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2 de març 2015

La pasión de Francisco González Ledesma


Francisco González Ledesma, fallecido la madrugada del lunes en Barcelona, trabajaba intensamente en su última novela, Peores maneras de morir, en el otoño de 2010. Estaba casi lista. Decidió dejarla reposar y acabarla después de las fiestas navideñas. Pero el 1 de enero de 2011 sufrió un ictus. Pasó cuatro meses en el hospital, e incluso escribió un artículo para este diario sobre su experiencia, pero nadie volvió a acordarse de la novela.
Fue él mismo quien se planteó finalizarla, y no tanto por acabar una historia empezada sino, por encima de todo, para cumplir con la editorial. Había recibido un anticipo de Planeta y no quiso fallar. Él era así.
Con la ayuda de su hija Vicky le puso el punto final y se publicó en 2013. Peores maneras de morir es la más sentimental y furiosa de sus novelas protagonizadas por el inspector Méndez. Es un Ledesma puro, con historias que se entrecruzan, con Barcelona como gran protagonista, y con el viejo Méndez pateando las calles, siempre vestido de oscuro, siempre con libros en los bolsillos.
Francisco González Ledesma, Paco para todos, fallecido esta madrugada en Barcelona, nació en 1927 en el barrio barcelonés del Poble Sec, en una familia republicana y de firmes convicciones que no lo tuvo fácil en la posguerra. Fue un gran trabajador toda su vida.
A los 21 años ganó el Premio Internacional de Novela, creado por el editor José Janés, con Sombras viejas. La censura la prohibió por “roja y pornógrafa”, como solía contar el escritor. Pero se llevó el consuelo de haber cenado con Somerset Maugham, que fue miembro del jurado. Ledesma no pudo publicar en España hasta 1977.
Con su nombre, porque con su seudónimo más popular, Silver Kane, publicó más de 400 novelas del Oeste y policiacas. A veces escribía más de una al día, generalmente de noche y solía publicar de tres a cinco al mes. Entre 1947 y 1966 trabajó en la editorial Bruguera, donde además de los silverkane, también fue guionista de tebeos como El inspector Dan, Doctor Niebla o Teniente Negro.
Se graduó en Derecho a los 23 años y trabajó como abogado mientras estudiaba periodismo. Dejó la abogacía porque le daba asco. “A veces me tocaba defender a gente que merecía estar en la cárcel”. En cambio, aumentó su interés por el periodismo desde que un tío suyo le llevó a ver la rotativa de La Vanguardia. Trabajó primero enEl correo catalán y luego en La Vanguardia, durante 25 años. En 1966 fue uno de los fundadores del Grupo Democrático de Periodistas.
Se quitó una espina del pecho cuando pudo publicar en 1977 Los Napoleones, que había escrito en 1964. Ya marcó su impronta: Barcelona, siempre tan presente en todas sus novelas, desde 1934 hasta los años sesenta.
Su popular inspector Méndez apareció como personaje secundario en Expediente Barcelona (1983), y se graduó en Crónica sentimental en rojo, que ganó el Premio Planeta en 1984.
Nos lega 10 novelas y un libro de relatos del inspector Ricardo Méndez. De Las calles de nuestros padres a La dama de Cachemira,El pecado o algo parecido, Cinco mujeres y media o No hay que morir dos veces, todas se caracterizan por una excelente fusión de temas sociales con todos los requisitos del género negro. Mezcla historias y personajes que se entrecruzan hasta formar una trama completa. La nostalgia de la Barcelona que fue, de su barrio, de sus calles, la crítica siempre presente a la burguesía, en muchos casos a la burguesía franquista, al poder y a la justicia o mejor dicho al funcionamiento de la justicia son otras de sus constantes.
Méndez es un viejo policía nacional que viene del franquismo, creado a partir de cuatro policías que conoció y trató Ledesma. El inspector vive en un pequeño apartamento frente a las Drassanes con vistas a un patio interior y atiborrado de libros. “Soy un policía con pasado pero sin futuro”, afirma. Está adscrito a la comisaría de Nou de la Rambla, donde ahora hay nuevas instalaciones de los Mossos d’Esquadra. Es compasivo con ciertos delitos y delincuentes, e implacable con pederastas y violadores. No obedece a sus jefes y cree en la justicia de la calle. Le gustan las mujeres, pero a distancia y a menudo es un poco machista. En las últimas dos novelas tiene móvil pero apenas sabe utilizarlo.
González Ledesma, el maestro, escribió más libros, además de los de Méndez. Bajo el seudónimo de Enrique Moriel publicó La ciudad sin tiempo y El candidato de Dios. Mención aparte merece Historia de mis calles (2006), el mejor libro para conocer a Ledesma. Es la memoria del propio escritor y la de su ciudad. Esa ciudad por la que siente tanta pasión que a veces la odia. Por ejemplo, no soportaba que el Barrio Chino se hubiera convertido en el Raval. En estos aspectos Ledesma se parecía a Manuel Vázquez Montalbán y Méndez a Carvalho.
El escritor ganó un montón de premios tras el Planeta. El I Premio Pepe Carvalho, que se concede en BCNegra, el Internacional RBA de novela Negra, el Dashiell Hammett, el Ciutat de Barcelona e incluso, en dos ocasiones el francés Mystère por dos novelas traducidas al francés.
Paco González Ledesma escribía a máquina y sus hijos se encargaban de proporcionarle las cintas, el correo electrónico no existía para él y tampoco el fax. Durante el tiempo en que colaboró con la edición catalana de El PAÍS acudía puntualmente a la redacción a entregar su artículo, saludar a los colegas periodistas y tomarse un café.
En los últimos años, antes del ictus, tuvo una enorme actividad. Se divertía. Porque un divertimento fue escribir un nuevo Silver Kane,La dama y el recuerdo, sólo que en esta ocasión Kane se convierte en uno de los personajes del libro. Sí, se divertía y estaba en todas partes. Los sábados tomando el aperitivo en La Negra y Criminal, en presentaciones de libros, en jornadas y mesas redondas. Lo mismo lo encontrabas en Gijón que en el Escorial. Siempre acompañado de Rosa María, su mujer.
Esa intensidad es patente en su último libro, Peores maneras de morir. Es como si hubiera querido meterlo todo en esa novela: recuerdos de la República, de la Guerra Civil, el fin de la URSS, la bomba atómica de Hiroshima, la crisis… y Barcelona
Era un hombre bueno, honesto y generoso, encantador.
“Todos vivimos mientras alguien nos recuerda”, escribió en No hay que morir dos veces. Tenía razón.
Rosa Mora. El País, 2 de marzo de 2015



14 de gen. 2013

Últimas pesquisas de Méndez


Francisco González Ledesma publica ‘Peores maneras de morir’, su novela policíaca más sentimental, concluida mientras se recuperaba de un ictus


Rosa Mora

“No sé cuánto tiempo me queda para escribir. Probablemente, mi próxima novela será el último Méndez y será más sentimental que nunca”, explicó Francisco González Ledesma durante la celebración, en octubre de 2009, del 25º aniversario de Crónica sentimental en rojo(1984), novela en la que el inspector Ricardo Méndez entró en el olimpo de los detectives de ficción.
González Ledesma (Barcelona, 1927) no se equivocó. Peores maneras de morir (Planeta) es la más sentimental de sus 10 novelas policíacas, con un Méndez viejo que sigue pateando las calles y una Barcelona que ya no reconoce. Es un puro Ledesma, de alta intensidad, con diversas historias y personajes que se entrecruzan hasta ligarse en una misma trama. El tema, que el autor había abordado ya en otras ocasiones, es la prostitución, no la de los pequeños locales que tan bien conoce el inspector, sino una trama internacional de trata de blancas con epicentro en Barcelona, algo tan gordo que casi desborda a Méndez. Lo bueno es que las víctimas se convierten en verdugos.
Está ambientada en el otoño de 2010 cuando el Papa viajó a Barcelona para consagrar el templo de la Sagrada Familia, aunque de eso no se enteran en los barrios del inspector literario, donde sí notan de manera aguda la crisis económica. Peores maneras de morir tiene dos historias, la que cuenta y la suya propia. González Ledesma publicó en 2009 No hay que morir dos veces. Al año siguiente, sacó La dama y el recuerdo, de Silver Kane, mientras estaba escribiendo Peores maneras de morir. “Estaba cada vez más ansioso por escribir y lo hacía cada vez con más intensidad. Tenía más cosas para escribir que tiempo para hacerlo”, cuenta su hija, la periodista Vicky González.
Concluyó la novela en la Navidad de 2010 y decidió dejarla reposar hasta pasadas las fiestas para pulirla luego. A primeros de enero de 2011 sufrió un ictus, que le obligó a pasar cuatro meses en el hospital. Nadie volvió a pensar en la novela, hasta que él se acordó. “Había recibido un anticipo de Planeta y quería cumplir con la editorial. Siempre ha sido muy responsable”. Y honesto. “Cuando inició el proceso de recuperación, la rescatamos. Hice un resumen para ubicarme. Le costaba concentrarse y hacíamos sesiones cortas. De repente, me decía ‘esto no cuadra’ y lo resolvía. Lo que él habría acabado en dos semanas antes del ictus nos ha costado meses y meses”. González Ledesma sigue hoy en proceso de recuperación. Sabe que sale su novela, pero no se divertirá tanto como en ocasiones anteriores.
El libro arranca con una joven extranjera mientras huye aterrorizada por las calles del Raval. La persigue un matón. Cree darle esquinazo y se refugia en un edificio semitapiado a punto de ser derribado. Otra muchacha, que espera a su padre, le abre la puerta. El asesino las mata a las dos. El inspector Méndez, relegado al turno de guardia, acude al lugar. Pero su jefe le releva del caso, sabe que el inspector no perdona la muerte violenta de niños ni de muchachas, que no tolera la pederastia ni la violación y que cree más en la justicia de la calle que en la de los tribunales.
Méndez se salta a la torera las órdenes del comisario. Investiga, recorre las calles como un viejo lobo solitario. Las casi niñas ucranianas prostituidas, que llegaron a Barcelona pensando en triunfar como bailarinas, son cruelmente castigadas. Hay mucha violencia en esta novela, más de 10 muertos, mucha acción, angustiosas persecuciones y una bonita historia de amor.
Dos mujeres comparten protagonismo con Méndez. Eva Ostrova, una ucraniana de 15 años de trágica vida, que logra escapar de la mafia y solo piensa en vengarse, se convierte en una máquina de matar. Y Mónica Arrabal, una dama muy religiosa y caritativa que ayuda a prostitutas, pero que adopta las ideas de Méndez. El inspector y Mónica descubren paralelamente la terrible aventura de Ostrova y deciden protegerla. Han de pagar los capos de la organización, no las víctimas.
Hay un punto en común entre Ledesma y Méndez, ambos son algo anarquistas y ambos han trabajado toda su vida. Ledesma ya sabía a los 14 años que quería ser escritor. Apenas cumplidos los 20 escribióSombras viejas, que ganó, en 1948, el Premio Internacional de Novela José Janés. La censura impidió su publicación. A los 23, se graduó en Derecho. Entró como asesor jurídico en Bruguera, donde empezó a escribir guiones de El inspector Dan y de El doctor Niebla. Y luego novelas del Oeste con el seudónimo de Silver Kane, de tres a cinco a la semana. Publicó 400. Trabajó en la editorial hasta 1966, cuando entró como periodista eventual en El Correo Catalán, y de ahí a La Vanguardia.
Méndez nació en la página 134 de Expediente Barcelona (1983) como personaje secundario. Al año siguiente Ledesma ganó el Planeta conCrónica sentimental en rojo, a las que hay que añadir ocho novelas más y un libro de relatos.
El escritor solía decir que el protagonista de estos libros no era Méndez, sino las calles de su Barcelona, con la frontera norte en la plaza de Catalunya y al sur, el Poble Sec, el Paral.lel, el mar, el barrio chino, La Rambla.
En Peores maneras de morir trabaja un Méndez más melancólico que nunca, desesperadamente nostálgico de esa Barcelona que conoció. En la novela, cuenta su historia. De cuando era policía franquista y perseguía rojos, a los que luego servía de enlace en la cárcel. Nunca será ascendido. Es compasivo con los débiles e implacable con los malos de verdad.
Vive en un pisito frente a les Dressanes, atiborrado de libros, y comparte recuerdos amargos con el Poeta, que tiene como hogar el taburete de un bar.
Un funcionario del depósito de cadáveres dice a Méndez: “Dentro de un mes habrá pasado una de estas tres cosas: le habrán jubilado o le habrán echado de la brigada o le habrán envenenado en su bar de confianza”. Si leen la novela, verán qué sucede en realidad y compartirán su Barcelona. Como dice Méndez: “El corazón tiene recuerdos que el cerebro olvida”.
El País, 14 de enero de 2013

8 de maig 2010

Vuelve Silver Kane

Rosa Mora

El seudónimo ideado por Francisco González Ledesma en los años cincuenta se convierte en personaje en La dama y el recuerdo, novela del Oeste con todos los ingredientes del género: bandidos, cazarrecompensas, pistoleros, vaqueros, caravanas de ganado ... El protagonista es un hombre sabio y honesto que dirige el Jackson Independent Journal

Francisco González Ledesma, Paco para familiares y amigos, estaba escribiendo su nueva novela del policía Méndez cuando tuvo un ataque de melancolía. "Me estoy haciendo viejo". Ahí surgió la idea. "¿Y si vuelvo a escribir una novela del Oeste? ¿Y si recupero a Silver Kane?". Su editor estuvo de acuerdo, pero él puso una condición: no cobrar adelanto. "Si no me gustaba la rompía y no tenía que devolver el dinero. Me lo planteé como un reto. Quería comprobar si era capaz de escribir con la rabia y la frescura de los veintitantos años". La acabó con el entusiasmo y la pasión que suele poner en todo lo que hace, le gustó y aquí está La dama y el recuerdo.
Hay varias diferencias entre esta novela y las cientos que escribió entre los años cincuenta y ochenta. No está firmada por Silver Kane, sino por Francisco González Ledesma (Barcelona, 1927). Kane se ha convertido en un personaje. Es el director del Jackson Independent Journal, el diario de Jackson (Kansas), un hombre sabio y honesto. "Es un guiño. Es un hombre bien informado y bueno. Me hubiera gustado ser el director de un pequeño diario del Oeste". También hay otros guiños, como cuando un personaje le pregunta a otro si cree posible que un día haya un presidente negro en Washington y el otro le contesta: "¿Y una primera dama negra? Ni hablar".
En La dama y el recuerdo hay más sexo que en aquellos títulos que tanto éxito tuvieron en quiosco, como Un federal de Nevada, Una fosa pagada a plazos, El hombre que vendía muertos o ¡Ha vuelto Killer! "Había que ser muy moderado por la censura". Aquellas novelas solían tener unas setenta páginas y ésta, más de trescientas.
Reúne todos los requisitos del género: atracadores de bancos, cazadores de recompensas, pistoleros, vaqueros, el saloon con el piano y las prostitutas, los sheriffs, los indios, los caballos salvajes, las caravanas de ganado, las grandes distancias. Como en casi todas las novelas de Ledesma hay un montón de historias que se cruzan. "Porque así sucede en la vida". La del pistolero Taylor, que se enamora de una india mestiza; la del cazarrecompensas Lancaster, que le persigue para matarlo, pero que en el fondo también es una buena persona; la del cacique Ford, administrador de materiales del ferrocarril y representante del Gobierno para las tribus, un hombre repugnante y corrupto; la de su amante Lena, una mujer mala hasta el dolor; la del heroico y valiente jefe indio Valiant y la de su hijo, un chiquillo de 10 años que vengará su asesinato; y la de Ketty River, la dama del recuerdo que da título a esta historia, la mujer más distinguida de Jackson, que ejerce de juez en Kansas City, y que es implacable con Ford. Mucha acción y muchos muertos.
El seudónimo Silver Kane nació a finales de 1952. González Ledesma estaba pasando una mala época. Estudiaba Derecho, gracias a la ayuda de sus tíos Victoria y Claustre, porque él era pobre de solemnidad. Otro de sus tíos, Rafael González, un periodista represaliado tras la Guerra Civil que había encontrado refugio en Bruguera, logró que entrara en la editorial en 1947. Ya antes había escrito historias de aventuras para él y con él. Alquilaban máquinas de escribir por horas y escribían a cuatro manos. Luego fue guionista de historietas como El inspector Dan o Doctor Niebla. Pero Ledesma, que quiso ser escritor desde los 14 años, tenía ya la novela de su vida, Sombras viejas, que presentó al Premio Nadal de 1946 sin éxito. Dos años más tarde, el editor José Janés convocó el Premio Internacional de Novela, la retocó y la presentó. Ganó. La censura prohibió su publicación.
Estaba tan desesperado que se fue a Madrid para hablar con el censor. "Me dijo que era roja y pornográfica. Lo de roja pude entenderlo, porque los personajes eran los vencidos y los ideales republicanos que aprendí a querer en el Poble Sec (el barrio donde nació y creció) se dejaban ver. Pero lo de pornográfica, no. Se refería a una escena de lo más tonta: una joven se pasó la guerra esperando que regresara su novio. Soñaba que llamaban a la puerta; ella abría, retrocedía unos pasos y caía en un diván. Bueno, pues un día, llaman al timbre de verdad, abre, es un amigo de su novio, se sienta en el diván y él le pone la mano en la rodilla. Protesté, pero el censor me dijo que se notaba que el chico tenía intención de subir la mano por la pierna".
Se desanimó, pensó que nunca publicaría nada y entonces Francisco Bruguera y su tío Rafael le propusieron que escribiera novelas del Oeste. "Bruguera me dijo que me buscara un seudónimo porque con un apellido como González nadie se iba a creer una novela del Oeste".
Por la primera le pagaron 1.500 pesetas en dos plazos. Al final ya cobraba 12.000. Escribía de tres a cinco al mes y las tiradas oscilaban entre 14.000 y 24.000 ejemplares semanales. "Bruguera tenía olfato para el éxito y te apretaba. Incluso cuando dejé la editorial, en 1966, seguí con contratos para hacer Silver Kanes. Con este nombre firmé también novelas de misterio".
Recuerda con cariño a la tropa de escritores de Bruguera. Marcial Lafuente Estefanía, el dibujante Peñarroya, Sergio Duval, Josep Maria Lladó, Víctor Mora, que le proporcionaba libros sobre el Oeste en inglés. "Allí había escritores, periodistas, catedráticos, casi todos represaliados. Gente de cultura, que escribía muy bien. Se pensaba que éramos unos desgraciados, que nos ganábamos la vida en el quiosco. Autores mal pagados que escribían novelas baratas para gente sin poder adquisitivo".
Dice en sus memorias, Historia de mis calles: "Me daba vergüenza escribir relatos sin la menor pretensión o quizá sí: la de distraer a la gente, que no es pretensión pequeña". Con el tiempo se ha reconciliado con esos tiempos. "Me he ido dando cuenta de que mis novelas del Oeste sirvieron de inicio a la lectura para gente que no leía nada. También decía veladamente que aquí no había libertad". Tiene auténticos admiradores, como Alejandro Jodorowsky. "Dijo incluso que Silver Kane era mejor que Cervantes, lo que es una animalada. A veces utiliza frases mías en sus libros".
"Lo más importante es que con esas novelas aprendí mucho técnicamente. Tenían que ser interesantes desde la primera línea y dosificar la intensidad para que se leyeran de un tirón. Era un desafío diario y tenías que tener una imaginación brutal para no repetirte y crear argumentos convincentes y atractivos. Bruguera era muy exigente y rechazaba cualquier historia que no se ajustara a esas condiciones. Silver Kane fue mi maestro".

La dama y el recuerdo. Francisco González Ledesma. Planeta. Barcelona, 2010. 318 páginas. 19,50 euros. http://www.gonzalez-ledesma.com/.

El País / Babelia, 8 de mayo de 2010

11 d’abr. 2010

Un 'Far West' para el siglo XXI

González Ledesma celebra su nueva entrega de Silver Kane

Rosa Mora

"Amigo lector: esta es la obra de un viejo insensato que se ha atrevido a ser joven". Francisco González Ledesma llegó ayer con 12 minutos de retraso a la librería Negra y Criminal, donde celebró con sus lectores la publicación de La dama y el recuerdo (Planeta), una novela del Oeste en la estela de las muchas que publicó a partir de 1952 y durante más de tres décadas con el seudónimo de Silver Kane.
En el cercano mercado de la Barceloneta un grupo de jóvenes atronaba el barrio a ritmo de tambor y bailes. En la pequeña librería se aglomeraban los lectores, impacientes. Ledesma, Paco para todos, con juvenil camisa rosa, bromeó ensordecido por los tambores: "Este recibimiento es para mí, ¿verdad?". Sus lectores no le dieron tregua. Le asaltaron para que firmara ejemplares, sobre una enorme Honda, antes de entrar en la librería. Era algo más de la una de la tarde, pasadas las dos seguía firmando, pero ya instalado en una pequeña mesa, junto a los tradicionales mejillones de los sábados.
"Me he atrevido a volver a mis años jóvenes de la aventura y la pasión, el sufrimiento y la virginidad literaria. He tratado de saber si, al cabo de tantos años, era capaz de escribir como un joven, regresar a la pureza de la aventura y resucitar un mundo que fue". El librero Paco Camarasa jaleó este retorno de la novela popular.
En La dama y el recuerdo hay pistoleros y cazarrecompensas muy legales, un cacique muy corrupto, un heroico jefe indio valiente hasta la muerte, prostitutas de saloon con un pasado de amargura, una juez justiciera... Todos los atractivos del fabuloso Lejano Oeste. Historias de lealtad y amor, de pasión y muerte.
Ledesma, el maestro, ha hecho algo muy bonito. Ha convertido al legendario autor Silver Kane en personaje. En esta novela, es el director de un pequeño diario de una remota población inventada de Kansas en los tiempos en que se construía el ferrocarril.
Para escribir esta novela, Ledesma dejó a medias una nueva historia del inspector Méndez. Se da 12 meses para terminarla. Está ambientada en el Raval, en el tiempo en que se hizo la nueva rambla. Mataron a una niña en una de las casas que derribaron.
Si al público le gusta La dama y el recuerdo, a Ledesma no le importaría escribir otra novela del Oeste.

El País, 11 de abril de 2010

30 de maig 2009

Maestros de la España negra

Rosa Mora

Francisco González Ledesma y Alicia Giménez Bartlett conversan sobre su obra y dan claves de los derroteros de la actual novela policiaca y sus nuevos autores.

Francisco, Paco, González Ledesma (Barcelona, 1927) y Alicia Giménez Bartlett (Almansa, Albacete, 1951) se conocen desde hace mucho tiempo y ambos leen con fruición los libros del otro. No hay que morir dos veces, de González Ledesma, es el número diez de su serie dedicada al inspector Ricardo Méndez. El silencio de los claustros, de Giménez Bartlett, es la octava protagonizada por la inspectora Petra Delicado. Las dos son novelas potentes. En No hay que morir dos veces, cuatro historias tremendas -una novia mata a su novio el día de la boda, una niña Down es explotada sexualmente, un hombre que acaba de salir de la cárcel es contratado como sicario y un empresario acosador de empleadas- convergen en un atentado en el puerto de Barcelona. En El silencio de los claustros, la inspectora se enfrenta a un caso complejo: un fraile de Poblet es asesinado en un convento de monjas de Barcelona y, por si fuera poco, desaparece una momia medieval, cuyas extremidades aparecen en lugares donde había iglesias o conventos quemados durante la Semana Trágica de 2009.
Ambos escritores han elegido el género negro para contar su tiempo y su ciudad. Los dos están convencidos de que triunfan más en el extranjero que en España. González Ledesma ha ganado, entre otros muchos premios, el Mystère y frecuenta la Série Noire de Gallimard. Bartlett ha obtenido el Raymond Chandler. Sus libros se venden como rosquillas en Italia y tanto es así que su nueva novela se ha publicado simultáneamente en castellano, catalán e italiano. Los dos son amigos y colegas, discrepan a menudo y disfrutan de ello.

ALICIA GIMÉNEZ BARTLETT. Paco, ¿Qué opinas de Petra Delicado?
FRANCISCO GONZÁLEZ LEDESMA. Es una mujer y eso ya me merece un interés subterráneo. Es interesante, complicada...
A. G. B. Eso de interés subterráneo a mí me da un poco que pensar.
F. G. L. Es una mujer que ha tenido tres matrimonios, lo que me hace suponer que tiene un pasado sentimental tortuoso y rico. La imagino bastante sexy. No deja de ser una funcionaria y a mí los funcionarios me joroban un poco. No tengo sueños secretos con Petra, pero es una mujer a la que sí me gustaría conocer.
A. G. B. Me encanta lo que dices. ¡Eres el maestro!
F. G. L. De acuerdo, pero a ti ¿qué te parece Méndez?
A. G. B. Le veo como una ilustración buenísima de lo que es un tiempo y una ciudad. Yo llevo 30 años en Barcelona y he aprendido muchísimo de esta ciudad gracias a Méndez. La conoce palmo a palmo.
F. G. L. La ciudad que era.
A. G. B. La que era y la que es. Por comparación y por contraste. Méndez es un superviviente, un hombre generacional, y eso ilustra la actualidad de una manera asombrosa.
PREGUNTA. Señora Giménez Bartlett, ¿cómo valora la obra de González Ledesma?, y señor González Ledesma, ¿qué opina de las novelas de Petra Delicado?
A. G. B. Aprecio toda su obra y lo que más me llama la atención es el sentido testimonio de una Barcelona y un tiempo. Me gusta esa nostalgia, que lo emparenta con los clásicos del pasado, su romanticismo.
F. G. L. Conozco la obra de Alicia desde el principio y valoro tres cosas fundamentales. Petra es una fuente de pensamientos sobre la ciudad, la moral, sobre cualquier cosa. Logra explicarnos la vida diaria como si estuviera pasando ante nuestros ojos. Y lo hace con una aparente tranquilidad, que es muy trabajada. La admiro porque pocos novelistas lo saben hacer. Yo no he tenido nunca esta habilidad, mis novelas son siempre un poco apresuradas.
P. ¿Cómo surgieron los personajes?
F. G. L. Méndez aparece como personaje secundario en la novela Expediente Barcelona. Ya es un policía viejo que vigila las calles más marginales del antiguo Barrio Chino, ahora el Raval. La calle de las Tàpies era un prostíbulo al aire libre. Uno de sus trabajos era vigilar los cines de mala muerte, en los que las pajilleras eran una institución muy acreditada.
A. G. B. Petra surgió después de un libro muy docto que escribí, Una habitación ajena, sobre la cocinera de Virginia Woolf, al que nadie hizo ni puñetero caso. Me dieron una beca en Estados Unidos y estuve seis meses viendo los archivos de los diarios que no se habían publicado de Woolf. Acabé un poco cansada y quise hacer algo más narrativo, más divertido, más frívolo. Había leído novelas negras modernas y pensé que no había que ser un experto para escribirlas, porque tocan temas muy sociales, entran en la psicología de los personajes. Así nació. Quería un personaje que fuera mujer y que tuviera protagonismo. Porque la mujer en la novela negra o es la víctima, que aparece muerta en la primera página, o es la ayudante de alguien.
P. ¿Por qué eligieron el género negro?
F. G. L. Cuando quise ser escritor no se me ocurrió ser negro. Quería hablar de mi ciudad, de la guerra, de la posguerra, de la represión franquista. Así nacieron Sombra vieja, en 1948, y Los Napoleones, en 1964. Las dos fueron prohibidas. En la Transición, comprendí que la novela negra me ofrecía unos instrumentos para investigar lo que estaba sucediendo.
A. G. B. Me interesó porque la literatura sin etiquetas está perdiendo el lado testimonial. Todos los escritores estamos en nuestros propios mundos. Hacer testimonio en una novela de literatura se considera costumbrismo garbancero, pero en novela negra está permitido. De repente puedes sacar a una señora que hace unas albóndigas en un bar de barrio. Canónicamente está permitido. Eso es lo que me gustó.
F. G. L. Yo añadiría que permite adentrarte más en la realidad que otro tipo literatura. Por ejemplo, la descripción de un bar y de una señora que está haciendo albóndigas en una novela convencional sería una vulgaridad, en una novela negra a lo mejor es una pista y es un ambiente. La gente dentro de 50 años sabrá que de verdad este bar ha existido y que la gente vivía en él de esa manera.
A. G. B. Conmigo, Paco, lo tienen fatal, porque me los invento. No conozco Barcelona tan bien como tú y me he inventado bares a punta pala.
F. G. L. Todos tenemos una parte de invención, pero evidentemente está inspirada en la realidad. Méndez tiene una Barcelona propia, la del Raval. Su vieja comisaría estaba en la calle Nueva, la del puterío, la del empleadillo que el sábado por la tarde iba a meter un polvo, todos se conocían. Además, las prostitutas no estaban explotadas, tenían incluso vacaciones.
A. G. B. Es difícil de creer.
F. G. L. Yo soy partidario de que se regule porque es un trabajo como cualquier otro y necesita una protección.
A. G. B. Yo eso no lo tengo tan claro.
F. G. L. Lo que me aterroriza es que las prostitutas estén en manos de mafias. La calle Nueva era el mundo del hampa y del juego clandestino tolerado, porque los jugadores sobornaban a los polis. Todos se conocían.
A. G. B. Desconozco el mundo del delito. La sociología que puede haber en los libros de Petra Delicado es sobre la gente de la calle, sobre lo que está sucediendo no sólo en Barcelona sino también en España. A mí que, como Paco, quizá tenemos más éxito fuera de España que dentro, lo primero que me pregunta la gente cuando voy a encuentros con lectores es si es verdad que la mujer en España ha alcanzado más libertad.
P. Petra estalla ante el secretismo y cerrazón de la Iglesia. "Este tipo de cosas sólo ocurre en España, un país de pandereta, de toros embolados, de reliquias exhibidas ante los turistas, del brazo incorrupto de Santa Teresa". ¿Cree de verdad que sigue siendo así?
A. G. B. Hay una parte que es así y no hay manera de salir de eso. Parece terrorífico. Me da muchísima pena. He estado en la Feria de Córdoba y me ha chocado estar tomando un aperitivo y ver allí colgada una cabeza de toro. Me revuelve las tripas.
F. G. L. Hay una parte de España de la que me siento avergonzado, no sólo la de los festivales levantinos, sino de los toros alanceados de Castilla. Ésta no es mi patria. Jamás he ido a los toros. Méndez tiene un sentimiento de piedad hacia los animales.
P. ¿Cuál es la Barcelona de sus novelas?
F. G. L. Barcelona ha perdido su dimensión, pero mi Barcelona literaria, la de los pequeños sueños que yo había conocido, es muy limitada: el Raval, La Rambla, el Paralelo, el Ensanche hasta la Pedrera, porque más arriba no subía, en cierto modo era una Barcelona entrañable. Ahora mismo el Raval está desconocido. Méndez sale un día de la comisaría y se pierde. Esto significa hasta qué punto ese viejo mundo ha cambiado. Las viejas casas de putas también desaparecerán porque son viviendas sórdidas. El saneamiento arquitectónico del Raval no ha ido acompañado de un saneamiento moral. Es decir, se cometen más delitos ahora que antes. Hay más mobbing inmobiliario, es decir, más sufrimiento. Hay menos vida ciudadana, en el sentido de que casi todos los habitantes son inmigrantes. El paisaje humano ha cambiado. El inmigrante tiene perfecto derecho a estar en el Raval, pero es innegable que ya no es lo mismo. Antes, en mi calle, Tapioles, había muchísimas mujeres que se ganaban la vida prostituyéndose, fuera porque tenían el marido en la cárcel o porque no ganaban bastante y eran mujeres que tenían su vida, su matrimonio, sus hijos. Iban a hacer unas chapas y cobraban.
A. G. B. Pero eso es una putada. Me quedo con lo actual cien mil veces más. La identidad basada en lo cutre no lleva a ninguna parte.
F. G. L. Pero tú no crees que es mejor esto a que a una mujer que esté en una esquina le exijan un rendimiento y luego le den una paliza.
A. G. B. Yo creo que lo mejor es que no haya mujeres prostituidas.
F. G. L. De acuerdo, pero si las hay, y creo que es inevitable, al menos que estén consideradas como trabajadoras.
A. G. B. No. Supongo que hay una preocupación necesaria por el esponjamiento de los barrios extremos. Las ciudades son el cambio y hay que estar pendientes de lo que sucede en una ciudad.
F. G. L. Sí, con eso estoy de acuerdo.
A. G. B. Cuanto más cambie la ciudad, mejor. Para mí, Barcelona es una ciudad muy clasista, donde es difícil entrar, casi está organizada geográficamente por clases, desde el mar a la montaña, lo cual tiene cojones. Es muy esnob, profundamente esnob, esnobismo que comparto. Luego es una ciudad donde se puede vivir sin que nadie te juzgue y eso es maravilloso.
P. El silencio de los claustros y No hay que morir dos veces son novelas muy diferentes, pero tienen una cosa en común: una galería muy rica de personajes secundarios. Desde la madre superiora, el bombón de la novela de Alicia.
A. G. B. Es verdad. A la gente le ha gustado mucho este personaje.
P. Sobre todo por cómo acaba. Pero no lo vamos a contar.
A. G. B. No lo vamos a contar, sobre todo porque había cierta oposición incluso del editor.
P. ¿Sí?
A. G. B. Al final todos somos un poco biempensantes, aunque parezca lo contrario.
P. El caso de González Ledesma es tremendo. La novia que mata al novio el día de la boda, la niña Down explotada sexualmente, el tipo que ha cumplido condena por haber degollado al violador de su esposa...
F. G. L. Todo esto es más real de lo que parece, excepto el crimen de los novios. La dama que tiene a la niña Down es real. En las fiestas de puesta de largo en el Liceo de las niñas de la buena sociedad durante el franquismo siempre había una señora que organizaba todo. Había dos clases: las niñas que se ponían de largo para casarse y las niñas que se ponían de largo para entrar en el escaparate, y éstas buscaban a un protector. La prostitución de altura empezaba en el Liceo. Pues una mujer como ésa es la que explota a la niña.
P. Muchos lectores de Méndez se preguntan si el policía es impotente.
F. G. L. Méndez tiene fascinación por las mujeres que cometen pecados al salir de misa, pero por razones de edad es impotente. Una vez, en una novela, Las calles de nuestros padres, metió un polvo en el lavabo de un avión, pero se dio cuenta de que algo iba mal, porque dijo: "La próxima necesitaré no un vuelo Barcelona-Madrid sino un Barcelona-Nueva Delhi".
P. Casi hasta el final de El silencio de los claustros, los lectores se preguntan qué hay entre la hermana Domitila y la novicia Pilar.
A. G. B. Si lo cuento desvelo la novela. El único que se atreve a decirlo es un niño. A menudo creemos que conocemos los secretos y que los niños no se enteran de nada y estamos en una época en que los niños saben bastante. Creo que la manera de envejecer es no darse cuenta de lo que pasa, no mirar alrededor. Los niños son los indicadores.
P. Señor González Ledesma, cree usted posible un atentado terrorista en el puerto de Barcelona.
F. G. L. Tenemos un precedente, que fue el atentado de Madrid. Continuamente hay redadas islamistas en Barcelona. En la novela, tengo la delicadeza de no atribuirlo a terroristas islámicos en exclusiva, porque el que lo hace no es un islámico y tampoco creo que todos los árabes sean terroristas. Pero el peligro existe, claro que sí. Como escribí en un artículo, hemos vuelto al siglo XII, el siglo de las cruzadas. Hay dos religiones enemigas que están en guerra.
A. G. B. No. En esto sigo siendo marxista. No hay guerras de religión, sino desigualdades sociales.
F. G. L. Sí pero el islamismo como doctrina religiosa es temible.
A. G. B. Pero es que no tienen nada más que los aglutine.

No hay que morir dos veces. Francisco González Ledesma. Planeta. Barcelona, 2009. 464 páginas. 19,90 euros. El silencio de los claustros. Alicia Giménez Bartlett. Destino. Barcelona, 2009. 464 páginas. 18 euros. Edición en catalán. El silenci dels claustres. 531 páginas. 18 euros.

El País/Babelia, 30 de mayo de 2009

4 d’abr. 2009

El inspector Méndez, personaje de González Ledesma, cumple 25 años

El autor publica la vertiginosa 'No hay que morir dos veces'

Rosa Mora

"Todos vivimos mientras alguien nos recuerda". Esta frase es el motor de No hay que morir dos veces (Planeta), una novela de casi 400 páginas en la que pasan tantas cosas que su autor, Francisco González Ledesma (Barcelona, 1927), deja sin aliento a sus lectores más entusiastas. Este veterano y joven autor, no hay otra manera de decirlo, se ha volcado en el libro de tal manera que hay cuatro historias que bien podrían haber sido cuatro novelas distintas. Se entrecruzan hasta encajar un puzzle sorprendente.
Primero, la vida de Nadia, una "niña Down", conmovedora, explotada sexualmente y preparada luego para el gran sacrificio del terrorismo. La de Gabri, un tipo que ha pasado ocho años en la cárcel por cortar la cabeza del hombre que violó a su mujer. La de Sandra, la novia que mata a su prometido de un tiro en la frente el día de su boda. La del sinvergüenza Conde, un acosador sexual de la peor especie... Todo desemboca en la preparación de un ataque terrorista de proporciones insospechadas en un trasatlántico atracado en el puerto de Barcelona.
Con esta novela de vértigo, el inolvidable inspector Méndez cumple 25 años, aunque en realidad son 27. Nació como personaje secundario en Expediente Barcelona y se hizo popular en Crónica sentimental en rojo, que obtuvo el Premio Planeta en 1984. "Méndez ha cambiado, como han cambiado las calles de Barcelona. Y sí, esta novela es un poco un homenaje a este policía que siempre está contra la autoridad constituida y que es un poco anarquista como yo".

'Bocata' de chorizo

Méndez, el detective que peor come de España, sigue siendo asilvestrado, no obedece órdenes y cree más en la justicia de la calle que en la de los tribunales. Para celebrar estos 25 años, González Ledesma, en nombre de Méndez, sopló ayer en la librería Negra y Criminal, en el barrio barcelonés de la Barceloneta, las velas de un presunto pastel, en realidad un bocata de chorizo: "¡Hay tantos en todas partes...!".
Ledesma ha elegido como uno de los hilos conductores de esta novela, a Nadia, "la nena Down". "Siento gran simpatía, no diré piedad, hacia estas personas incapaces de concebir el mal. Y como Méndez, no perdono a quienes les hacen daño". Periodista y abogado, Ledesma se negó hace años a defender a un violador. "El Colegio de Abogados me pidió que al menos hablara con él una vez. Lo hice y me di cuenta de que no había violado a nadie. Lo saqué de la cárcel".
"Siempre se ha especulado con la edad de Méndez, pero imagino que aún no tiene los 65 años porque sigue trabajando. Nunca se prejubilará". "Tengo un problema. No sé cuánto tiempo me queda para escribir. Probablemente, mi próxima novela será el último Méndez y será más sentimental que nunca". En No hay que morir de veces, Méndez, por orden de su comisario, estrena móvil, aunque no sabe cómo funciona. Ledesma promete que se modernizará tanto que en el siguiente libro incluso utilizará el ordenador.

El País, 4 de abril de 2009

8 de set. 2007

Memoria de Barcelona

Rosa Mora

Francisco González Ledesma guarda la memoria de una Barcelona que ya no existe, la misma que compartió con Manuel Vázquez Montalbán y Terenci Moix, y que recuerda ahora con Maruja Torres. Una Barcelona cuya frontera norte era la plaza de Catalunya, y al sur, el mar, el barrio chino, el Poble Sec, donde nació, y que fue construido en parte sobre material de derribo de la Exposición Universal de 1929; la falda de Montjuïc, donde de niño aprendió a vivir y sobrevivir en la guerra y la posguerra.
Ahora, ese paisaje ha cambiado y la ordenación urbanística del Raval ha dado un giro copernicano a aquellos barrios canallas. A menudo se observa cierta nostalgia en las novelas de González Ledesma y el propio inspector Méndez, su afortunada creación, se pierde en la modernidad. Lo cierto es que, entre el pasado y el presente, su obsesión es Barcelona, la verdadera protagonista de buena parte de sus libros. Sobre todo de Historias de mis calles, sus estupendas memorias; o de Expediente Barcelona (1983, recientemente recuperada por La Factoría de Ideas), en cuya página 134 apareció por primera vez, como personaje secundario, Ricardo Méndez. Méndez nació como policía de la siniestra Brigada Criminal franquista, pero muy pronto se convirtió en un viejo perdedor que prefiere la justicia de la calle a la de los tribunales. Nueve libros, novelas y relatos después, Méndez sigue siendo un tipo entrañable.

El País
, 8 de septiembre de 2007

5 de febr. 2007

El recuperado Méndez

Francisco González Ledesma rescata su novela 'Expediente Barcelona', y reúne 22 relatos en un libro. Esta semana participa en el Encuentro de Novela Negra de Barcelona

Rosa Mora

De joven, Méndez, mil veces entrenado en los sótanos de Via Laietana, fue policía de la Brigada Criminal franquista, pero llevaba bocadillos a los rojos detenidos y les servía de correo. Ahora, el viejo poli trabaja en la comisaría de Nou de la Rambla, alguna vez le han confinado a los archivos y sabe que nunca ascenderá ni le encargarán casos importantes. Conoce al dedillo todos los bares y prostíbulos del antiguo barrio chino. Es escéptico y en algunas cosas no ha cambiado nada: no soporta el asesinato cobarde, pero comprende a los pequeños delincuentes. No cree en la ley oficial, aunque sí en la de la calle.
En eso se parece algo a Francisco (Paco) González Ledesma (Barcelona, 1927), su creador (que esta semana es uno de los protagonistas del Encuentro de Novela Negra de Barcelona). Con la diferencia de que Ledesma es abogado y periodista. De periodista se jubiló en 1993, de La Vanguardia, donde era redactor jefe. Lo de la abogacía lo dejó en 1966, en un momento en que ganaba bastante dinero, pero tenía una crisis de conciencia diaria. "El Derecho es bueno en los libros, luego hay que interpretarlo y durante el franquismo era terrible". Fue un auténtico salto al vacío, pero no podía más y se fue de redactor eventual a El Correo Catalán.
Trabajó en la editorial Bruguera desde 1947, donde entró de la mano de su tío Rafael para hacer guiones de historietas de personajes como el inspector Dan o el doctor Niebla. Llegó a ser abogado personal de su propietario, Francisco Bruguera, y de todas las empresas de su grupo. "En Bruguera tenía que hacer contratos que explotaban a amigos y colegas, como Víctor Mora. Bruguera apretaba cada vez más y yo sentía un gran malestar". Eso le acabó de decidir a colgar la toga.
Hubo otras cosas. Un día le tocó de oficio defender a un ex legionario. "Yo era un buen defensor y conseguí que quedara libre". El hombre estaba desesperado y sin un duro. Le dio dinero. "Se lo devolveré, lo juro", le dijo el legionario. Un año después, para su sorpresa, fue a verle y le pagó lo que le debía. "Me alegré sobre todo porque supuse que había encontrado trabajo". El ex legionario le sacó pronto de su error. "¡Qué trabajo ni qué leches! Acabo de cometer un atraco". Le impresionó mucho. "He llegado a pensar que la justicia de los tribunales no es la mejor. Hay otra justicia de la gente de la calle que no está en las leyes y que a menudo me parece mejor. Es el mismo sentimiento que tiene Méndez. Es muy comprensivo con ciertos delitos y con ciertos delincuentes. Pero ante otros no. El que viola y mata tiene que ser apartado de la sociedad. Yo estoy de acuerdo con él".
Méndez (Ricardo) nació en la página 134 de Expediente Barcelona, que González Ledesma publicó en 1983 y que La Factoría de Ideas ha recuperado ahora. Méndez tiene un papel muy secundario en esta novela. El protagonista es un abogado de tres al cuarto -es fácil intuir en él al Ledesma joven- que tiene que resolver un caso de pruebas de paternidad que implican a Ramón Masnou, un empresario influyente en la burguesía catalana conectado por amistad con jóvenes revolucionarios. Lo que la novela cuenta en realidad es el resurgir de la burguesía catalana después de la Guerra Civil. "De boquilla se decían liberales y eran unos grandes explotadores. Unos grandes hipócritas, que se decían catalanistas y no dejaban hablar catalán en sus empresas". Los buenos revolucionarios viven la amargura de ver que ya nadie los necesita, ni siquiera sus propios compañeros.
En las novelas de Méndez, un personaje creado a partir de cuatro policías que conoció Ledesma cuando era abogado, predomina una atractiva mezcla de furia y melancolía. Furia ante la injusticia y el entreguismo; melancolía por un paisaje perdido. "Lo que añoro no es el pasado, sino la juventud perdida". Ledesma utiliza un lenguaje directo, barriobajero cuando hace falta. Siempre le preocupa más la historia que la trama. El éxito de Méndez le sorprendió. "Lo consideran mi personaje, cuando en realidad mi personaje son las calles. Además, nunca pretendí hacer novela negra, siempre quise escribir novela social, aunque, quizá, en el fondo venga a ser lo mismo".
A los 14 años, Ledesma ya tenía claro que iba a ser escritor. Apenas cumplidos los 20 escribió Sombras viejas. "Pensaba que ya tenía suficiente experiencia para escribir la novela de mi vida", se ríe. La presentó al Premio Nadal y ni la votaron. Pero algo debía tener, porque probó de nuevo suerte, esta vez en el Premio Internacional José Janés, en 1948, y ganó, con un jurado presidido por Somerset Maugham. "En la cena no me hizo ni caso, pero yo disfruté mucho".
No tardó en llegar el jarro de agua fría que apagó su entusiasmo. La censura la prohibió. "Mientras vivió el dictador no pude publicar. Yo era de familia republicana y nací y me crié en un barrio humilde. Sombras viejas tenía un fuerte contenido social y político, ambientada en la guerra hasta la entrada de los fascistas en Barcelona. Era una novela de sentimientos. Se parecía algo a Los cipreses creen en Dios, de José María Gironella, sólo que él escribía desde la derecha y yo desde la izquierda". Su siguiente novela, Los Napoleones, no pudo publicarse hasta 1977. "Me hundieron la vida intelectualmente". No les ha perdonado, aunque durante su etapa de abogado intentó encontrar algo bueno en el franquismo. "No lo conseguí". Pero sí publicó durante la dictadura: novelas del Oeste firmadas con el seudónimo de Silver Kane. "Estaba muy desanimado después de lo de Sombras viejas y además no tenía un duro. Empecé en 1952 o 1953, no recuerdo bien, y Bruguera me hizo un contrato por dos años, y luego otro y otro, y así hasta 1980. Estoy contento de haberlas escrito, primero porque me pude ganar la vida y luego porque me sirvieron de aprendizaje de todos los trucos y técnicas de la novela".
Fueron tiempos duros. Ledesma trabajaba nueve horas en Bruguera y por la noche y los domingos escribía las novelas de Silver Kane, de tres a cinco al mes. A partir de las dos de la madrugada se dedicaba a la literatura que le gustaba: Los Napoleones, Expediente Barcelona... Ha currado mucho. Ahora, a punto de cumplir 80 años, la vida le parece una broma. ¡Todo ha pasado tan rápido! Pero, como dice Paco Ignacio Taibo II, tiene una gran ventaja: sigue escribiendo como un joven rabioso. La mejor muestra, sus memorias, Historias de mis calles (Planeta), publicadas en 2006.


El País
, 5 de febrero de 2007