran personas que habían construido su vida día a día y aunque su portal esté vacío, aún me parece verlas allí. Pienso que vale la pena explicar lo que han sido. No merecen morir del todo.
P. Algunas voces critican la novela negra por su gusto enfermizo por lo marginal.
R. No he recibido esa crítica, pero si me llegara no le haría ningún caso. Lo único que he hecho es seguir mi vida auténtica. La vida de mi infancia está llena de marginalidad y de sufrimiento; mi vida de estudiante pobre está llena de marginalidad y de sufrimiento; la vida del joven que fui y que entró a trabajar en una editorial para escribir guiones a 10 pesetas está llena de marginalidad y de sufrimiento... No es que me guste, es que ha sido mi vida. Que me haya ido de esa pobreza no significa que ya no exista. Para mí es totalmente genuina. En ese
mundo he visto, sobre todo en las épocas duras de la guerra y de la posguerra, ejemplos de heroísmo, de gente con tanta dignidad que merece vivir en una novela.

El País, 29 de agosto de 2008

27 d’ag. 2008

Reseña: "Cinco mujeres y media", de Francisco González Ledesma

Título: Cinco mujeres y media
Autor: Francisco González Ledesma
Género: ficción, hibridación de novela policíaca y novela social.

Resumen de la trama:

En la Barcelona post-Forum aparece el cadáver violado y torturado de Palmira Canadell una joven de armas tomar del barrio de Sant Antoni. Aunque no se le pone a cargo del caso, el inspector Ricardo Méndez indaga en el asesinato de Palmira, a raíz de la muerte de uno de sus violadores y asesinos, Antonio Escolar, al tiempo que sigue la pista de un sicario, Reglan, reaparecido en la ciudad. La aparición del cadáver de Antonio Escolar, uno de los asesinos de Palmira, en el rellano de la casa de su hermana gemela, Emma, lleva a Méndez a conocer la historia de una mujer fusilada por un escuadrón falangista 60 años atrás, al tiempo que descubre una posible conexión en la zona alta de la ciudad: Antonio Escolar fue guardaespaldas de un adinerado constructor, Conrado Pino. La hermana de Pino, Marta, pone a Méndez en la pista de los otros dos asesinos de Palmira, que son arrestados.

Después de que los otros dos violadores y asesinos de Palmira, Pablo Corrales y Federico Lobo, sean detenidos, el caso parece resuelto, pero surge una nueva trama, de la que Méndez es testigo: cinco mujeres se reúnen periódicamente en un bar para discutir su participación en una suculenta campaña publicitaria relacionada con una urbanización de lujo en el Pirineo catalán. Una trama que se mantendrá a lo largo de la novela y que explica el título de la misma. Entre las mujeres implicadas está Patricia Cano, obligada a prostituirse en su infancia y juventud, y que cree que su ex-marido ha contratado un asesino para matarla; Elena Bustos, maltratada por su violento marido y que se suicida tras saber que perderá la custodia de su hija pequeña, a pesar del intento de Méndez por ayudarla; Eva Ferrer, viuda de un abogado y madre de un joven autista, y a quien Oscar Madero, un empresario sin escrúpulos, presiona para que le revenda unos terrenos aledaños a la urbanización de marras - cedidos en su momento al hijo de Eva -; Madero, al mismo tiempo, espera seducir a Eva para satisfacer sus más bajos instintos sexuales, como ha hecho con Patricia Cano; Anna Parra, una mujer mayor que se encarga del cuidado de las prostitutas del Raval, y que recibe una paliza de Corrales y Lobo, contratados para tal “misión”; y Sonia Vera, esposa de Madero y actriz que no acaba de despuntar en España.

Pero las cosas se complican aún más cuando Corrales y Lobo intentan asustar a Emma, testigo en el causa abierta contra ellos. La aparición in extremis de Pedro Anselmo Roca, nieto de la mujer fusilada en 1945, salva a una aturdida Emma de una posible violación. Méndez hace buenas migas con Pedro, que se declara dispuesto a casarse con Emma, como colofón de una promesa no cumplida en el pasado, y a vengarse de los dos criminales. Las indagaciones de Méndez acerca del ex-marido de la suicida Elena Bustos le llevan a descubrir quien contrató a Corrales y Lobo para darle una paliza a Anna Parras, y para conseguir que ambos puedan ser procesados.

Y desde entonces Méndez tratará de descubrir qué hay tras el asesinato de Palmira Canadell y las cinco mujeres (y media) de la reunión...

Valoración global: la novela parte de un caso por resolver, pero a partir de un momento determinado coge otro vuelo, siendo un reflejo de las miserias y grandezas humanas, todo bajo el prisma de cinco mujeres y, sobre todo, del inspector Méndez. Al final queda el desengaño y la nostalgia en el protagonista, y el suspense y la descarnada realidad para el lector

Sensación epidérmica: la novela, aunque engancha, deja al lector con mal cuerpo ante las injusticias de la realidad actual y con un cierto cansancio causado por la retórica cínica, deslenguada y nostálgica del inspector Méndez.

Páginas importantes:

  • La “historia social y violenta” de Barcelona en las décadas anteriores a la ciudad olímpica (páginas 97-98).
  • El soliloquio de Méndez en las páginas 243-245, alrededor de las mujeres del bar (las “cinco mujeres y media” del título), aclarando diversos elementos de la trama.
  • La reunión de las “cinco mujeres y media” en la que se explican el plan contra Óscar Madero (páginas 366-374).

Valoración literaria:

La novela de Francisco González Ledesma, para empezar, trasciende el género policiaco, ya desde el primer capítulo: es una colección de retazos sociales, de pequeñas historias personales, de grandes y pequeñas realidades. Y todo ello en una Barcelona poliédrica: la ciudad de acomodada de Avinguda del Tibidabo, la ciudad obrera del Poble Sec, la ciudad oscura del Raval, la ciudad maltratada de los suburbios, la ciudad del Fórum y, en definitiva, la ciudad que ya no existe para Méndez.

El tema es el clásico esclarecimiento de un crimen, un asesinato, que en esta ocasión se agrava con una violación. Ledesma, por boca de Méndez, muestra su repulsión por el doble crimen y tiñe de subjetividad muchas de las opiniones del protagonista, con una prosa descarnada, dura, en absoluto resignada pero sí desencantada, y con mucha ironía – cuando no sarcasmo – en sus juicios.

La estructura es lineal, de principio a fin, siguiendo el patrón de inicio, nudo y desenlace. La novela consta de 42 capítulos que empiezan con un soliloquio de un personaje clave en la novela (Patricia Cano), de quien no descubriremos el nombre hasta bien avanzado el libro. El desencadenante es el asesinato de Palmira Canadell, aunque el caso pronto deja de ser el elemento central de la novela, que pasa, desde el capítulo XVII (página 107) en las cinco mujeres y media que dan título a la novela.

Aunque el asesinato de Palmira Canadell es el elemento que destapa la caja de los truenos, tal vez su desarrollo queda algo sesgado, así como sus causas: no sabemos realmente por qué Palmira es violada y asesinada, es un crimen más en la Barcelona de los contrastes. Pero la conexión de Antonio Escolar, uno de los asesinos, con Conrado Pino (páginas 64-70) crea en el lector una cierta expectativa que finalmente no se cumple: Pino no está relacionado con el caso.

El texto es fluido, aunque los hilos de unión de las diversas tramas en ocasiones son muy finos. Hay aspectos de la trama que no se llevan a las últimas consecuencias, como por ejemplo el caso de la nueva esposa de Alberto Criado, ex-marido de la suicida Elena Bustos (253-257). Y hay otros elementos que en sí no aportan nada, como el capítulo XXVII (páginas 197-202), el enamoramiento de Patricia por quien cree que va a asesinarla, Reglan.

Ledesma dosifica bien la tensión narrativa, adelantando a final de capítulo elementos del siguiente (páginas 183, 210, 220, 229, 233, 257), e incluso enlaza con una misma frase (“está buenísimo”) dos capítulos (XL y XLI), al final de la novela, poniendo fin a la trama al mismo tiempo.

La trama es verosímil, con pocos flecos sueltos y poco creíbles: por ejemplo, una mujer de la categoría social como Marta Pino, ¿qué hace en los pasadizos del metro de Can Vidalet, en Cornellà de Llobregat, sola y corriendo el riesgo de ser agredida? (página 81); que todo el mundo, hasta el camarero del bar donde se reúnen, esté al tanto de los tejemanejes urbanísticos de las cinco mujeres (páginas 181-182); o que en el año 2005 no haya elecciones importantes en España, como se desprende del texto (página 349). El comunismo de barra de bar de Méndez y Pedro Anselmo Roca (páginas 306-307, 330-331, 352-353) no desentona con el carácter hasta cierto punto amargado del inspector, aunque al lector del año 2005 le puede parecer fuera de lugar.

Hay numerosos cambios en la voz narrativa: los capítulos I, IV, XI, XIV, XVII, XXII (parcialmente), XXVII, XXIX, XXX (éstos últimos parcialmente) y XXXIII están en primera persona, en el presente, y con algunos vocativos y comentarios en segunda persona. El resto de capítulos alterna el narrador omnisciente en presente y pasado y los monólogos interiores. Estos cambios dotan al texto de una agilidad y de un ritmo que se añaden a la variedad de pequeñas tramas internas y que enriquecen la novela.

Los personajes, abundantes a lo largo del texto, son muy redondos: no sólo Méndez, en sí mismo un arquetipo muy atípico, sino también mujeres como Patricia Cano, Eva Ferrer y Marta Pino, o empresarios como Óscar Madero (de éste último, Ledesma hace un retrato implacable, páginas 210-211).

Respecto al estilo, Ledesma juega con múltiples elementos. Por un lado, diálogos chispeantes, la mayoría con Méndez de interlocutor (prácticamente todas sus intervenciones), creíbles, aunque con deslices: al lector quizá le pueda parece una impostura la conversación de Méndez con Elvira Roca (páginas 48-49) acerca de la mujer fusilada, Luisa Ríos, a raíz del pasado; e incluso que se hable de Esquilo y Prometeo en un bar de barrio (páginas 106), aunque tampoco debería sorprender demasiado. Con todo, abundan los diálogos de contrastada eficacia, como los de Méndez con la oficial de juzgado Olga Castilla (páginas 128-133 y el juez Simancas (páginas 137-145), y las largas conversaciones de Óscar Madero y Eva Ferrer (211-220 y 258-275).

Por otro lado, la ironía y el sarcasmo en algunas frases y locuciones, que ayudan a definir a un personaje como Méndez: por ejemplo, “yo sólo bebo estando de servicio” (página 22), la Loles y su “culo extraparlamentario” (página 238), “nombre y dirección, tía gorda” (atacando donde más duele, página, 257), “ahora no se mata, ahora se da pol saco” (página 356). Hay diversos registros en la novela, desde el coloquial y vulgar: “la próxima vez nos la afollaremos” (página 84), “- eh usté, caballero [...] que qué quié tomá” (página 95); a los extranjerismos: “menaje a tríos” (página 281), “a menear el body” (página 348), “periodista a fultain” (página 356), muy propios, por ejemplo, del personaje de Amores (y su acento caribeño, por ejemplo en las páginas 245-246). Quizá el autor abuse de la “gatunería” de Méndez: “lo seguí a distancia, amparándome en las sombras y con una habilidad gatuna” (página 27), “se le acercó gatunamente” (página 65), “su acostumbrado silencio gatuno” (página 177), “con silencio gatuno” (en este caso Amores, página 354); aunque es cierto que es como el lector quizá se imagine a Méndez: como un gato.

Ledesma muestra un conocimiento de la jerga judicial (páginas 265-276), e incluso de los resquicios del sistema legal (páginas 128-133), que permitirán la libertad de los asesinos de Palmira Canadell; no en balde el autor fue abogado. También se nutre Ledesma de las cuestiones inmobiliarias (páginas 171-176), de los barrios marginales (Roquetes, página 91) o del conocimiento de la Barcelona pre-Forum, que le permite escribir incluso sobre aquellos barrios antiguos de Barcelona muy cambiados en el presente: “la calle Sant Gil es lugar antiguo y pobre, de portales estrechos y ventanas pequeñas, donde antes los vecinos se llamaban Pepe y ahora se llaman Mohamed” (página 90). Elementos todos ellos, entre otros, que permiten vislumbrar la novela social que hay detrás de la novela policíaca que escribe Francisco González Ledesma.

Valoración comercial:

Siendo este autor de pluma consagrada y larga trayectoria, una novela como Cinco mujeres y media tiene un mercado potencialmente seguro. En relación con otras obras y autores, es inevitable observar las referencias e influencias de la novela negra norteamericana (Dashiell Hammett, Raymond Chandler) y europea (Georges Simenon) del período de los años 40 y 50.

Del mismo modo, ya a nivel español, el Méndez de Ledesma evoca al Pepe Carvalho de Vázquez Montalbán: aunque a Méndez le falta esa apasionante vida personal que en Carvalho desborda en cada novela. Lorenzo Silva (el inspector Bevilacqua) y Alicia Giménez-Bartlett (Petra Delicado) también están en la onda de Ledesma. Quizá su Méndez se distinga de estos autores (y sus detectives) por el hecho de que actúa sólo, mientras que en los otros casos hay más relaciones estilo buddy movie (“película de compañeros policiales”). Hay en Ledesma también ecos de las novelas de Andreu Martín en los años 80 y, sobre todo, de Juan Marsé (Si te dicen que caí, especialmente).

El éxito de la novela policíaca y/o social por toda Europa ayuda a que la novela de Ledesma encuentre acogida: lectores de novelas de Henning Mankell (Kurt y Linda Wallander), Batya Gur (Michael Ohayon), Elizabeth George (Thomas Lynley y Barbara Havers), Fred Vargas (Jean-Baptiste Adamsberg), Andrea Camilleri (Salvo Montalbano) y Petros Markaris (Costas Jaritos), sin duda leerán (cuando no devorarán) los libros del autor de Méndez. Obviamente, se recomienda su publicación.

Puntuación literaria: 8
Puntuación comercial: 8

Dificultad de traducción: aunque en ocasiones Ledesma usa ciertos vocablos, giros y localismos, la novela es perfectamente traducible a otros idiomas.

Público potencial: lectores de novela policíaca y novela negra, sobre todo aquellos que sean fieles al inspector Méndez (o a sagas de detectives).

Importancia del autor:

Autor de larga trayectoria, Francisco González Ledesma (1927) ha tocado muchas teclas: durante años se ganó la vida escribiendo novelas del Oeste (hasta 4 mensuales, más de 300 en total) con el sobrenombre de Silver Kane. Su ideología política, muy a la izquierda, le ocasionó que el régimen franquista censurara algunas de sus primeras novelas, pero con Crónica sentimental en rojo (1984) dio a conocer al inspector de policía Ricardo Méndez. Esta novela le supondría el Premio Planeta, al que seguirían, en las últimas dos décadas, los premios Dashiell Hammett y Pepe Carvalho, así como un reconocimiento de su obra en Francia. Las andanzas de Méndez continúan en novelas como Las calles de nuestros padres (1984, El pecado o algo parecido (2002) y Una novela de barrio (2007).

Redactor jefe de La Vanguardia durante varios años, el oficio de periodista se intuye en las novelas protagonizadas por Méndez: un conocimiento exhaustivo de las calles y de la vida nocturna, de los marginados (drogadictos y prostitutas), de los delincuentes de baja estofa y de los crímenes pasionales de barrio (muy habituales en las secciones de sucesos). Todo ello le sirve a Ledesma para contextualizar sus novelas. Unas novelas que no sólo son policíacas: para muestra La ciudad sin tiempo (2007), una novela histórica escrita bajo el sobrenombre de Enrique Moriel.

La frase reveladora:

“[Méndez] estaba infringiendo todas las leyes exteriores, pero a él sólo le importaba su ley interior” (página 257).

Res Pvblica Restitvta, 27 de agosto de 2008

22 d’ag. 2008

Libros devorados: Crónica sentimental en rojo de Francisco González Ledesma

Andrés Ramón Pérez Blanco

Cuando uno de los lectores de este blog me corrigió sobre la autoría de esta novela me "autocastigué" con su lectura. Hace ya algo de tiempo que lo hice, pero dimes y diretes y otros libros han ido pasando. Es un muy buen libro de novela negra, merecedora del Premio Planeta del año 1984. En este libro se nos presenta una truculenta trama sobre la que impera una terrible ambición de los posibles implicados en un asesinato de una joven a la cual cortan el pecho. Ambientada en Barcelona, como creo y si no corrígeme K, casi todas la serie Méndez, que es el apellido del comisario al cual de rebote se encarga de esta investigación y que aparece más libros de este prolífico autor. La novela está bien escrita, presentándonos cada vez más personajes implicados y ese "ovillo de lana" que cada vez se hace más grande. Y al final, pues como en toda novela policíaca el comisario Méndez (todo un personaje a descubrir) consigue descubrir al asesino. Un libro realmente entretenido. Existe una versión cinematográfica de esta novela, protagonizada por López Vázquez y que no se encuentra fácilmente. Aunque me temo, que las adaptaciones cinematográficas de libros no suelen ser muy fieles, en este caso lo desconozco. Esta peli nunca la vi, o no lo recuerdo. Para terminar este post agradecer a K, (así fue como firmaba su comentario) el haberme corregido. Gracias a él o ella descubrí una buena novela negra, a un escritor que domina el género a la perfección y a un comisario muy especial, en todos los sentidos, Méndez.

Kebran, 22 de agosto de 2008

12 d’ag. 2008

Francisco González Ledesma - Soldados

Gianfranco Franchi

Soldados” è la trasfigurazione del destino tragico d’una generazione non sconfitta, ma scavalcata e irrimediabilmente superata: tre maturi personaggi – un avvocato di destra, un ex militante del partito comunista, un imprenditore in crisi economica – nati nell’acerba e fiduciosa Spagna pre-franchista, reduci dalle ombre e dai guasti del regime, invariabilmente fuori posto nella nazione nuova, incrociano i loro destini. Tessitore delle trame è González Ledesma, scrittore classe 1927, abile dialogista, narratore visivo e discretamente cinematografico: indagatore dei contrasti e delle ombre della psiche dei personaggi principali, sembra voler creare un’allegoria della Spagna nuova nel personaggio femminile: una figura comprimaria di lusso. È una suora che ha finito per prostituirsi, per combattere altre miserie; e ha difeso come ha potuto la sua verginità, negandosi a chi voleva possederla sin quando è stato possibile. È la figlia di Pepe Collar, l’imprenditore sessantenne che sta per chiudere baracca, e sprofondare forse nella povertà (come il vecchio regime…): rifiuta la sconfitta, e si batte per evitare il tracollo. Intanto, sente il tempo come una cosa liquida nelle sue mani, che va perdendo goccia a goccia (p. 53); e nemmeno sospetta quel che sta succedendo a sua figlia.
Come va la Spagna filtrata dalla giovane donna? È avvolta da una luce irreale e smorta, nelle prime battute. E la ragazza ha uno sguardo grigio e irreale. Infine, la luce diventa meschina. Questo è l’incipit del romanzo. La purezza è finita in un bordello, cerca di preservarsi a dispetto di tutto.
Forse a Ledesma serviva – come nella tragedia greca – il sacrificio di qualche figura simbolica per riequilibrare il destino dei suoi concittadini: un passaggio di consegne lineare e placido non poteva essere nelle cose. E naturalmente la realtà storica non è stata dissimile, soltanto più cruda e fredda. La povertà e la fame sono così difficili da raccontare: l’atrocità e la sofferenza non hanno parole adatte, solo immagini. Metafore. Il lessico non è mai abbastanza spoglio.
Così, pure volendo momentaneamente accantonare la congettura della ragazza come emblema della condizione e delle sorti della nazione (oppure: della sua compromessa innocenza) rimangono le oscure sorti dei personaggi, “Soldados” di una guerra che non combatte più nessuno: idealista l’uno, Marcos, senza più fede nel partito – il non più clandestino e omicida partito comunista – e morboso il secondo, Esteban l’avvocato, confuso dalla vicenda di violenza e morte in cui suo figlio (la Repubblica?) sta per cacciarsi, forse non del tutto volontariamente: vicenda che accidentalmente intercetta e decide lui stesso.
Esteban, Pepe e Marcos vivono nel passato e nelle memorie: il presente è una deviazione cupa. Questa deviazione cupa Ledesma narra, tra Madrid e Barcelona, senza escludere colpi di scena, fatalità, rivelazioni inattese e un paio di personaggi laterali interessanti (una giovane tossicodipendente, sboccata e lasciva, e l’ombra di uno scrittore: invitiamo gli psicanalisti e i biografi alla lettura del suo rapporto con il vecchio imprenditore). Si rimane in attesa di uno spiraglio di luce, ma l’unica luce sembra essere che la vita – per altri – è appena iniziata.
L’opera, pubblicata in Italia da Meridiano Zero nel 1999, torna in libreria a circa dieci anni di distanza: una buona occasione per apprezzare il respiro della narrazione di uno scrittore dal chiaro mestiere e dalle non adeguatamente esplorate ambizioni paradigmatiche; chi apprezza i noir si godrà un buon libro di genere, chi cerca una lettura atipica della Spagna degli anni Ottanta rimarrà sicuramente sedotto dalla potenza simbolica del romanzo. Piacevole conferma per i primi, piacevole sorpresa per i secondi.

***

A latere. La mia edizione è fregiata da una dedica d’eccezione, quella d’un maestro – uno degli ultimi – dell’editoria italiana. Quel maestro saluto e ringrazio: questa è una copia unica, come unico è stato il suo contributo alla mia formazione di lettore e di letterato. Danke.

EDIZIONE ESAMINATA e BREVI NOTE

Francisco González Ledesma (Barcelona, Spagna 1927), avvocato, giornalista e scrittore spagnolo.

Francisco González Ledesma, “Soldados”, Meridiano Zero, Padova 1999.
Traduzione di Carla Polettini. Collana Meridianonero, 4.

Prima edizione: “Soldados”, 1985.
Approfondimento in rete: Rassegna stampa italiana / Gangsterera / Dossier De Premsa /

Lankelot. Luglio-Agosto 2008.

10 d’ag. 2008

Méndez - Francisco González Ledesma

Título: Méndez
Autor: Francisco González Ledesma
Páginas: 176
Editorial: Almuzara
ISBN: 9788496710016
Año de edición: 2006


Helo aquí, caminado por las soledades y miserias de su ciudad, cazador de sueños perdidos y de heridas ocultas, al acecho de la tragicomedia escondida en las esquinas, con su mirada de vieja serpiente capaz de sondear las tardes muertas de una vida, los resortes íntimos de los delitos, la cara oculta de los poderosos (que siempre la hay) y la historia enterrada en la casa de una madame.
Me cae simpático este Méndez del escritor Francisco González Ledesma (Barcelona,1927), porque es uno de nuestros policías, un perdedor de esos que amamos, querido por el lector que huye de esos héroes mascachicles, musculitos, esqueletos cuadriculados, Ken de plástico, como de la peste. Méndez es ambiguo ante la ley, es todo lo opuesto al mundo maniqueo de la justicia, es, presupongo yo, un pequeño alter ego de González Ledesma, y huele a historia, a palos de censura franquista, a lucha infinita por sobrevivir, a aroma de las paradojas de la vida.
Ricardo Méndez es un viejo inspector, casi una pieza de museo, carrocho de los barrios bajos de Barcelona, hazmerreír de la comisaría, dedicado a la persecución de chorizos primerizos y a la búsqueda de bolsos de la compra desaparecidos, que cree en la verdad de las calles más que en la de los jueces cómodamente sentados en sus butacas mullidas. Perdedor nato, auténtico fracasado, policía de esquina, de esos que tantas horas de gloria han dado a la investigación española, ante esta avalancha de inodoros CSI´s y que cree que no hay método científico que supere la indagación ante la barra de un bar, hecha de cigarrillos, cafés, coñacs baratos y paciencia.
González Ledesma nos da buena cuenta de este, también devorador de libros, peculiar policía al que nunca le encargan delitos grandes, en un recorrido con 22 paradas, cada una de las cuales representa una jugosa aportación como relato corto, donde todos los olores son muy suigéneris: las tabernas huelen a fritanga de tiburón jubilado, las peluquerías a colonia de garrafa y las cloacas a un aroma fino: a pedo de alcalde. Pero también posa una mirada en los barrios altos, donde el aire huele a moqueta recién puesta y a software, a spray de piel de nena y a cafetería de lujo donde te sirven a la plancha un muslo de secretaria, y solo si la Bolsa sube, a ellos se les pone tiesa.
Todos los relatos son destacables, aunque merecedores de mención especial son La casa, de un sustancioso barroquismo; La rutina de la historia, donde el autor repasa la memoria histórica, tema recurrente en varios de los relatos, con trazos más gruesos o más finos en La estatua, y Los gemelos; sorprende con La voz de nuestros amos, alegato muy sensato sobre ese ménage à trois que forman hoy día las parejas con la televisión; destornillante resulta Las medallas, relato en forma epistolar, sarcasmo en estado puro contra los mandamás, o puro cine negro es El arte de mentir, un homenaje a esas mujeres fatales, y seductoras, mujeres que Méndez ya no puede amar, aunque se ilusione con ellas, porque sabe y admite que no tiene ninguna fuerza vertical en la cama. Impotencia, confiesa este viejo lobo, de la que se han hecho tesis doctorales.
Pero sobre todo de lo que este escritor, que una vez usó el seudónimo de Silver Kane, habla en todos estos jugosos cuentos, es de la soledad, la triste y gris soledad de todos sus personajes, (incluido Méndez), la soledad de los ricos, incluso de los animales, y sobremanera la de los pobres, los que inventaron los rincones y calles de las ciudades con su hambre de jornaleros, con su coño las putas, con sus trampas los dueños de las timbas, y con su esperanza los poetas y las niñas de las academias de baile.
Ficción que no es menos mentira que la que todos vivimos en esto que llamamos realidad, eso sí con arte, como pone en boca de Méndez el autor. La política, la religión, el amor, la fidelidad, el mismo concepto de nuestra vida se basan en una mentira inicial de la que hemos hecho una mentira persistente.
Virtuosismo, melancolía y verdades como puños, de parte del un gran maestro del género negro. Y apunto algo importante, estas historias las custodia un volumen práctico de la editorial Almuzara tapa negra, para el manoseo de los que no solo leemos, también subrayamos, doblamos, viajamos, retorcemos y casi casi nos comemos los libros.

Qué leo ahora, 10 de agosto de 2008

2 d’ag. 2008

El corazón de la madre eterna. 3. Todo por amor

Francesc González Ledesma

El Mundo / UVE, 2 de agosto de 2008

1 d’ag. 2008

El corazón de la madre eterna. 2. Una amarga venganza

Francesc González Ledesma

El Mundo / UVE, 1 de agosto de 2008

UVE. Dos relatos de González Ledesma

Santiago Sequeiros






Han sido seis ilustraciones, tres por cada relato. Me gusta la carectización del inspector Mendez, me ha quedado una cosa rara entre Bruce Willis y la calle Carretas. Están en orden inverso soy así de torpe. Y lo suficientemente perezoso para no corregirlo.

¡Viva mi dueño!, 1 de agosto de 2008