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4 de març 2015

Se ha ido González Ledesma


Una enfermedad muy larga se ha llevado a Francisco González Ledesma. Un maestro nos ha dejado. Las calles del Barrio Chino de Barcelona se han quedado en silencio y el inspector Méndez, husmeador de sombras y defensor de causas perdidas, ha cerrado su último caso y se ha jubilado para siempre. Méndez pertenece a la galería de los más grandes personajes de la novela negra: seguidor minucioso de su propia ley escrita en las servilletas de la barra de un bar,  merodeador incansable de la trastienda de Barcelona, de los barrios bajos donde la gente bien de las tarjetas black y las cuentas opacas en Andorra y en Suiza lava sus trapos sucios y tiende los felpudos donde los que pisan fuerte se limpian los zapatos.

González Ledesma nos hacía trampas. Pero a los lectores de siempre no conseguía engañarnos: él fingía escribir novelas policiacas o novelas sociales… pero lo que de verdad escribía eran poemas. Poemas en prosa, a pie de calle, sin otra rima que el vaivén de las vidas, de una belleza que no excluía el desgaste ni las mezquindades que todos cometemos a diario ni el peso de las decepciones.

Para no olvidar la Barcelona que nunca aparece en los folletos del patronato de turismo, hay que seguir leyendo a González Ledesma. Él nos lleva a sus malas calles que, a veces, son las buenas. Como suele pasar, estaba mejor considerado en Francia que en España. Aunque en los últimos años un puñado de fieles, encabezados por el megáfono del comisario Paco Camarasa de la librería Negra y Criminal, reivindicaron para él el lugar de maestro que merece. González Ledesma se ha ido, pero Méndez se quedará aquí para que no olvidemos su máxima: lo importante en un crimen nunca es quién es el asesino sino quién es la víctima.
Librújula, marzo de 2015


3 de març 2015

Balada triste por Silver Kane

Una triste balada resonó en el mundo de la literatura para despedir a Silver Kane. La misma que en el mundo del periodismo se dolía por la pérdida de Francisco González Ledesma, identidad real de Kane. El periodista, abogado y escritor barcelonés, precursor de la novela negra en España, esforzado autor de narraciones del oeste bajo el seudónimo de Silver Kane, y creador del comisario Ricardo Méndez, falleció en la madrugada de ayer, a punto de cumplir 88 años. Ganador del Planeta en 1984, fue además de narrador infatigable un aguerrido y batallador periodista (padre de los periodistas Enric y Vicky) que desarrolló su carrera en medios catalanes. Colegas de sus dos oficios lo despidieron como un grande.
La nebulosa se había instalado en los últimos meses en la mente de González Ledesma (Barcelona, 1927), que se mantuvo a salvo de los embates de la desmemoria hasta hace apenas tres años, cuando publicóPeores maneras de morir, última novela de Méndez, la número once de la serie.
Fue un mercenario de la novela popular antes de ser reconocido como uno de los padres del género negro ibérico, con el que estuvieron y están en deuda autores como Manuel Vázquez Montalbán, Andreu Martín o Lorenzo Silva. Estudió la carrera de Derecho, pero mientras la cursaba un contrato leonino lo ligaba a la editorial Bruguera, para la que escribió centenares de novelas del oeste bajo el seudónimo de Silver Kane.
Sombras viejas fue la primera ficción que publicó con su nombre en 1948. Tenía 21 años y mereció ya el Premio Internacional de Novela, con Somerset Maugham y Walter Starkie en el jurado. También se llevó un mazazo de la censura, que prohibiría su publicación. Sería el primero de un rosario de encontronazos con el franquismo, que veía pecado, traición y rojerío en sus relatos. «Situé la acción en un barrio pobre de Barcelona y ya por ese detalle me tildaron de rojo», explicaba. «Mientras viva el Caudillo, usted jamás publicará nada en este país», escuchó de los censores.
El folletín de cuatreros y bandidos fue su refugio, su bálsamo y su medio de vida. «Bruguera ganó mucho dinero conmigo, y yo también me embolsé mis buenos cuartos; había meses que se llegaron a vender 60.000 ejemplares de mis novelas», contaba el autor, que también escribió guiones para la revista Pulgarcito y que resucitó a Silver Kane con La dama y el recuerdo en el 2010. También se refugió tras los seudónimos de Enrique Moriel, uno de los personajes de sus primeras novelas, o Rosa Alcázar, bajo el que facturó novelas románticas.
Su carrera tomó velocidad de crucero en 1984. Un año después de publicar Expediente Barcelona, donde aparece el comisario Ricardo Méndez, se le concedió el Planeta por Crónica sentimental en rojo. Gracias a Méndez, su personaje más legendario, el noir español ganó credibilidad y creció como género, otorgando a González Ledesma una popularidad que superó nuestras fronteras. Su palmarés siguió acumulado galardones en los últimos años hasta obtener en el 2007 gracias a Una novela de barrio el primer premio internacional de novela negra RBA (con 125.000 euros, es el mejor dotado del mundo en el campo de la intriga policíaca).
El primer embate de la enfermedad llegó en el 2012, con un ictus del que se recuperó y tras el cual escribió Peores maneras de morir: en ella aparece un Méndez crepuscular, muy castigado por la vida y atrapado en una Barcelona que apenas reconoce. El año pasado se publicaba aún El adoquín azul, novela corta en que relata el caso de una víctima de la brigada político-social del franquismo.
«Méndez es sobre todo humano: detiene a un comunista pero es capaz de preocuparse por su familia», decía de su atípico comisario. Un personaje al que trasladó todas las experiencia de su infancia en los barrios populares de Barcelona donde creció: «Era un niño muy pobre, que vivía en un barrio pobre y de padres rojos», recordaba el autor de Tiempo de venganza.
Miguel Lorenci. La Voz de Galicia, 3 de marzo de 2015

Adiós a un maestro de la novela negra

Muere Francisco González Ledesma, creador del inspector Méndez

Era, con permiso de Serrat, un noi del Poble Sec, de padre peón y madre modista «de pobres». Y un niño de la guerra, que con 9 años llevaba sacos de tierra al refugio antiaéreo, pasaba hambre y veía al padre partir en un reemplazo republicano de 1939 tras defender la ciudad del avance franquista en una barricada frente a El Molino. De aquella miseria se refugió Francisco González Ledesma (Barcelona, 1927) en la lectura, que le despertaría una vocación, que decía, era «lo único que justificaba» su vida. «Solo sé que soy auténtico cuando escribo. Me gustaría que me recordaran como a una persona que se sacrificó por la literatura, que le dedicó sus cinco sentidos». Pocos días antes de cumplir 88 años, de delicada salud tras sufrir un ictus en el 2011, fallecía el escritor, periodista y abogado que convirtió a la Barcelona de su inspector Méndez en escenario negrocriminal. Pero no del todo, pues según él mismo: «mientras alguien nos recuerda no morimos».
Con solo 21 años y la novela Sombras viejas ganó su primer premio, el Internacional de Novela de José Janés, en cuyo jurado estaba William Somerset Maugham. Pero era 1948 y topó con la censura (que también marcaría en rojo su obra Los napoleones), que le condenó por «rojo y pornógrafo», como le gustaba recordar. Para ver ambas novelas publicadas tuvo que morir Franco, en cuyo ejército llegó a capitán, aunque hablar catalán a sus soldados y evitar perseguir a los maquis le valió ser degradado y repetir la mili.
Mientras, González Ledesma halló sustento trabajando a destajo en Bruguera, donde además de guiones para cómics como El inspector Dan (junto a Víctor Mora) se inventó a Silver Kane, seudónimo bajo el que se codeó con Lafuente Estefanía y con el que de los 50 a los 70 alumbró medio millar de novelas populares del Oeste y policiacas, que podía llegar a escribir a razón de tres a la semana. Recupería a Kane en el 2010, con La dama y el recuerdo, algo que, confesó, le hizo «sentir joven otra vez».
Escribía de noche, porque por la tarde trabajaba de periodista y por la mañana de abogado, profesión que le hizo rico pero que abandonó a los 36 años porque le atormentaban las sentencias injustas y «defender a tipos indeseables». También ejerció, y sufrió, en Bruguera, al tener que blindar contratos de los dibujantes sobre derechos de autor en favor de la editorial.

LEY DE LA CALLE

En 1984, el inspector Méndez y su viejo Colt 45 -nacido secundario en Expediente Barcelona (1983)- en Crónica sentimental en rojo le valieron el premio Planeta, consagrándole como autor de novela negra de trasfondo social con Barcelona como protagonista. Mezcla de cuatro policías que conoció Ledesma, Méndez, que más que en los tribunales, creía «en la ley de la calle» y que podía ser comprensivo con los delincuentes pero implacable con pederastas y violadores, protagonizó una decena de títulos -Una novela de barrio le dio el premio RBA 2007; el último fue Peores maneras de morir (2013)-.
Ledesma, cuya carrera reconocía el festival BCNegra 2007 con el primer premio Pepe Carvalho, quiso en sus memorias, Historia de mis calles (2006), recordar la Barcelona humilde de su infancia, de hambre, lucha y posguerra. Su ciudad, omnipresente en toda su obra, seguía centrando la primera novela que firmó como Enrique Moriel -La ciudad sin tiempo-, seudónimo surgido del protagonista de la censurada Sombras viejas. Quizá porque deseaba que «de aquí a cien años» sus libros sean «una referencia de la memoria de Barcelona». El funeral será hoy a las 13.00 en el tanatorio de Sant Gervasi.
Anna Abella. El Periódico, 3 de marzo de 2015


González Ledesma, entre la novela negra y el quiosco


El escritor fallece a los 88 años Pionero del noir y creador del comisario Méndez, escribió cientos de novelas del oeste con el seudónimo Silver Kane
Abogado, periodista, guionista e icono de la novela negra. Esas son algunas características que definen a Francisco González Ledesma, pero el escritor fallecido ayer era ante todo un hombre humilde, generoso y bonachón, curtido en la dura posguerra y al que el franquismo le acusó de «rojo y pornógrafo».

Nacido en Barcelona en 1927, González Ledesma con 21 años ganó el Premio Internacional de Novela con Sombras viejas, un libro que no pudo publicar en 1948 por la censura franquista y que le llevó a escribir bajo el pseudónimo de Silver Kane. Un nombre con el que firmó más de 400 novelas del Oeste entre los años 50 y 70. Novelas de pistoleros, damas de salón, indios, cementerios, caballos y sheriff que se vendían en los quioscos de pipas disputando el espacio a Manuel Lafuente Estefanía o Corín Tellado.

Un género que volvió a recuperar en 2010, cuando publicó con 83 años La Dama y el recuerdo, para rendir homenaje a una buena parte de su vida, a esas novelas que le dieron «juventud» y «emoción» y algo de dinero. «Esas novelas me dieron dinero», decía.

«Se vendían muy bien porque no había televisión y la gente se entretenía», explicaba en una entrevista con Efe, en 2010, González Ledesma. Novelas baratas de las que se llegaron a vender 60.000 ejemplares al mes, en una España en blanco y negro y que eran alimentadas de «ingenuidad, rapidez y entusiasmo».

Ledesma cobró por su primera novela 150 pesetas que le pagaron a plazos. Tiempos grises en los que el joven escritor tenía que imaginarse un Oeste que nunca había visitado viendo películas, aunque luego, llegada ya la democracia, sí que pudo visitar el Oeste americano.

Pero este escritor de mil caras, nacido en el barrio de Poble-Sec, en la calle Tapioles y que comenzó trabajando en la editorial Bruguera, escribió con otros seudónimos: Enrique Moriel, extraído de uno de uno de los personajes de su primeras novelas, o el de Rosa Alcázar, con el que escribió literatura romántica.

Como periodista trabajó en El Correo Catalán y después en La Vanguardia, y en ambos fue redactor jefe. En 1966 fue uno de los doce fundadores del Grupo Democrático de Periodistas, asociación clandestina durante la dictadura en defensa de la libertad de prensa. Pero el que hoy sea uno de los pioneros e iconos de las novela negra junto a Vázquez Montalbán y por lo que será recordado es por su comisario Méndez, personaje con el que comenzó una serie que inició en 1983 con Expediente Barcelona y con la que quedó finalista al Premio Blasco Ibáñez. Un año después llegaría su consagración definitiva con el Premio Planeta por Crónica sentimental en rojo.

El comisario Méndez paseó su particular manera de hacer por las páginas de todas sus novelas: Las calles de nuestros padres (1989), La dama de Cachemira, Historia de Dios en una esquina (1991), El pecado o algo parecido (2002) y Una novela de barrio (2007). A estos títulos siguieron No hay que morir dos veces (2009), Barcelona Noir (2011) y en 2013 publicó Peores maneras de morir, la última entrega de su inspector, ya envejecido y paseando por una ciudad que casi no reconoce. En 2014 salió a la venta su última creación, El adoquín azul, una novela corta en la que relata el cao de una víctima de la brigada político-social del franquismo.

Carmen Sigüenza. Información, 3 de marzo de 2015


Francisco González Ledesma, un maestro de la novela negra


A los 21 años, Francisco González Ledesma (Barcelona, 1927) ganó el Premio Internacional de Novela José Janés con Sombras viejas, pero el régimen franquista la censuró e impidió su publicación. "Mientras el Caudillo viva, usted no publicará", le dijeron. Y le tildaron de "rojo y pornógrafo". Decidió entonces estudiar Derecho y escribir novelas del Oeste para Bruguera que firmó con el seudónimo de Silver Kane. Entre 20 y 30 millones de españoles leyeron estas historias, en una España en blanco y negro en la que el autor catalán competía con Manuel Lafuente Estefanía y Corín Tellado. Pero su biografía, de niño pobre del barrio barcelonés Poble Sec, no había hecho más que comenzar. Abogado de Bruguera, además de autor, profesión que abandonaría por el periodismo, con el tiempo González Ledesma acabaría convirtiéndose en un clásico y en un maestro de la novela negra -el comisario Méndez ya tiene vida propia en la literatura de género- y del periodismo.
Padre del también periodista Enric González, Francisco González Ledesma falleció ayer tras dos años de enfermedad. Familiares y amigos le despedirán hoy, a la una de la tarde, en el tanatorio Sant Gervasi de la Ciudad Condal.
Veía con naturalidad la muerte, al menos eso declaraba hace algún tiempo en una entrevista: "Incluso piensas que puede ser útil... Una tontería: he dado mi cuerpo a la ciencia. No quiero entierros. Y además mientras tenga trabajo no me moriré. He pasado horas en autopsias, sé hacer un lazo de ahorcado, estoy familiarizado, incluso me sorprende haber llegado a esta edad: sufrí hambre, tuberculosis...".
La vida de González Ledesma tiene mucho de novela. "Yo era un rojo de barrio pobre", decía. Como abogado de Bruguera ganó mucho dinero, millones de pesetas, pero la presión que debía ejercer sobre los autores, haciéndoles contratos sin apenas derechos, le empujó a abandonar esa tarea. "Un día le dije a Bruguera, un empresario implacable, que quería poder levantarme y mirarme al espejo. Se enfadó y me fui sin cinco. Me dio un certificado y un mechero de oro, y yo no fumaba. Abandoné la abogacía".
Conquistó la libertad. Se incorporó como redactor eventual a El Correo Catalán y pasó de cobrar entre medio millón y un millón al mes a 5.000 pesetas. Acabaría siendo redactor jefe del diario y más tarde ocuparía ese mismo cargo en La Vanguardia. "El periodismo fue mi pasión. En una redacción hay gente indeseable y gente maravillosa. Y esa lágrima que te regala un entrevistado, esa confesión en el bolsillo al volver a la redacción... eso no tiene precio".
Pero el personaje que le ha convertido en uno de los grandes de la novela negra es el inspector Méndez, que, en Francia, ha llegado a ser casi tan popular como el Maigret de Simenon, y que el escritor catalán inició en 1983 con la novela Expediente Barcelona, finalista del premio Blasco Ibáñez.
González Ledesma firmó también libros con los seudónimos Enrique Moriel, un personaje de su primera novela, y Rosa Alcázar, con el que escribió literatura romántica. Fue premio Planeta con Crónica sentimental en rojo y logró el RBA con Una novela de barrio. A los 83 años quiso volver a ser Silver Kane con La dama y el recuerdo. La editorial RBA se refirió ayer al fallecido como "uno de los padres del género negro en España", con una carrera literaria que "sus miles de lectores seguiremos disfrutando, desde la Barcelona del comisario Méndez hasta el Lejano Oeste de Silver Kane". En su comunicado RBA señaló: "Te echaremos de menos, Francisco González Ledesma, Enrique Moriel, Silver Kane, Taylor Nummy, Silvia Valdemar, Rosa Alcázar, Fernando Robles", en referencia a los muchos seudónimos que utilizó el escritor barcelonés.
Asimismo, formó parte del grupo de escritores que asistieron a las primeras ediciones de la Semana negra de Gijón. "No se ha ganado todavía la batalla de la crítica", afirmaba en una mesa redonda celebrada en 1988 refiriéndose al género negro.
Solía decir que, si el mundo en el que naces te acaba por gustar, nunca llegas a escribir. Se definía como un hombre "muy complicado". "He sido muchas cosas y no he destacado en ninguna. Sólo sé que soy auténtico cuando escribo. Me gustaría que me recordaran como a una persona que se sacrificó por la literatura, que le dedicó sus cinco sentidos. A veces, impulsado por la desesperación... Todo lo demás es circunstancial".
P.R. La Provincia. Diario de las Palmas, 3 de marzo de 2015

González / Kane: cuestión de dignidad

Su nombre no se menciona lo suficiente entre los grandes escritores de negra de Barcelona



Hace unos años y por la espalda le dieron de lleno. Pero, como era previsible, no consiguieron descabalgarlo. Silver Kane siempre fue mucho Silver Kane. Eso sí, le quitaron algo de lo que más quería: la posibilidad de seguir escribiendo. Porque lo suyo era un compromiso con la escritura. Con el aventis. Con la posibilidad de explicar historias que captaran la atención del lector, que le impidieran soltar aquel dichoso libro que había tenido la temeridad de empezar a leer. Contaba Silver Kane (González Ledesma, vamos) que ya en el colegio, cambiaba merienda por historias. Puede que sea otra de susaventis. En el fondo qué más da que algo sea verídico o no. Lo que importa es si es verosímil. Y tratándose de Francisco González Ledesma la aventis encaja con el personaje, con la persona, con el escritor. Y uno se imagina a un González Ledesma desfaciendoentuertos en el patio del colegio tanto como articulando trueque de pan y chocolate por historia imaginada o vista en la última sesión de cine.
Ahora lo han vuelto a intentar y sí, esta vez le han descabalgado. Pero su caballo permanece con él. Su caballo y todos sus lectores. No han sido los apaches porque González Ledesma tuvo mucho más de indio o de pistolero justiciero que de hombre de orden si el orden era injusto. Porque Silver Kane fue, es y será un tipo honesto. Un héroe crecido en una Barcelona de postguerra y brutal rotura de huesos e ideas por el franquismo. No un héroe apuesto ni bravucón. Pero sí alguien a quien los matones del patio y de la vida no podían conseguir doblegarle del todo. Vencerle quizás pero poco más. El héroe que hay en el hombre corriente. Pienso en James Stewart pero me viene más a la memoria Charles Laughton en This land is minede Renoir. Uno nace siendo lo que es y creyendo ser algo que sólo se demuestra cuando la vida te hace elegir. Ahí está el héroe. El tipo honrado. El hombre humilde castigado por serlo, y pese a eso sigue siendo un hombre porque sigue siendo honrado.
A juzgar por las bravatas de la intelectualidad de los últimos 60 años, todas las luminarias estaban en comisarías, luchando contra el Dictador, escuchando a Raimon y corriendo delante de los grises, pero no todos pueden exhibir el no publicar en años por “rojo” y “pornógrafo”. Silver Kane sí. Nunca sacaba pecho. Era parte de su travesía en el desierto. De su formación como literato. Le dieron la opción de retractarse, de ser otro, de traicionar su libertad creativa y no lo hizo. Se dio la vuelta, fue dando paseos por las calles de su Barcelona y se encerró en casa a escribir. Bajo otros nombres, acabando libros para el cajón. Trabajando de periodista de calle y de abogado, dos de las mejores maneras de comprobar cómo es y vive la gente con horizonte máximo 24 horas.
Como escritor, es una lástima que los malos le desmontaran tan pronto. Somos muchos los que le debemos tanto. Y su nombre no se menciona lo suficiente cuando se habla de los grandes escritores de negra de Barcelona. Las novelas de su comisario Méndez tienen algo que se suele pasar por alto: están muy bien escritas. Su prosa no es nunca barata ni esquemática. Está siempre en busca de esa forma de belleza que da darse fuerza con los pies en el trampolín de la vida para ir un pelín más lejos de trama, personajes y un poquito de cemento. Cuidaba sus libros, sabía cuándo ser periodista y cuándo literato. Había esmero, respeto y dignidad en la forma en que nos los servía a nosotros, sus lectores. Sabía —porque le robaron durante años la posibilidad de la relación con el lector— que cada libro es una única posibilidad de comunicarse, acompañar y luchar. Y que quizás no hay otra porque cuando te das la vuelta, el cobarde dispara.
Carlos Zanón. El País, 3 de marzo de 2015

2 de març 2015

Mor el periodista i escriptor barceloní Francisco González Ledesma



L'escriptor i periodista Francisco González Ledesma ha mort als 87 anys a Barcelona. Nascut al Poble-sec, Ledesma està considerat un dels pares de la novel·la negra espanyola. Seves són les històries del famós inspector Méndez, que es movia com ningú per la Barcelona dels baixos fons del franquisme. El reconeixement li va arribar l'any 1984 amb la novel·la 'Crónica sentimental en rojo', amb què va guanyar el Premi Planeta. La seva salut es va ressentir l'any 2011 arran d'un ictus, fet pel qual va restringir les aparicions públiques.
L‘inspector Méndez s’ha quedat orfe. El seu pare, l’escriptor i periodista barceloní Francisco González Ledesma, ha mort aquesta matinada dies abans de fer els 88 anys. A través de Méndez, Ledesma va saber retratar com pocs la Barcelona més canalla del franquisme. Els baixos fons de la ciutat, sobretot del Raval, però també del Paral·lel i el Poble-sec, el barri on va néixer l’escriptor l’any 1927. I va ser precisament aquest, el seu personatge més conegut, el protagonista de la novel·la ‘Crónica sentimental en rojo’, amb què va guanyar el Premi Planeta l’any 1984, i també la popularitat i la projecció fora, especialment a França.
La carrera literària de Ledesma, però, va començar molt abans. Amb només 15 anys ja feia guions de còmic per a l’editorial Bruguera. Provinent d’una família humil, l’escriptor barceloní es va pagar la carrera de dret escrivint novel·les de l’oest americà. En va escriure més de 400, a un ritme frenètic de fins a una novel·la per setmana, sota el pseudònim de Silver Kane.
L’última novel·la de Ledesma, ‘Peores maneras de morir’, es va publicar ara fa dos anys, el 2013. Era l’onzena història protagonitzada per Méndez, passejant per una Barcelona que l’inspector ja no reconeixia. La va escriure mentre es recuperava de l’ictus que va tenir el 2011 i arran del qual va espaiar les intervencions públiques.
A banda de la faceta com a escriptor, Ledesma també va desenvolupar una carrera periodística important. Va ser redactor en cap tant al ‘Correo de Cataluña’ com a ‘La Vanguardia’. També va ser un dels fundadors, l’any 1966, del Grup Democràtic de Periodistes, una associació clandestina que va treballar per la llibertat de premsa durant els anys del franquisme.
L’any 2006, l’escriptor va publicar un llibre de memòries, ‘Historia de mis calles’, en què repassa les seves vivències quan encara era un nen en la Barcelona de la Guerra Civil. Un testimoni que també va recollir en una llarga entrevista el programa de BTV presentant per Manuel Campo Vidal,  ’Barcelona: ciutadans en temps de guerra’.
BTV, 2 de març de 2015


Mascarell: "González Ledesma ha estat estat el pare intel·lectual d'una generació"

El món de la cultura lamenta la mort de l'escriptor barceloní

El conseller de Cultura, Ferran Mascarell, ha recordat l'escriptor i periodista Francisco González Ledesma i la seva aportació tant en la literatura com en el periodisme: "Ha estat pare intel·lectual d’una generació referent de la literatura de la ciutat, escriptors alguns dels quals ja desapareguts, que l’han reconegut com el seu mestre", ha dit Mascarell. I ha afegit: “Barcelona és, per a molts lectors de novel·la negra arreu del món, una ciutat policíaca i de misteri, i ell té bona part del mèrit que així sigui. La seva notable popularitat en mercats internacionals, especialment a França, i la publicació de les seves obres per les editorials de més prestigi constata la qualitat de la seva literatura i la facilitat amb què les seves històries captiven el públic”.
 
Mascarell també ha recordat com González Ledesma va batallar per la llibertat d'expressió com a periodista: “No vull deixar de recordar que González Ledesma ha estat un lluitador per la llibertat d’expressió i la llibertat de premsa. Cal recordar aquell Grup Democràtic de Periodistes, que va crear als anys 60, i que des de la clandestinitat es rebel·lava contra la censura imposada. Una reivindicació de les llibertats i del propi pensament que mai ha abandonat”.
 
L'escriptora Maruja Torres ha recordat que l'escriptor i periodista "va gaudir molt de la seva llarga i fructífera vida" i ha enviat un missatge a la seva família: "Abraçades per als seus, el seu record i la seva literatura, per a tots".
 
RBA Llibres ha lamentat profundament la mort de l'escriptor Francisco González Ledesma, guanyador del I Premi RBA de Novel·la Negra amb 'Una novela de barrio', un autor, ha dit, que "ens llega una sòlida carrera literària". L'editorial s'ha unit "al dolor de la seva família, de la Barcelona del comissari Méndez i de l'Arizona de Silver Kane", un dels pseudònims que va utilitzar al llarg de la seva carrera. A més de la novel·la guanyadora del Premi RBA, el grup editorial va publicar a la seva col·lecció Sèrie Negra "Història de dios en una esquina" i "La dama de Cachemira". S'ha referit a l'autor de 'Historias de mi calle' com "un dels pares del gènere negre a Espanya", amb una carrera literària de la qual "els seus milers de lectors seguirem gaudint, des de la Barcelona del comissari Méndez fins al Llunyà Oest de Silver Kane". El comunicat acaba amb un "et trobarem a faltar, Francisco González Ledesma, Enrique Moriel, Silver Kane, Taylor Nummy, Silvia Valdemar, Rosa Alcázar, Fernando Robles", en referència als molts pseudònims que va utilitzar l'escriptor barceloní.

Ara, 2 de març de 2015

Marsé dice que González Ledesma representó "esa literatura de kiosco" de su formación


El escritor barcelonés Juan Marsé ha dicho hoy, tras conocer la muerte de Francisco González Ledesma, que el fallecido representó "esa literatura de kiosco" de su formación.
Para Marsé, la literatura que escribió González Ledesma con seudónimos como el de Silver Kane, "era una buena literatura y no mala, porque la mala literatura es la que pasa por una etiqueta de selectiva y no lo es".
Tuvo ocasión Marsé de leer muchas de las novelas de Silver Kane y de otras que González Ledesma escribió con otros de sus numerosos seudónimos "sin saber quién era", en una época en la que se nutría, ha reconocido "de la literatura de kiosco", de la que tiene "un excelente recuerdo".
"Cuando conocí personalmente a González Ledesma años después, me alegré mucho de saber quién era el autor de mis novelas de juventud", ha señalado Marsé tras asistir hoy en Barcelona a la presentación de "Mientras llega la felicidad", una exhaustiva biografía suya escrita por Josep Maria Cuenca.
Para Marsé, en la novela policíaca, "González Ledesma ha sido uno de los hombres más traducidos, y en una época en que hubo un boom de esta literatura ser uno de los distinguidos no era fácil".
Eldiario.es, 2 de marzo de 2015


Muere Francisco González Ledesma

El escritor y periodista barcelonés, uno de los grandes nombres de la literatura policíaca de España, ha fallecido a los 88 años


Francisco González Ledesma (Barcelona 1927) ha fallecido este lunes a los 88 años de edad después de dos años de enfermedad, según han confirmado fuentes editoriales. Escritor, abogado y periodista, había destacado a lo largo de su vida por ser uno de los maestros de la novela negra contemporánea de marcado corte social y, especialmente, por ser el alma máter del viejo Inspector Méndez. Nacido en el número 22 de la calle Tapioles, en el barrio barcelonés Poble Sec y en cuya fachada luce una placa desde 2009 como homenaje, Ledesma empezó siendo un inquieto joven novelista y guionista de historietas. El primer reconocimiento de su carrera le llegó en 1948, con sólo 21 años, al ganar el Premio Internacional de Novela José Janés gracias a Sombras viejas, una obra censurada por el régimen franquista, que impidió su publicación.

Coartado por la dictadura, comenzó a escribir, bajo el seudónimo 'Silver Kane', novelas populares para Editorial Bruguera, donde pasó la mayor parte de sus años de juventud. En su carrera, Ledesma ha escrito ocasionalmente tras el seudónimo 'Enrique Moriel', extraído del nombre del protagonista de su primera novela, Sombras viejas; aunque se hizo célebre su seudónimo 'Silver Kane', que en sus primeros años le permitió costearse la carrera de Derecho, llegando a escribir alrededor de 400 novelas, a veces dos por semana. “La verdad es que he trabajado de una manera sobrehumana, como un esclavo casi”, explicaba a El Cultural.

Desencantado de la abogacía, estudió después periodismo e inició una nueva etapa profesional en El Correo Catalán y, más tarde, en La Vanguardia, alcanzando en ambos medios el cargo de redactor jefe. En 1959 nació su hijo el periodista Enric González, y en 1966 fue uno de los doce fundadores del Grupo Democrático de Periodistas, asociación clandestina durante la dictadura en defensa de la libertad de prensa.

En 1977, con la consolidación democrática, publicó Los Napoleones y en 1983El expediente Barcelona, novela con que quedó finalista del Premio Blasco Ibáñez y en la que apareció por vez primera su personaje emblemático, el inspector Ricardo Méndez, que inauguró la saga de una decena de novelas. En 1984 obtuvo el Premio Planeta con Crónica sentimental en rojo, lo que significó para Ledesma su consagración definitiva como autor.

La dedicación durante años a la literatura de quiosco, que exige crear y desarrollar una historia y unos personajes en setenta páginas, aportó al autoresa concisa precisión que parece dejar al descubierto los mecanismos del relato, reducidos casi a una agilísima y compacta mezcla de osamenta y nervios, al compás de un ritmo cambiante manejado con infrecuente destreza y que a veces precipita al lector en un vértigo, favorecido por la rapidísima sucesión de enunciados mínimos.

Era capaz de articular diálogos espléndidos, de narrar o describir un lugar o una situación con una simple yuxtaposición de breves enunciados nominales -a la manera del mejor Simenon-, o bien de cambiar de voces y estilos narrativos en el interior de una misma secuencia, englobando vertiginosamente perspectivas distintas. La inesperada originalidad de muchos símiles y humorísticas hipérboles, tanto en el relato como en los diálogos, remiten inevitablemente al Marlowe de Chandler.

Sin embargo, no hay en Méndez, ese antihéroe que protagonizó muchas de sus historias, nada que se antoje mimético respecto a otros modelos de investigadores del género. González Ledesma creó un personaje original, sólido, sin fisuras, que fue creciendo en densidad novela tras novela; un policía “de calle”, cercano a la jubilación y nada científico, que prefiere la justicia a la ley cuando, como sucede a menudo, ambas parecen entrar en conflicto. Méndez es, además, la representación de una Barcelona que se desvanece, de barrios populares, bares modestos, casas mugrientas y prostíbulos llenos de historias, y arrastra consigo la nostalgia de un mundo en liquidación. "Yo siento una nostalgia muy viva de la vieja Barcelona", comentaba Ledesma en una entrevista a El Cultural. "Aunque desde el punto de vista urbanístico es evidente que ha mejorado mucho, añoro esa Barcelona que era muy roja, y muy pobre, pero en la que había solidaridad, esperanza por un mundo mejor y un espíritu de lucha que hoy están desapareciendo".

Entre sus galardones más recientes se encuentra el II Premio José Luis Sampedro (2011) del festival de novela policíaca Getafe Negro, el francés Mystère (2007); el Internacional RBA de Novela Negra (2007); el I Pepe Carvalho (2006), y el Dashiell Hammett (2003) de la asociación Internacional de escritores policíacos. Como abogado recibió el premio Roda Ventura y como periodista el premio El Ciervo, mientras que en 2010 la Generalitat le otorgó la Creu de Sant Jordi por su trayectoria informativa y por la calidad de su obra, de proyección internacional, y en 2009 la ciudad de Toulouse le reconoció con su Medalla de Oro.

Sus últimas novelas publicadas han sido El adoquín azul (Menoscuarto Ediciones, 2014); Peores maneras de morir (Planeta, 2013); Barcelona Noir(Akashic Books, 2011); No hay que morir dos veces (Planeta, 2009), Una novela de barrio (Planeta, 2007), Méndez (Almuzara, 2007)Historia de mis calles(Planeta, 2006) y Cinco mujeres y media (Planeta, 2005) 

El Cultural, 2 de marzo de 2015



Muere Francisco González Ledesma, padre de la novela negra española


Ha muerto Silver Kane. Ha muerto el padre del comisario Ricardo Méndez. El escritor Francisco González Ledesma, que era todo eso, y también periodista, y abogado de formación, falleció ayer en Barcelona, su ciudad natal, tras dos años de enfermedad, las consecuencias de un ictus cerebral que no le impidió, pese a todo, seguir escribiendo.
A pocos días de cumplir 88 años, era uno de los padres de la novela negra en España, como ha destacado esta mañana su editorial, RBA, que ha reeditado recientemente los éxitos del detective más cercano a la calle y más alérgico a los despachos de la literatura nacional.
Ledesma fue galardonado en el año 1984 con el Premio Planeta por su obra Crónica sentimental en rojo, en la que Méndez aparecía ya como protagonista, tras un cameo menor un año atrás como secundario en Expediente Barcelona. Hasta una docena de tomos componen sus historias.
Antes, apenas con 21 años, González Ledesma se había hecho con el Premio Internacional de Novela con Sombras viejas, un libro que no vio la luz, censurado por la dictadura. Los napoleones, su segunda novela, tuvo que esperar la muerte del dictador para poder llegar a las librerías.
En la década de los 60 ya había mostrado su carácter combativo al colaborar en el nacimiento del Grupo Democrático de Periodistas, una agrupación profesional clandestina. Llegó a ocupar cargos de redactor jefe en El Correo Catalán y en La Vanguardia, un trabajo que espació con sus demás labores. La Generalitat le otorgó en 2010 la Creu de Sant Jordi por su trayectoria.
Aquellos fueron años de pelea en la trastienda pero también de de un tremendo éxito gracias a su otra faceta más conocida, la de narrador de novelas del oeste bajo el pseudónimo de Silver Kane, un nombre exótico para contar Arizona desde la orilla del Mediterráneo, en los volúmenes populares de la Editorial Bruguera. Firmó más de mil novelas de esta naturaleza, adobadas con las románticas, también vendidas en los kioscos, bajo el nombre de Rosa Alcázar. Llegó a vender más de 60.000 ejemplares.
La literatura de evasión y la policíaca de corte social, donde la pobreza impone su ley, le han valido la comparación con Dickens y Hammett, con Simenon o Juan Madrid. El mundo digital, tan ajeno para sus personajes, ha revivido a Kane y a Méndez con numerosos blogs de seguidores.
Padre del también periodista y escritor Enric González, la capilla ardiente de Ledesma se encuentra abierta en el tanatorio de Sant Gervasi y su funeral se celebrará mañana en Barcelona a las 13.00 horas.
El Huffington Post, 2 de marzo de 2015


Réquiem por Francisco González Ledesma


En la muerte de uno de los grandes, del más grande, ponemos crespón negro en nuestra mancheta y rendimos tributo y homenaje a Francisco González Ledesma con este artículo de su hijo Enric González que publicamos en el número #03 de Fiat Lux y en el que recuerda su infancia en las oficinas de Bruguera donde González Ledesma pasó buena parte de su vida escribiendo decenas de novelas.

Una historia vieja en blanco y negro

Máquina de escribir y cárcel. Dibujo y crimen. Para mí, son ideas enlazadas. La niñez no es sólo la única patria posible; es también el mapa de la imaginación, la fábrica de prejuicios, la unidad de medida. Y aquellos personajes en blanco y negro, aquellos bohemios forzados tan amargos y divertidos, permanecen en el fondo de mi infancia. La vida era cárcel, fracaso y risa. Lo será siempre.
Podríamos empezar por Rafael González Martínez, nacido en 1910 en la ciudad de Burgos. Ese hombre, tío de mi padre, debió de ser joven alguna vez. Lo era, sin duda, cuando se trasladó a Barcelona para trabajar como periodista en La Noche. Y seguía siéndolo durante la guerra civil, mientras trabajaba en La Vanguardia obrerista y republicana, incautada a la familia Godó. Rafael González, con 29 años, se negó a exiliarse tras la caída de Barcelona y la victoria del franquismo. Dicen que se negó incluso a abandonar su puesto de redactor. No importó, la realidad se ocupó de abandonarle a él. Bajo amenaza de cárcel y profesionalmente represaliado, dedicó los años siguientes a la semiclandestinidad y a la venta ambulante de carbón y jabón (astuta mezcla). En 1946, cuando ingresó en la Editorial Bruguera, ya no era joven. Era un hombre frustrado, emocionalmente gélido, envuelto en un halo de amargura. Su sueño, ser escritor, estaba roto. Como él. Creo que nadie de los que trabajaron para él en las décadas siguientes fue capaz de apreciarle; quizá mi padre, Francisco González Ledesma, que le conocía de antes. A Rafael González, el tirano, el censor del lápiz rojo, el director de publicaciones de Bruguera, se le odiaba, se le temía, acaso se le respetara a veces. Pero es posible que alguno de los artistas a los que explotó percibiera alguna vez que aquel tipo taciturno, cuya presencia oscurecía por igual su hogar y su oficina, sentía una devoción profunda (y ocultísima) por la creatividad ajena.
Mi héroe personal era Víctor Mora. Por su amistad por mi padre, por sus manos gigantescas, por el Capitán Trueno y por la cárcel. El padre de Víctor Mora había sido policía de fronteras de la Generalitat republicana y en 1939 tuvo que exiliarse a Francia. Su salud se quebró en el campo de concentración francés y murió en pocos años. Víctor y su madre volvieron a Barcelona. Ella trabajó en el mercado de la Boquería y él, como aprendiz aquí y allá. Mi padre me contaba que vivían junto al Matadero, casi dentro de él, en una lucha continua contra ratas gigantescas. Fue el terrible Rafael González quien le llevó a Bruguera y le encargó los guiones del Doctor Niebla, un misterioso justiciero creado por el propio Rafael González (como Douglas L. Templewood) y continuado por mi padre. “Mora, usted tiene que ser escritor”, le dijo.
Pero Mora se hizo comunista, del PSUC, y la Brigada Político-Social del comisario Creix no tardó en detenerle. También cayó su compañera de entonces y para toda la vida, Armonía Rodríguez. Mora pasó unos meses en la cárcel. Luego, durante años, sufrió la intimidación de los registros policiales en plena madrugada. Compréndanme: el hombre al que yo más admiraba, el creador del Capitán Trueno, el tipo que alguna vez me contó antes de dormir un cuento de Goliat, había estado en la cárcel y era considerado un delincuente. Eso no se borra.
Editorial Bruguera tenía mucho que ver con la cárcel. Incluso los propietarios, gente de orden, habían sufrido detenciones tras la caída de Barcelona. El estilo empresarial de los hermanos Bruguera, Pantaleón y Francisco, que en 1940 transformaron la editorial familiar El Gato Negro en Editorial Bruguera, estaba basado en la explotación de represaliados y ex presos políticos: aceptaban trabajar más que nadie por menos que nadie. Ese mecanismo ambiguo de protección y explotación implicaba que, a veces, un miembro de la plantilla (como el propio Mora) tenía que trabajar desde una celda. Ningún problema. Otro escritor de la casa, el metódico y productivo Luis García Lecha (que firmaba sus relatos policiales como Clark Carrados o con el menos imaginativo seudónimo de Louis G. Milk) ejercía también como funcionario de prisiones en la cárcel Modelo de Barcelona, y se encargaba de recoger la producción de los autores temporalmente encarcelados.
Como su tío, Rafael González, mi padre vivió durante años en el lado oscuro. Su primera novela, Sombras viejas, ganó el Premio Internacional de Novela. Él tenía 21 años. La censura impidió que se publicara. En adelante se ganó la vida como escritor de novelas populares, bajo el seudónimo Silver Kane, y como abogado de Editorial Bruguera. Mi padre se encargaba de redactar los contratos leoninos que sometían a los autores (él incluido) y de aplastar en los tribunales a quienes intentaban rebelarse. Lo que oía en casa de niño me permitió hacerme una idea de la venalidad de los magistrados, de lo fácil que resulta ganar pleitos cuando se tiene dinero y de la enorme distancia entre lo justo y la justicia. Y me enseñó a tomármelo con humor. No había desgracia ni acontecimiento triste que no concluyera con un chiste y unas risas. Las anécdotas de Bruguera, contadas por mi padre o mi madre (a ella, secretaria y colorista de historietas, los Bruguera le robaron las cotizaciones que pagaba mensualmente y la dejaron sin pensión), eran siempre tragedias cómicas.
Nací en 1959, justo cuando fracasaba el intento de fuga de los cinco historietistas más brillantes de Bruguera. Cifré, Escobar, Peñarroya, Giner y Conti formaron una cooperativa en 1957 y lanzaron Tío Vivo, una revista estupenda. Los hermanos Bruguera, ayudados por mi tío abuelo y mi padre, presionaron a impresores y distribuidores hasta arruinar la revista de los fugitivos. Esa historia triste, sobre la que se basa el cómic El invierno del dibujante, de Paco Roca, planeó sobre mi infancia. Mezclada con otras historias, mucho menos tristes. Como las de Manuel Vázquez. Ese hombre, un historietista de genialidad ilimitada, era una fábrica de historias. Quizá les suene la película El gran Vázquez (2010), en la que Santiago Segura interpretaba al dibujante. Vázquez era un moroso vocacional, un artista del sablazo, un vago rematado, un mentiroso compulsivo, un creador absolutamente brillante. Decía pasar largas temporadas en la cárcel, por impago de facturas, aunque es probable que no la pisara nunca: eran excusas, como las tres muertes de su padre, para escaparse una temporada con alguna señora y no pegar ni golpe. Por cierto, creo que los tres presuntos entierros de su padre los pagó Editorial Bruguera, a instancias de Rafael González: el capataz amargado e implacable sentía por Vázquez, igual que por otros artistas del lápiz y la letra, un cariño profundo.
Mi padre acabó con su carrera de abogado un día de 1965. Había llevado a los tribunales a alguno de sus colegas, tal vez a la escritora Corín Tellado. Ese día regresó tarde a casa, abrió la nevera y yo me interpuse entre él y algo que había dentro. Cuenta que estuvo a punto de pegarme un puñetazo en la cabeza. Sintió que se había convertido en un monstruo y decidió cambiar su vida. Entró como periodista en prácticas en El Correo Catalán y escribió novelitas de Silver Kane cada noche, todas las noches durante muchos años, hasta cuatro novelitas mensuales, para mantener a la familia. Fue, dice, mucho más feliz.
Editorial Bruguera suspendió pagos en 1982 y el último de sus restos desapareció en 2010. Aquel grupo de autores brillantes fue muriendo. Rafael González falleció en 1995. Su hijo, del que estaba alejado, apareció asesinado en Nueva York. Un asunto mafioso, dijeron. Rafael Ramos, entonces corresponsal de La Vanguardia en Washington, tuvo la gentileza de reconocer el cadáver y firmar papeles.
Víctor Mora y mi padre siguen vivos. Yo sigo relacionando la escritura con la opresión, la desesperanza y, en ocasiones, el humor.
Fiat Lux, 2 de marzo de 2015